"El nene está en un cajón, ¿qué más pruebas necesitan?": el reclamo de justicia por el crimen de Ángel
Ezequiel, allegado a la familia paterna, denunció una cadena de negligencias en el Juzgado de Familia de Comodoro Rivadavia. El joven señaló directamente a una psicóloga del equipo técnico por la presunta alteración de informes que facilitaron la entrega del menor a su madre biológica, hoy principal sospechosa del crimen.
Mientras el cortejo fúnebre se preparaba para la partida hacia el cementerio, Ezequiel, sobrino de Lorena (la madre de crianza del niño), rompió el silencio con un testimonio crudo que pone bajo la lupa el accionar de la Justicia de Chubut y del equipo técnico del Juzgado de Familia.
"No sé qué más hay que esperar para que salga la orden de detención", cuestionó Ezequiel ante los medios. Según relató, el cuerpo del niño presentaba golpes internos constatados en las primeras pericias, evidencias que para la familia son contundentes: "Está a la vista de todos que ellos fueron los que realmente mataron al niño".
El foco en el Juzgado de Familia y la psicóloga interviniente
El testimonio de la familia es unánime al señalar a los responsables indirectos de la tragedia: los funcionarios judiciales que decidieron quitarle la tenencia al padre para entregárselo a su madre biológica, quien -según denuncian- lo había abandonado cuando era un bebé.
Ezequiel identificó con nombre y apellido a la psicóloga Jennifer Leiva como una de las figuras clave en el desenlace fatal. "Es la psicóloga que creo que alteró los informes para darle la tenencia a la madre. Junto a Verónica Roldán y el juez Pérez, son los primeros responsables de la muerte de Ángel porque ellos le entregaron al nene", sentenció.
Incluso denunció que, mientras Ángel agonizaba en coma en el hospital, la profesional habría intentado bloquear el acceso de la familia paterna. "Se encontraba en la puerta de la sala prohibiéndole el ingreso al papá, diciéndole que no éramos quién para entrar. Cuando le dijimos que ya estaba la denuncia penal y venía el cuerpo forense, se puso nerviosa y se esfumó", relató.
Tres meses de calvario y "castigos"
Durante los escasos tres meses que Ángel vivió con su madre biológica y su pareja, los testimonios de vecinos y allegados pintan un cuadro de horror. Según Ezequiel, el niño asistía al jardín con hambre, sucio y con la misma ropa durante semanas.
"Hay testimonios de vecinos que dicen que de castigo lo dejaban en las noches afuera, llorando en los rincones. Llegaba golpeado al jardín y la madre biológica no permitía que le dieran información a mi tía, que lo buscó por todos lados", detalló. También se mencionó un episodio reciente donde el pequeño habría sido obligado a permanecer en una pileta con bajas temperaturas como "penitencia" por portarse mal.








