Por Ricardo Bustos

Milei vs Torres: EL CARÁCTER OPROBIOSO DE LAS DEUDAS

El conflicto desatado hace apenas 4 días entre las necesidades de Milei y Torres debiera trascender la mirada cortoplacista de discutir quién de los dos tiene razón y quién ganará la pulseada, para enfocarnos en reflexionar sobre el carácter oprobioso que siempre, excepto raros casos, tienen las deudas.

El conflicto desatado hace apenas 4 días entre las necesidades de Milei y Torres debiera trascender la mirada cortoplacista de discutir quién de los dos tiene razón y quién ganará la pulseada, para enfocarnos en reflexionar sobre el carácter oprobioso que siempre, excepto raros casos, tienen las deudas.

Para analizar este conflicto debemos tener muy en claro que ni el Fondo Monetario Internacional obligó a la Argentina a endeudarse como lo hizo en el pasado, ni tampoco el Fondo Fiduciario para el Desarrollo de las Provincias, creado en 1995, obligó al estado chubutense a endeudarse al día de hoy en 119 mil millones de pesos (esto último es lo que le debe Chubut a ese fondo), deuda que según reza en el contrato deberá ser cancelada en su totalidad antes de Febrero del 2025 descontándose automáticamente cada mes de la coparticipación federal de impuestos que cada día gotea al estado chubutense.

Para entender este conflicto es necesario entender las obligaciones que tienen ambos, cada uno desde un rol distinto pero que no necesariamente deben ser incompatibles al punto de pensar que o es Milei o es Torres.

La principal obligación que se ha autoimpuesto Milei desde el día uno de su gestión es aniquilar la inflación y devolverle algo de valor a la maltrecha moneda de curso legal y obligatorio que usamos los argentinos y que, inflación crónica y creciente mediante desde hace más de 70 años, nos ha empobrecido a todos logrando que al día de hoy más del 50% de los argentinos seamos pobres.

Esa es claramente la mayor obligación que se ha autoimpuesto Milei, y que está empeñado en cumplir cueste lo que cueste.

En ese objetivo, Milei ha decidido llegar a fin del 2024 a un déficit cero y una inflación más moderada de la que hoy nos destruye y empobrece. Es decir, su meta es impedir que el Banco Central de la República Argentina siga financiando al Tesoro mediante la maquinita de imprimir platita fresca y sin respaldo.

Milei prometió una motosierra para atacar el déficit que emitiendo moneda sin respaldo lo único que logra es más y más inflación, más y más pobreza.

Por su parte la principal obligación que se ha autoimpuesto el gobernador de Chubut Ignacio Torres es lograr que, por primera vez en 10 años, el servicio de educación pública dé inicio en marzo sin huelgas y se cumpla por fin con los 180 días de clases justamente reclamados por una inmensa mayoría de la sociedad de Chubut.

Para lograr este loable objetivo, Torres tiene dos desafíos por delante: Mejorar todo lo que pueda el salario de los docentes y lograr que la infraestructura escolar esté en condiciones mínimas como para no tener que suspender días de clases por roturas o falta de mantenimiento en los edificios escolares.

El objetivo de Torres solo puede lograrse si dispone de los fondos suficientes dentro de un presupuesto provincial que tiene afectado más del 80% para pagar los sueldos de los más de 64.000 empleados públicos entre activos y pasivos. Con el 20% restante, Ignacio Torres tiene que hacer funcionar el estado y seguir honrando las deudas que él no tomó pero que como responsable del Ejecutivo está obligado a cumplir.

El dolorosísimo ajuste en base a motosierra y licuadora que está haciendo Milei para lograr el equilibrio fiscal, debería haberle servido de espejo a Torres para ajustar la inmensa cantidad de gasto público improductivo del Estado chubutense, integrada por dependencias estatales no prioritarias, por empleados ñoquis, asesores y nuevos ingresos que se dieron al Estado a partir de diciembre del 2023. Nada de eso ha sucedido en estos primeros 80 días de gestión de Torres.

No voy a analizar acá la promesa del gobernador de paralizar la extracción de petróleo porque además de impracticable e ilegal, incluso de poder concretarla, solo le significaría un tiro en los pies al propio estado provincial. Téngase presente que cada día que las empresas operadoras no bombean del subsuelo, son millones de pesos que Chubut no cobra en concepto de regalías.

Hay dos caminos posibles que Torres sí tiene allanados para solucionar esta merma de ingresos a saber: Reclamar ante la justicia lo que él entiende que es un atropello por parte del gobierno de Milei (es un camino lento y con resultado incierto), o bajar la efervescencia mediática, preservar la paz social y buscar un lugar donde sentarse a dialogar mesurada y responsablemente con el gobierno nacional para dar cumplimiento a toda la documentación técnica que le fuera requerida por el ministro Francos para cancelar la actual deuda ante el Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial y de esta manera lograr la autorización del Banco Central para emitir otro bono a mejor tasa y plazo, si es que el mercado financiero lo convalida comprando esos 119 mil millones de deuda.

Téngase presente que si esta última opción se concretara, no estaríamos hablando de desactivar la bomba que significa la deuda, sino simplemente de alargar la mecha.

Tampoco son los 119 mil millones de pesos ante el Fondo Fiduciario lo único que debemos los chubutenses. Sobre nuestras espaldas también pesan los 450 millones de dólares que originalmente emitió Das Neves mediante la colocación del famoso BOCADE y que los tenedores de esos también se cobran automáticamente mediante las regalías hidrocarburíferas y la coparticipación federal de impuestos.

Ante este panorama, concluyo que no es como dicen algunos "tomar deuda no es ni bueno ni malo".

Porque la historia moderna de Chubut muestra que ni los 650 millones de dólares que emitió Das Neves, ni los 119 mil millones de pesos que le debemos al paradójicamente llamado Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial, han servido para desarrollar una provincia que luce atada con alambres y que además su dirigencia política no supo, no quiso y no pudo avanzar con la incorporación de nuevos actores de relevancia a la vida productiva de Chubut.

Hoy, como hace 50 años, seguimos viviendo de la coparticipación federal de impuestos, de las regalías hidrocarburíferas, un poco de la pesca y algo de la producción de aluminio.

Siempre es preferible ahorrar que tomar deuda. Algún día lo aprenderemos.

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