Comodoro Rivadavia

"Con lluvia, viento o frío igual venimos": el esfuerzo de una familia para salir adelante vendiendo tortas fritas

Carlota y Abigail trabajan cada mañana en la esquina de Alsina y Sarmiento. Preparan tortas fritas, rosquitas y panificados caseros para ayudar al sostén de su hogar.

Bajo la lluvia y protegidas apenas por nylons improvisados, Carlota y Abigail siguen trabajando cada mañana en una esquina de Comodoro Rivadavia para llevar un ingreso a su casa.

Desde hace casi cuatro meses venden tortas fritas, rosquitas, calzones rotos, pancitos con chicharrón y panificados saborizados en la intersección de Alsina y Sarmiento.

"Con lluvia, sin lluvia, con viento, sin viento, igual venimos, igual trabajamos", contó Carlota en diálogo con ABC Diario.

La mujer explicó que la estructura que utilizan para cubrirse del frío y el agua fue armada por familiares para poder continuar trabajando durante los días de mal clima.

"Mi cuñado hizo esto, el papá de ella hizo todo esto para que no pasemos tanto frío y para que no nos mojemos tanto", relató.

Aunque las jornadas lluviosas suelen ayudar a las ventas, esta vez reconocieron que el movimiento estuvo más tranquilo.

"Hoy está medio flojo. Hicimos cinco ventas recién", comentó Abigail.

El trabajo comienza de madrugada. Carlota explicó que se levanta entre la 1 y las 2 de la mañana para preparar la masa y luego vuelve a ponerse en marcha antes del amanecer.

"Me levanto a las 2 de la mañana, hago la masa y después a las 4 empiezo a estirar para tener todo listo y venir a vender", señaló.

Abigail también cumple un rol importante en la preparación de los productos y ayuda especialmente con el horno.

La venta representa una ayuda económica clave para ambas familias.

Carlota es jubilada, mientras que Abigail se encuentra desempleada y tiene un hijo pequeño.

"Es una ayuda para mí y para ella porque no tiene trabajo y tiene un bebé de cinco años que mantener", explicó.

Pese a las dificultades, destacaron que lograron sumar clientes habituales que las acompañan cada semana.

"Por suerte, dentro de todo, vendemos casi todo lo que hacemos", señalaron.

Las dos permanecen en el lugar hasta agotar la mercadería.

"Cuando uno quiere, todo se logra", resumió Carlota.

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