Cuando tres pueden más que muchos tantos
Análisis de Saúl Gherscovici.
No hay caso. Lo que Milei no puede por el Congreso, lo puede por la Corte Suprema de Justicia, que este martes terminó avalando la extranjerización de tierras, esa que se había frenado gracias al trapo de Malvinas que, desde las tribunas del Mercedes Benz Stadium de Atlanta, llegó a manos de los jugadores de la selección argentina y desde allí al mundo y con fuerza al Senado, que al día siguiente debió archivar su tratamiento.
No solo es increíble que los tres jueces (Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti) hayan resuelto en clara oposición al sentimiento y reacción que el pueblo argentino tuvo a través de esa sábana de hotel, reconvertida en paño histórico. También es increíble y sugestivo que el daño que la Corte puede provocar ahora, con su fallo indirecto, es peor que el que se impulsaba con la ley que finalmente el Senado, ante el resurgimiento del sentimiento malvinero, tuvo que dejar en espera.
Hacer el daño sin fallar sobre el fondo
Los jueces, por otro lado, no defienden sus fallos ni los sustentan. En una clara señal de lavarse las manos, como cuando Poncio Pilato obró como juez y condenó indirectamente a Jesús, aclaran que no opinaron aún sobre la cuestión de fondo, sino que solamente revocaron la declaración de inconstitucional del artículo 154 del decreto 70, al no considerar al Centro de Ex Combatientes de las Islas Malvinas de La Plata (CECIM) como parte legítima de promover la demanda.
El problema es que, sin haber abordado la cuestión de fondo, la Corte dejó vigente el hasta el martes inconstitucional artículo, que es el que elimina los límites para la compra de campos y propiedades rurales por parte de personas, empresas extranjeras y hasta de países extranjeros. El remedio, en consecuencia, es peor que la enfermedad, ya que con su resolución la Corte eliminó: el tope del 15% de titularidad extranjera sobre la superficie total del territorio nacional, provincial o departamental, el cupo por nacionalidad del 30%, el límite de la zona núcleo (1000 hectáreas) para extranjeros de zonas productivas, y la prohibición de que se compren tierras que contengan o limiten con grandes cuerpos de agua permanentes o que se ubiquen en zonas de frontera estratégicas.
Estos mismos jueces, que se toman tiempo para analizar temas urgentes que afectan a los argentinos, ligeramente y sin abordar la cuestión de fondo le entregaron al gobierno de Javier Milei lo que el pueblo frenó en el Congreso, al que tampoco la Corte defiende cuando este mismo gobierno incumple con las leyes sancionadas, entre ellas Financiamiento Universitario, emergencia pediátrica y discapacidad.
Esta insólita e inesperada jugada de la Corte se da luego del nuevo viaje a Estados Unidos del presidente, que ahora está en París, en el que volvió a evidenciar de que va a contramano del mundo, abrazando al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, y ofreciendo una nueva actitud servil ante el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien, luego de usarlo con la cuestión Malvinas, lo dejó solo, sin bilateral, y sin estos "tuit" impresos y fibrones de regalo, que Milei celebra cual adolescente que logra sacarse una foto con su estrella de rock favorita.
Un decreto sin tratamiento
Ayer mismo, la Cámara de Diputados, comenzó a analizar el nuevo escenario que plantea el fallo de la Corte. Más allá de la reacción de Grabois, ante la provocación del diputado nacional de LLA por Santa Cruz, Jairo Guzmán, la oposición adelantó que hará un intento para derribar el Decreto 270 del 2023 que, hay que recordar, no está vigente por respaldo del Congreso, sino que entró en vigencia de manera automática, pese al rechazo que recibió del Senado, la única Cámara que lo trató.
Los diputados de la oposición, concientes de que no tenían el número suficiente para tratarlo, decidieron en su momento no hacerlo. A esta altura, aunque tampoco se tenga esa mayoría, es indispensable que la Cámara lo trate ya que, si no puede rechazarse, al menos su tratamiento servirá para saber quién está a favor de la patria que, si bien no es solo el suelo, empieza con la tierra, esa que ahora se posibilita extranjerizar sin límite alguno.
En una de sus tantas célebres canciones, León Gieco pide que "si un traidor puede más que unos cuantos, que esos cuentos no lo olviden fácilmente". Es importante entonces -ante la imposibilidad de recordar a centenar de diputados y senadores, que al menos no nos olvidemos que la Corte está integrada por Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, la cúspide de nuestro sistema que se define como Representativa, Republicana y Federal pero que, de Milei para acá, se transformó en otra cosa muy distinta y muy poco democrática.