Viaje

28 años caminando sin parar: la épica travesía de Karl Bushby que empezó en la Patagonia y terminó en el abrazo de su madre

Cruzó cuatro continentes a pie, atravesó selvas impenetrables, sobrevivió a detenciones a punta de pistola y cruzó el Canal de la Mancha nadando. A los 56 años, el aventurero británico cumplió su promesa de no usar ningún medio de transporte y llegó finalmente a casa.

¿Dónde termina una caminata de casi 50.000 kilómetros? Para el británico Karl Bushby, la respuesta no está en un mapa, sino en el jardín de su madre, adornado con banderines británicos y un cartel de bienvenida. Tras 28 años de travesía, este exparacaidista de 56 años puso fin a la caminata más asombrosa del siglo XXI, una aventura que comenzó en noviembre de 1998 en Punta Arenas, Chile, y que se propuso una regla inquebrantable: jamás utilizar un vehículo motorizado, avión o barco, y no pisar suelo británico hasta el último segundo.

El lunes, una multitud lo recibió en el centro de Hull, la ciudad portuaria en la costa este de Inglaterra que lo vio partir hace casi tres décadas. A su lado caminaba su fiel e inseparable escudero: un carrito de golf modificado donde cargaba su tienda de campaña, provisiones y una rueda de repuesto que, fiel a su destino, ya nunca más tendrá que usar.

Una odisea contra todos los pronósticos

El viaje de Bushby parecía una locura desde el principio, inspirado por el sueño de su padre de recorrer a pie el trayecto entre Londres y Nueva York. Con una cámara barata, unos pocos dólares y una mochila, partió desde el fin del mundo en la Patagonia chilena, abriéndose paso hacia el norte.

En su camino tuvo que enfrentar los paisajes más inhóspitos del planeta:

La temida selva del Darién, entre Colombia y Panamá, famosa por su peligrosidad y aislamiento.

El estrecho de Bering, el cual cruzó a pie sobre el hielo en marzo de 2006 para conectar América con Asia.

Las estepas de Mongolia y los desiertos de China, lidiando con meses de una monotonía "alucinante".

Pero los mayores obstáculos no fueron geográficos, sino burocráticos y geopolíticos. Bushby sufrió un breve encarcelamiento en Panamá, fue retenido a punta de pistola en México, arrestado en Rusia por cruzar la frontera de forma ilegal, y tuvo que capear crisis económicas globales y la pandemia de COVID-19. De los 28 años transcurridos, pasó cerca de 15 en movimiento constante; el resto lo dedicó a sortear visados, trabas diplomáticas y conseguir patrocinios, obligándolo a bromear sobre lo que significa una expedición moderna: "La mitad de esto consiste en lidiar con problemas burocráticos y esperar".

Reglas estrictas y reencuentros largamente esperados

Las estrictas normas que se impuso tuvieron un costo personal altísimo. Al prohibirse subirse a cualquier medio de transporte, no pudo regresar al Reino Unido para ver crecer a sus seres queridos. Esto significó pasar décadas sin poder visitar de manera regular a su familia y conocer por primera vez a su nieta de 12 años, quien lo aguardaba emocionada junto a su madre, Angela, y su hijo de 36 años.

Para cumplir con la última y más dura de sus reglas -llegar a su isla natal estrictamente por sus propios medios-, Bushby protagonizó su último gran desafío físico el pasado mes de octubre: cruzó a nado el Canal de la Mancha.

El próximo paso

La llegada de este héroe moderno no pasó desapercibida. Incluso el renombrado documentalista Werner Herzog estuvo presente para recibirlo en Hull, ya que se encuentra trabajando en un largometraje documental que inmortalizará la titánica hazaña de Bushby. Además, el aventurero planea escribir un libro y realizar una gira de conferencias.

Con la cabeza aún nublada por la emoción del recibimiento y la magnitud de lo logrado, Bushby intentaba procesar el final de su camino: "Es difícil explicar cómo se ha sentido todo esto hoy. Por ahora, todo sigue siendo un gran enredo borroso en mi cabeza", expresó ante los medios.

Una cosa es segura: tras casi tres décadas dando la vuelta al mundo a puro músculo, sudor y resiliencia, Karl Bushby finalmente está en casa.

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