Francia

Francia bajo tensión: una marea humana contra el costo de vida deja más de 420 detenidos y graves choques con la policía

Casi medio millón de personas inundaron las calles francesas en el tercer sábado consecutivo de furia social. Con un operativo sin precedentes de 70.000 efectivos, restricciones de circulación, toques de queda y el temor latente a una escalada nocturna por los festejos de Halloween, el gobierno de Emmanuel Macron enfrenta su mayor desafío político y social.

La República Francesa volvió a vivir horas de extrema tensión este sábado. Lo que comenzó como una masiva y heterogénea expresión de descontento popular -con casi medio millón de manifestantes movilizados en todo el país- volvió a diluirse en el caos y la violencia en los tramos finales de las marchas. El saldo provisional de la jornada dejó más de 420 detenidos y numerosos enfrentamientos urbanos que obligaron a desplegar una respuesta policial masiva.

Una caldera a punto de estallar: reclamos cruzados y temor al vandalismo

Las protestas, que cumplieron su tercer sábado consecutivo, congregan a una coalición explosiva de sindicatos, estudiantes y el histórico movimiento de los "chalecos amarillos". A los reclamos originales contra el alto costo de vida, la desigualdad y el alarmante deterioro de la educación pública, se sumó recientemente la indignación por el racismo y la violencia institucional, potenciada tras el atentado que dejó un muerto y siete heridos en la región parisina el pasado 23 de octubre.

Consciente del riesgo de que se repitieran las escenas de terror del 17 de octubre -marcadas por saqueos e incendios de edificios públicos-, el Ministerio del Interior activó un dispositivo de seguridad sin concesiones: 70.000 policías y gendarmes fueron apostados en puntos estratégicos de todo el territorio.

La coctelera se volvió aún más peligrosa al coincidir la jornada con la noche de Halloween y con convocatorias a la insurrección difundidas a través de redes sociales. Ante esto, las autoridades extremaron los recaudos:

Blindaje comercial y urbano: En París y otras grandes ciudades, decenas de estaciones de metro cerraron sus puertas, los comerciantes tapiaron sus vidrieras con paneles de madera y el Ayuntamiento desplegó a más de mil agentes municipales para retirar adoquines y mobiliario susceptible de ser vandalizado.

Rutas cercenadas: La policía contabilizó unas 350 acciones de protesta. En la capital, la prefectura prohibió la mayoría de los recorridos y solo autorizó una marcha restringida por los barrios del este. En localidades como Toulouse, las movilizaciones fueron directamente vetadas, lo que desató fuertes críticas de la oposición.

Toque de queda y prohibición de máscaras: Se decretó un toque de queda nocturno (de 23:00 a 06:00 horas) en sectores clave de la capital y otras regiones. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, advirtió de manera tajante que Halloween no sería tolerado como excusa para ocultar rostros y burlar el orden público.

Batallas campales al caer la tarde

Pese a que las autoridades destacaron que la gran mayoría de las marchas se desarrollaron de forma pacífica, la violencia estalló apenas los contingentes encararon los tramos finales de los recorridos.

En París, grupos de encapuchados pertrechados con martillos arrancaron adoquines para lanzarlos contra las fuerzas de seguridad, además de arrojar artefactos incendiarios. Los agentes respondieron de inmediato con cargas de gases lacrimógenos y dispersiones. Escenas similares de guerrilla urbana se replicaron con crudeza al caer el día en ciudades como Lyon, Rennes, Marsella y Toulouse.

El fantasma del autoritarismo y el futuro de las protestas

El clima político está más polarizado que nunca. Desde la oposición, figuras como el líder izquierdista y aspirante presidencial para 2027, Jean-Luc Mélenchon, arremetieron contra la administración de Macron, acusándola de empujar a Francia hacia una peligrosa deriva autoritaria y policial.

Lejos de aplacarse, el conflicto entra en una nueva y preocupante fase. Las organizaciones convocantes ya anunciaron que redoblarán la apuesta: los estudiantes llamaron a bloquear escuelas secundarias y universidades el próximo martes y jueves -jornada esta última en la que también se espera una huelga general-, mientras que los "chalecos amarillos" confirmaron nuevas movilizaciones masivas para el 6 y 7 de noviembre. El pulso entre las calles y el Elíseo no hace más que intensificarse.

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