Política

De mal en peor

Análisis de Saúl Gherscovici.

El presidente Javier Milei está concluyendo su tercer viaje a Israel, donde intercaló papelones personales, de esos que dan vergüenza ajena pero que nos arrastran a todos por su investidura, con gestos y declaraciones que vuelven a comprometer a la Argentina en una situación no solo innecesaria sino también peligrosa y bochornosa.

La alineación automática de Milei con Estados Unidos e Israel no debe sorprendernos ya que es aún más manifiesta y constante que aquellas "relaciones carnales" que, con dureza y de manera explícita, definió el entonces presidente Carlos Menem a su sojuzgamiento total al principal país de Norte América. La diferencia es que en aquellos momentos, y esto no es una justificación sino una descripción, Estados Unidos aún era la principal potencia del mundo y su preeminencia se daba casi por descontada con la apertura de la globalización. Ahora, el país conducido por Donald Trump no solo está en declive manifiesto y constante, sino que parece condenado a sobreactuar para intentar demostrar que compite de igual a igual con China. La alineación de Milei con Israel es aún más inexplicable y ofensiva, ya que su primer ministro, Benjamín Netanyahu fue declarado por la comunidad internacional como genocida por su plan de extermino en Gaza y su ataque a Irán, donde Estados Unidos más que su aliado parece su subordinado.

En ese contexto es en el que Milei llegó a Israel para bromear ante cámaras con ese primer ministro por la no tan coincidencia de utilizar el mismo color de corbata, reaccionar como un niño de cinco años cuando en un acto le regalan un avioncito de El Al, cantar desafinada y estentóreamente Libre en un ensayo (donde incluso quiso sacarlo un guardia de seguridad del escenario), y recibir distinciones y doctorados tan discutibles como insignificantes.

El problema no son esos papelones, que igual nos dejan mal parados a todos los argentinos, sino sus declaraciones y sus actos, entre ellos la ratificación en su boca del discurso y la acción de Netanyahu y Trump de librar una guerra de exterminio contra el Islam, como si estuviéramos en las épocas de las cruzadas, y metiendo a Argentina en una guerra que, por más que los fanáticos libertarios sigan repitiendo lo contrario, no es la nuestra y de ninguna manera el presidente podría habernos metido en ella sin una definición del Congreso de la Nación.

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Mientras Milei y su hermana siguen de viaje, "con la nuestra", como decía una influencer libertaria en su momento, aquí en la Argentina los efectos de su plan económico se agravan con: cierres diarios de industrias y comercios (algo que hace tiempo ya se ve en Comodoro Rivadavia), pérdida de empleos y del poder adquisitivo de los que aún tienen trabajo, y con la continuidad de una motosierra que, lejos de apagarse parece haberse revitalizado, tal vez para con otro tipo de acciones y sufrimientos tapar los efectos que en el gobierno provocó el claro enriquecimiento del jefe de gabinete, Manuel Adorni, que pasó de boconear y correr dialécticamente a los periodistas y a todo el mundo, a permanecer en un silencio que habla por sí solo.

El plan de la motosierra, mezclado con la generación de hechos para generar bronca y protestas por otras razones, incluye la casi anulación total de los derechos y apoyos del Estado a las personas con discapacidad una manera, como está haciendo con el Fondo de Financiamiento Universitario de no cumplir con las leyes aprobadas e insistidas por el Congreso, la eliminación de las PASO y otra serie de elementos con los que se busca desviar la atención y discusión algo que, hasta el caso Adorni, el gobierno había logrado en estos casi dos años y medio.

Lo cierto es que Milei va de mal en peor, no solo por sus acciones, sino porque las mismas ya son observadas con recelo y rechazo por gran parte de la población esa que, segunda vuelta mediante, le permitió ser presidente y seguir siendo apoyado pese a los claros efectos negativos que, de inmediato y reiterando lo que pasó con el ya aplicado en la dictadura, el gobierno de la alianza y Macri, generó para el empleo, la industria, el consumo y los derechos sociales de los y las argentinas.

Un rechazo que crece

Las encuestas muestran que Milei, por ejemplo, ya tiene la desaprobación de 7 de cada 10 argentinos, digamos o sea el 70%, en tanto que los que se muestran conformes con el plan y la dirección en la que va del país cayó del 33 al 28%, una caída de duros cinco puntos de acuerdo al mismo trabajo estadístico realizado por el Laboratorio y Observatorio de la Opinión Pública (LOOP) de la Universidad de San Andrés.

La aprobación de su gestión quedó solo reducida al 36% de la población, mientras que la desaprobación trepó al 61%. Para Milei la situación se agrava porque no solo es su gestión la que cae, sino su propia imagen. La consultora Opina Argentina lo ubicaba hasta meses atrás con una aceptación positiva del 48% de la población. Ese lugar más alto entre los políticos se desplomó, con una pérdida de 13 puntos, al quinto, detrás de Axel Kicillof y Myriam Bregman con el 44%, Cristina Fernández de Kirchner desde su balcón de San José 1111 con el 39%, porcentaje compartido con la senadora Patricia Bullrich.

La caída del plan económico, del cual ya se despegan hasta sus creadores o inspiradores, más el caso Adorni no solo hicieron perder imagen a Milei sino que determinó que aquellos que parecían ya retirados de la escena y eventuales candidaturas políticas, como Mauricio Macri Sergio Massa, con una imagen apenas inferior en 2 puntos que la del presidente en ejercicio, vuelvan al ruedo y comiencen a recorrer escenarios y el país de caras a unas elecciones que, con o sin PASO, ya se dan por hecho tan adelantadas como lo determine la marcha de un plan y un gobierno que, más allá de los relatos, no está "condenado al éxito", como definió el entonces presidente interino Eduardo Duhalde, sino al fracaso más estrepitoso y doloroso del que, sacando la dictadura, se tengan recuerdos en esta bendita pero sufrida República Argentina.

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