"Alquila una abuela", el fenómeno que tarifa el cuidado hogareño y expone el descarte de las mujeres mayores de 50 años
La iniciativa que conecta a mujeres mayores de 50 años con familias que buscan cuidados hogareños se vuelve viral, dejando al descubierto una alarmante realidad: la necesidad urgente de ingresos y la falta de contención estatal para la tercera edad.
En una sociedad donde cumplir medio siglo de vida suele significar la expulsión del circuito productivo y donde los ingresos de la tercera edad apenas alcanzan para cubrir las necesidades básicas, las fronteras entre el afecto familiar y la supervivencia económica se vuelven cada vez más difusas. La reciente repercusión de "Alquila una Abuela", una iniciativa argentina ideada por una emprendedora llamada Valeria, encendió las luces de alerta sobre una problemática estructural. Lo que se presenta como una propuesta cargada de calidez y "vínculos intergeneracionales" expone, en su reverso, la desprotección y la invisibilidad de una franja etaria que se ve obligada a comercializar su experiencia hogareña para subsistir.
El sistema funciona a través de búsquedas personalizadas que conectan a familias necesitadas de apoyo doméstico con mujeres mayores de 50 años. El objetivo explícito es ofrecer a los niños una figura de cuidado similar a la de una abuela real para tareas como el retiro escolar o la preparación de comidas. Sin embargo, detrás del relato de la contención emocional, asoma la cruda realidad de un mercado laboral que descarta a sus trabajadores maduros.
Un proyecto que nace del descarte del sistema
La génesis de esta iniciativa parte de una vivencia personal que refleja un drama social masivo. Según relató su fundadora, el motor del proyecto fue la historia de su propia madre:
"Pasado los 50 dejas de ser parte del sistema, mi mamá se empezó a bajonear, a deprimir, no tenés trabajo, no tenés proyectos", confesó Valeria, detallando el impacto emocional y material que produce la exclusión laboral en esta etapa de la vida.
Aprovechando su experiencia de 15 años en la búsqueda de niñeras pedagógicas, decidió estructurar una base de datos a partir de las señales que recibía de su entorno. Las propias familias comenzaron a demandarle un perfil diferente: "¿Vale, no tenés una persona más 50, tal vez que retire a los chicos del colegio o que los espere con la comida, que vuelvan los juegos de mesa?". Así cobró forma este sistema de vinculación institucional que hoy busca canalizar esa demanda.
El perfil de las postulantes y las dudas sobre la precarización
Uno de los puntos más agudos del fenómeno es el perfil socio-profesional de quienes completan los formularios con la esperanza de ser llamadas. Lejos de responder únicamente a un deseo de esparcimiento, la plataforma se ha transformado en un refugio ante la desocupación. Entre las postulantes hay coaches, masajistas, terapeutas de reiki e incluso psicólogas sociales y profesoras de nivel inicial jubiladas que manifiestan haber encontrado una "luz en el camino" ante la falta de oportunidades económicas.
El acuerdo económico, no obstante, devuelve el proyecto al terreno de la precarización que afecta a los sectores de cuidado. Al ser consultada sobre los costos de contratar el servicio, la coordinadora aclaró su rol:
"En realidad yo soy intermediaria. El empleador de la abuela es la familia y depende mucho la cantidad de días y horas".
Asimismo, se explicó que los contratos se basan en las pretensiones salariales de las mujeres y en las normativas legales vigentes en el país, las cuales se rigen por el nomenclador básico para cuidadoras de niños, una categoría laboral históricamente caracterizada por ingresos mínimos y altos índices de informalidad.
De la valoración social al catálogo de servicios
La propuesta no está exenta de controversias éticas. Durante la presentación del proyecto, se planteó el interrogante de si este formato de base de datos no corre el riesgo de transformarse en una suerte de "selección por catálogo" sujeta a los caprichos o exigencias discriminatorias de los empleadores. Ante esto, la fundadora defendió el procedimiento afirmando que siguen "todo un protocolo de selección, se chequean referencias, entrevistas virtuales, después presenciales" para evaluar el perfil y resguardar la seguridad del proceso.
En última instancia, "Alquila una Abuela" -que ya evalúa expandirse hacia la incorporación de "abuelitos"- funciona como un espejo incómodo de la realidad argentina. Mientras la iniciativa busca legítimamente "cambiar ese mito de que pasado cierta edad no servís", también deja en evidencia que el amor, la paciencia y los saberes de la madurez terminan siendo tasados por hora ante la falta de políticas públicas que garanticen una vejez digna y verdaderamente valorada.
Con información de A24.