Derrumbe automotriz: la producción cayó un 30% y se profundiza el esquema de suspensiones
Los datos de ADEFA confirman un primer bimestre negro para el sector. Con plantas paralizadas y exportaciones en retroceso, las terminales locales enfrentan una crisis de competitividad que pone en jaque la estabilidad laboral.
La industria automotriz argentina, históricamente uno de los pilares del Producto Bruto Interno (PBI) industrial, atraviesa un inicio de año dramático. Según el último informe de la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), la producción de vehículos se desplomó un 30,1% en febrero en comparación con el mismo mes del año anterior, consolidando una tendencia de "caída libre" que ya se había manifestado en enero.
Los números de la crisis
Durante el segundo mes de 2026, las terminales locales fabricaron 29.632 unidades. Si bien la cifra representa un repunte técnico del 41,1% respecto a un enero virtualmente paralizado por vacaciones y paradas de planta, la comparación interanual revela la magnitud del retroceso: en el acumulado del primer bimestre, la fabricación cayó un 30,1% respecto al mismo periodo de 2025.
El frente externo tampoco ofrece alivio. Las exportaciones, el principal motor de la industria local, sufrieron un recorte del 28,9% interanual. Aunque el sector logró enviar al exterior casi el 54% de su producción mensual, el saldo del bimestre arroja una pérdida de competitividad que se traduce en un saldo negativo del 23,4% en envíos internacionales.
Frenos de planta y conflicto social
La frialdad de los números tiene un correlato directo en las fábricas. La situación ha forzado a las grandes compañías a reestructurar sus esquemas de trabajo:
Stellantis: La firma que nuclea a marcas como Peugeot, Fiat y Citroën debió paralizar su planta de El Palomar por dos semanas debido a la acumulación de stock y la caída de demanda.
General Motors: Confirmó que extenderá durante todo 2026 el esquema de suspensiones iniciado el año pasado en su planta de Alvear.
Ford: La histórica terminal de Pacheco mantiene una tensa vigilancia sobre sus niveles de actividad, con la amenaza latente de ajustes estructurales.
El reclamo por competitividad
Desde ADEFA, el discurso oficial intenta mantener un equilibrio diplomático con el Gobierno Nacional, aunque la urgencia es evidente. Rodrigo Pérez Graziano, presidente de la entidad, subrayó la necesidad de avanzar en "mejoras estructurales que acompañen la evolución de la competitividad".
Detrás de este lenguaje corporativo se esconde la preocupación por la carga impositiva, los costos logísticos y la incertidumbre macroeconómica que, hoy por hoy, hacen que producir un vehículo en Argentina sea significativamente más costoso que en otros mercados de la región. Mientras tanto, el sector trabajador permanece en alerta máxima ante la posibilidad de que las suspensiones temporales se transformen en despidos definitivos.
Con información de La Política Online







