El otro mundial
Análisis de Saul Gherscovici.
El mundial de fútbol es la cita más esperada por millones de personas, algunas de las cuales programan su vida para durante esos días, en este caso 39, no perderse nada de lo que sucede en esa "cita universal", en los que la intención original era que el mundo pare un poco la pelota diaria para distenderse y encontrar algo de alegría a través del juego más hermoso del mundo y alrededores.
Este no es un mundial más. Primero porque se juega en tres países, uno de los cuales comenzó el evento aún en guerra invasiva a Irán y amenazando y agrediendo al resto, ya sea con bloqueos como los que lleva adelante contra Cuba o aumentos unilaterales de aranceles, como dispuso aplicarle de un día para el otro a Brasil, y segundo por las "innovaciones" que -en función del consumo norteamericano- la FIFA dispuso implementar.
La más destacada de esas condiciones son los tiempos de hidratación, que no fueron pensados para que los jugadores recuperen energía, sino para que en estos 6 minutos, tres por tiempo de juego, los anunciantes facturen a más no poder. Con estas pausas se pierde el foco del deporte, que es cierto que puede readaptarse a los tiempos que corren pero, de ninguna manera, debería perder su esencia. Por si no lo saben en la final, tendremos un entretiempo que superará los 30 minutos, para que el público "disfrute" de Madonna y Shakira, entre otros/as. Cuando llegue ese momento, y ojalá que sea con Argentina en la final, no digan que no se los adelantamos.
En el país de la libertad
Como dijimos cuando establecimos el orden de los puntos para señalar que no es un mundial más, lo siniestro no es que la FIFA le siga buscado sacar más rédito a todo lo que genera la pelota, sino que haya aceptado no solo que el mundial se juegue en un país que, si fuera otro, ya le hubiesen sacado la franquicia, sino también las restricciones internas y de control que Estados Unidos tiene para con quienes, desde cualquier parte del mundo, quiere ser parte de algo que es esperado durante cuatro años y en algunos casos durante toda la vida.
El fuerte control que Estados Unidos tiene siempre, pero más en la administración Trump, sobre los inmigrantes se ha incrementado para el mundial, que ya batió el récord de deportados, entre ellos algunos casos realmente increíbles como el del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, a quien le rechazaron el ingreso por presuntos vínculos con organizaciones terroristas. Omar se había preparado toda su vida para cumplir el sueño, tenía el aval de su país y el de la FIFA, que no hizo nada para revertir la situación.
En el autodenominado país de la libertad hay prohibiciones claras para los influencers o creadores de contenido, a quienes también pueden deportar y cancelar visas, y se somete a controles casi presidiarios a selecciones, como las de Irán y Uruguay. La delegación del país asiático, pese a jugar sus partidos en Estados Unidos, no puede hacer base en ese país, sino que debe dormir y entrenar en México, viajar en el día al estadio que les toque, y regresar inmediatamente a tierra azteca una vez terminado el cotejo.
La selección de Marcelo Bielsa fue sometida a un exhaustivo e intenso control de seguridad por parte de las autoridades estadounidenses previo a su debut con Arabia Saudita. El operativo incluyó la revisión de equipajes uno por uno y el uso de perros detectores.
Más cruel no se consigue
El colmo de la hipocresía lo protagonizó el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien apenas terminado el empate con Nueva Zelanda, bajó al vestuario iraní para agradecer el esfuerzo y valentía de los jugadores. Para completar el combo de mal gusto, el mandamás de la organización comercial más grande del mundo, al menos de las legales, se ofreció en tono de broma a jugar de delantero si es que perdían uno, ya sea -suponemos que pensó el calvo dirigente- por una redada migratoria o por si este tenía alguna afectación por un ataque estadounidense en medio del proceso de rendición, que Trump disfraza como de éxito bélico, que no es tal.
Aseguran que, ante la cruel broma, el DT iraní, Amir Ghalenoei le recriminó en la cara que Irán es la selección "más oprimida de la historia de los Mundiales", cosa absolutamente cierta ya que, al obligado viaje de ida y vuelta diario para disputar el partido, se suman los controles y hasta el hecho de que algunos de los integrantes del cuerpo técnico no lograron ingresar a Estados Unidos, y tuvieron que volverse a México, para con suerte ver los partidos de la selección que integran por televisión.
Minab
Como muchas veces o siempre pasa, la verdad de las cosas, está en las tribunas, y allí respondió Irán. Durante el partido contra Nueva Zelanda, un grupo de hinchas desplegó mantas y pancartas que formaban "Mina 168" tras el primer gol del equipo, en homenaje a las 168 niñas que fueron asesinadas en el bombardeo estadounidense contra la escuela primaria femenina Shajareh Tayyebeh, de Minab (sur de Irán), ocurrido el 28 de febrero de 2026.
Junto con ello, aunque no sucedió durante el mundial, se viralizó el video de la selección iraní en el que sus jugadores entraron con mochilas y con la mano estirada en señal de estar acompañando a algunas de esas niñas, por las que llora el mundo, UNICEF, pero por la que no hubo sanción o castigo por parte de la FIFA, que no solo permitió que Estados Unidos siga siendo sede, sino que aceptó sus condiciones para realizar y controlar el evento.
Este homenaje de la selección no fue en el mundial, sino en un partido amistoso disputado el 31 de marzo, pero se replicó para darle un marco de recuerdo, lucha y denuncia, como también en su momento lo hizo el equipo Palestino de Chile, en repudio al genocidio que sigue ocurriendo en Gaza, y que ya cobró la vida de miles de niños.
En la Argentina, el mundial no tapó la sugestiva estrategia de Adorni con su declaración jurada y el pen drive encontrado, como tampoco detener los planes de avance del ajuste del gobierno de Javier Milei sobre un pueblo que no logra aún dimensionar, pese a que se provocaron más de 200 mil despidos, se cerraron más de 25.000 PyMEs, se perdieron varios derechos y obligaciones que tenía el Estado de atenderlas, y se produjeron otros avasallamientos que la "justa deportiva sin igual" no logró hacer desaparecer ni olvidar.