"Parecía que se venía la casa abajo": vecinos asistieron a una madre y su hija tras perder el techo por el temporal
Romina Barrionuevo, vecina del edificio afectado en el 30 de Octubre, relató cómo vivió el temporal junto a su hija, la ayuda que recibieron de los vecinos y la falta de soluciones concretas por parte del IPB y el municipio. Ahora deberán esperar al menos diez días para saber si se aprobará la reparación del techo.
La vecina Romina Barrionuevo contó a ABC Diario la incertidumbre que atraviesa desde el temporal que destruyó el techo de su departamento en el barrio 30 de Octubre. Durante la última reunión, explicó que sólo les informaron que un equipo inspeccionó la estructura y pasó un presupuesto, pero que deberán esperar "de acá a 10 días" para saber si reciben el visto bueno para avanzar con las reparaciones.
Mientras tanto, los propios vecinos tuvieron que intervenir para evitar daños mayores ante el pronóstico de lluvia. "Vinieron con taladros, sus escaleras... los mismos vecinos pusieron el nylon", relató. Aun así, el agua ingresó por distintos sectores de la vivienda: "Nos entró bastante agua. En el lavadero entró igual, la pared está igual, tuve que poner una olla porque estaba entrando por todos lados".
Barrionuevo aseguró que, más allá de las muestras de solidaridad entre vecinos, no recibieron ningún tipo de acompañamiento institucional. "Lo único fueron llamados de los mismos vecinos, siempre dando una mano. Pero después de nadie más", remarcó.
El día del temporal fue especialmente angustiante para ella y su hija Nayara. "Fue desesperante por mi nena, porque estaba muy asustada y parecía que se nos venía la casa abajo", recordó. La violencia del viento provocó incluso que las paredes parecieran abrirse. "Se movía para todos lados. Y cuando abrimos la puerta ya no había techo, estaba todo tirado en el palier".
Ante el riesgo, madre e hija abandonaron el departamento esa noche: "Agarramos un poco de ropa y nos fuimos". Sin embargo, debieron regresar al día siguiente por sus obligaciones y pertenencias: "Hay que ir a trabajar. Nayara tiene que ir a la escuela y nuestras cosas seguían acá".
Como ocurrió con otras familias del edificio, tampoco se alejaron de la vivienda por temor a robos. "Ninguno de los vecinos quiso dejar su departamento por lo mismo. Nadie quiere que uno le toque sus cosas", explicó.







