YPF en modo liquidación: crecen las críticas a Marín por deuda, ventas y números en rojo
La compañía aumentó su endeudamiento, vendió activos clave y dejó a Chubut golpeada con pymes en crisis y despidos en la región. El discurso de Horacio Marín empieza a crujir.
La gestión de Horacio Marín en YPF atraviesa un momento de fuerte controversia. Lejos del relato oficial de ordenamiento y foco en Vaca Muerta, crecen las críticas por el deterioro de los números financieros, la venta de activos estratégicos y un proceso de desinversión que deja consecuencias económicas y sociales, especialmente en Chubut. Los resultados recientes de la empresa de mayoría estatal -termino que el exdirectivo del Grupo Techint odia que se utilice en los medios de comunicación o cuando él está presente- muestran un escenario complejo.
En los últimos trimestres, la deuda volvió a crecer con fuerza y los balances registraron pérdidas, aun en períodos con elevados niveles de facturación. La explicación oficial atribuyó estos resultados a "efectos transitorios", pero los números duros muestran un cuadro más estructural. Tal como viene informando ABCDiario, durante 2025, YPF acumuló flujos de caja negativos y un aumento sostenido del endeudamiento. A esto se sumaron fuertes desembolsos por indemnizaciones vinculadas a la salida de áreas maduras y una desvalorización contable de activos que, luego, fueron puestos en venta.
Un plan lejos de marcar un horizonte
La primera medida que tomó Marín cuando asumió YPF fue impulsar el Proyecto Andes, una medida que pretendía generar una sinergia en la industria petrolera para que la compañía se desprenda de los "activos menos rentables" y darle paso a players más pequeños.
Desde su presentación, la medida generó un fuerte rechazo en sectores productivos y sindicales. El panorama no cambió y el proyecto avanzó con complicidad de las autoridades de turno.
La primera gran venta de activos (el clúster El Trébol - Escalante) de YPF se realizó en Chubut y dejó un saldo negativo: despidos, cierre de empresas de servicios y una fuerte caída de los ingresos provinciales, que derivó en un efecto colateral en las arcas municipales. El retiro de la empresa estatal provocó un impacto directo sobre las pymes locales, muchas de las cuales quedaron al borde del quiebre.
El último foco de cuestionamientos fue poner el cartel de venta a una de las "joyas" del portafolio de YPF: Manantiales Behr. La decisión de desprenderse del mítico bloque de la Cuenca del Golfo San Jorge, según los actores de la industria, establece una política de desinversión que prioriza el corto plazo por sobre la integración del negocio.
Manantiales Behr no es un campo menor: es uno de los principales productores de petróleo convencional en la cuenca del Golfo San Jorge, con miles de barriles diarios y una trayectoria histórica para la economía regional. Sin embargo, la decisión de YPF de desprenderse de este activo en el marco del Proyecto Andes es interpretada por trabajadores y analistas como una venta de activos estratégicos sin un beneficio claro para Chubut.
Chubut: despidos, pymes y fracturas sociales
El impacto de estas decisiones se observa de manera más cruda en la economía regional. El cierre de operaciones y la venta de campos han precipitado despidos masivos y la caída de la actividad de pymes proveedoras que dependían de YPF y sus contratistas para sobrevivir. Los gremios coinciden que miles de trabajadores se quedaron sin empleo y que el ecosistema productivo está al borde del quiebre, con talleres, comercios y servicios seriamente afectados.
La salida de YPF del territorio no solo representa una pérdida de ingresos directos, sino que también profundiza un ciclo de precarización económico-social que la provincia ya enfrenta desde hace años. Para muchos, la gestión no solo ha desprendido activos históricos sino que también ha descuidado las consecuencias estructurales de esas desinversiones.
Un punto particularmente álgido ha sido la sensación de falta de transparencia. En lo que ya fue definido como una controversia interna, trascendió que el directorio de YPF aprobó la venta de Manantiales Behr a una empresa con antecedentes cuestionados, pero no comunicó el hecho como Hecho Relevante ante la CNV ni a mercados internacionales como exige la normativa. Ese vacío informativo despierta sospechas sobre las prácticas corporativas bajo la gestión de Marín.
Este tipo de movimientos ha generado desconfianza entre inversores, sindicatos y analistas, que ven en la venta de activos convencionales -y la forma en que se están llevando a cabo- un modelo que prioriza la rentabilidad financiera y la reorganización del portafolio por sobre la sustentabilidad regional.
La sospechosa creación de compradores
Otra arista controversial es el surgimiento de empresas que parecen haber sido creadas o impulsadas precisamente para participar de estas ventas de activos. Un ejemplo señalado por críticos es la aparición de firmas vinculadas a actores políticos y económicos con conexiones previas al sector, lo que alimenta sospechas de favorecimientos o de adjudicaciones poco claras en procesos que deberían ser competitivos y transparentes. Estas críticas no se limitan a Chubut, sino que se extienden a otras provincias donde YPF avanzó con la cesión de campos tradicionales, lo cual para muchos representa un abandono de la producción petrolera convencional en favor de apuestas más riesgosas a corto plazo.
Ventas sin sustento
El proceso de desinversión de YPF no se limita a Manantiales Behr. YPF también aprobó la venta de Profertil, el complejo de fertilizantes en Bahía Blanca, al vender el 50% de su participación en esa empresa por más de 635 millones de dólares, en una operación comunicada pero con cuestionamientos respecto de la transparencia y de sus efectos en la industria local.
En paralelo, Marín confirmó la disposición de vender Metrogas, la mayor distribuidora de gas natural del país, como parte de la reconfiguración del portafolio de la petrolera.
Profertil y Metrogas no solo eran activos productivos, sino que aportaban EBITDA positivo y estabilidad a los balances. La decisión de desprenderse de esas participaciones implicó resignar ingresos genuinos para cubrir pérdidas operativas y necesidades financieras inmediatas.
Hamburguesas sin gas
En este contexto, la frase del propio Marín "gané más vendiendo hamburguesas que petróleo" caló hondo en el sector energético. La declaración, que buscaba resaltar el crecimiento de los servicios de estaciones YPF Full, fue interpretada por críticos como un desvío de foco de la gestión, que parece más preocupada por merchandising o servicios periféricos que por la producción energética real y la estabilidad de un gigante estatal. Este tipo de posicionamientos, lejos de aportar certezas, profundizan la frustración de trabajadores y sectores productivos que sienten que la empresa ha perdido su rumbo.
Las críticas no se limitan al plano financiero. También alcanzan la conducción estratégica. La salida de socios internacionales clave en proyectos de GNL, los cambios de rumbo y la falta de definiciones claras debilitan la posición de YPF en un negocio donde la escala y la credibilidad son determinantes.
Con una deuda en aumento, activos vendidos y resultados negativos, el debate sobre el rumbo de YPF vuelve al centro de la escena. La pregunta que sobrevuela al sector es si la compañía está siendo gestionada como una herramienta estratégica del Estado o como un activo de corto plazo, donde se venden las "joyas de la abuela" para sostener un relato que, cada vez más, muestra grietas.






