Pide justicia por su hijo caminando 400 km: lleva 5 días

Un padre pide justicia por su hijo caminando 400 kilómetros: ya lleva cinco días de caminata. Va rumbo a Casa Rosada

Guillermo Ovejero pide justicia por la muerte de su hijo. En este sentido, se embarcó en una caminata desde Santa Clara del Mar, lugar donde vive, hasta Casa Rosada. Son cerca de 400 kilómetros y ya lleva cinco días caminando.

El hombre salió a patear la ruta el 9 de julio pasado, equipado con nada más que una bolsa de dormir, una carpa, un par de baterías portátiles para el celular, algo de comida y dos mudas de ropa. Su objetivo: contar el dolor que le provoca que el automovilista condenado por atropellar y matar a su único hijo varón, “no haya pasado un solo día preso”.

Lo analizó durante meses, Ovejero. Finalmente, decidió que era hora de encarar la marcha en solitario hacia Balcarce 50, con la esperanza de completar el trayecto en unos diez días y poder contarle su historia al presidente, Alberto Fernández, o “a quien atienda en la entrada”.

Según le explicó el hombre a distintos medios que lo entrevistaron a lo largo de su travesía mientras avanzaba entre las localidades de Maipú y General Guido, todo comenzó el 27 de julio de 2017, cuando un conductor identificado como Pablo Pérez embistió la moto en la que viajaba por la ruta 11 Martín Ovejero, su hijo, de 22 años.

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Un padre camina 400 kilómetros a pie, pidiendo justicia por su hijo

En octubre de 2019, poco más de dos años después del hecho, Pérez fue condenado por el Juzgado Correccional 1 marplatense, a cargo de Jorgelina Camadro, a la pena de cuatro años y medio de prisión, por el delito de “homicidio culposo agravado”, y el padre de la víctima ha cuestionado desde entonces el fallo.

Para Ovejero no hay que buscar mucho para encontrar al culpable. Le apunta directamente al fiscal original de la causa, Pablo Cistoldi, por no pedir un cambio de calificación a “homicidio simple con dolo eventual”, y a los miembros de la Cámara de Apelaciones marplatense, porque “hasta que el fallo no esté firme, Pérez sigue libre”.

“El asesino de mi hijo no pasó un día preso. Nosotros seguimos esperando. Y a mí no me entra en la cabeza que si robás una vaca terminás en Batán, pero si cruzás una rotonda a mil por hora y matás a un joven, padre de un nene, andás por la calle como si nada”, señaló.

No lo motiva la bronca, dice. No. Lo que mueve sus pies es “el dolor por la muerte de un hijo”, y el objetivo íntimo de “aprender a vivir sin él”.

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