En soledad y abrazado al odio
Análisis de Saúl Gherscovici.
El presidente Javier Milei volvió a protagonizar hechos y discursos vergonzosos y contradictorios durante su paso por Estados Unidos, donde llegó para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que mechó con reuniones de dudosa calidad y la recepción de premios aún más bochornosos.
Este nuevo viaje a Estados Unidos, esta vez sin su hermana presidencial Karina, dejó expuesto a Javier Milei en su falta de tacto, manejo diplomático e ideología extrema que lo aleja de la realidad, tanto de la de Argentina como del escenario mundial del que queda cada vez más distante y sin ejercer una genuina representación del pueblo que lo eligió como su presidente.
No la vio
Milei además quedó atrapado en el engaño de Trump que, como ocurrió con Ronald Reagan con Leopoldo Galtieri en 1982, lo azuzó en su reclamo de la soberanía de las Islas Malvinas, que siempre desconoció, para terminar acordando con el primer ministro británico, Andy Burnham, las condiciones que el mandatario de Estados Unidos quería imponer -a su aliado histórico y estratégico- en torno al estrecho de Ormuz y presupuesto militar en Europa.
La jugada fue tan evidente como la torpeza del presidente que vio con sus propios ojos como Trump y Burnham explicaron a la prensa, entre sonrisas y agradecimientos, el restablecimiento de las relaciones y los acuerdos para que el norteamericano, que ya había conseguido la respuesta a su reclamo de mayor presupuesto bélico, deje de meterse sobre la discusión de las Islas que ambos, de manera reiterada, definieron como Falklands.
A Milei no le quedó otra que hacer el sobreactuado reclamo sobre Malvinas en su discurso en la ONU en el que, antes de entrar en esa materia, expresó su alineamiento con Israel y Estados Unidos. Después de eso, si avanzó en su nuevo posicionamiento sobre las Islas que intercaló con sus habituales insultos al funcionamiento y los integrantes de las Naciones Unidas. Dicho sea de paso, no parece ser una buena estrategia tratar de "parásitos" a quienes a posteriori les pidió que analicen el reclamo de esos intereses argentinos, que hasta hace poco Milei no solo no declamaba sino que desmerecía.
De parado
En su paso por Estados Unidos, Milei además no tuvo la deseada reunión bilateral con Trump quien, por otro lado, lo relegó a un lugar bien alejado del centro de la mesa del Escudo de las América, la organización que armó para bajar desde allí ordenes e instrucciones a los mandatarios de los países de Latinoamérica que responden a su dictado ideológico y geopolítico.
Antes de irse sin nada, el presidente se acercó junto al canciller Pablo Quirno al hotel donde se hospedaba el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien los atendió de parado y por solo 10 minutos. Tal fue el bochorno que Presidencia no difundió esa foto ni hizo mención alguna a la abrupta reunión.
Luego de mechar la actividad oficial con charlas económicas, en las que aseguró que la economía argentina atraviesa un momento espectacular y que al país le salen los dólares de las orejas, y la recepción del premio Al que más ama a Israel que le entregó una escuela ortodoxa judía, Milei cerró su paso por Estados Unidos reuniéndose con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
No deja de ser significativo que la única bilateral que Milei tuvo durante este viaje haya sido, precisamente, con Netanyahu a quien volvió a abrazar y definir como un "líder extraordinario con una visión geopolítica muy por encima de la media de los individuos normales". Una visión muy distinta a la que horas antes del encuentro exhibieron la mayoría de los presidentes y representantes de los países en la ONU que, en clara señal de repudio, se retiraron del hemiciclo antes de que el primer ministro israelí pronuncie su discurso.
En el encuentro no se sabe si Milei aprovechó, en base a su nueva personalidad malvinera, para solicitarle al "líder extraordinario" que presione a la empresa Navitas, conformada por capitales israelíes y ex funcionarios de su propio gobierno, para que deje de lado sus intenciones de explorar y quedarse con los recursos petroleros de los argentinos. Lo que si consta, en base a sus propias declaraciones, es que el presidente dijo que la Argentina es "la nueva tierra prometida", con todo lo que esa definición implica y representa.