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Furia en calle Corrientes: Juan Gil Navarro interrumpió su obra y le puso los puntos al público

El actor protagonizó un tenso momento en el Teatro Metropolitan al frenar una función de "Misery" por el uso excesivo de celulares y flashes. "Pagar no da derecho a hacer lo que uno quiere", sentenció frente a la platea.

La avenida Corrientes fue escenario de un episodio de máxima tensión que rápidamente se volvió viral. Durante una de las recientes funciones de Misery, la obra que encabeza junto a Julia Calvo en el Teatro Metropolitan, Juan Gil Navarro decidió que no podía continuar actuando frente a las distracciones de la platea y frenó el espectáculo en vivo.

Cansado del comportamiento de algunos asistentes, el actor cortó la escena, miró al público y lanzó un contundente reclamo por el uso reiterado de teléfonos móviles.

"Es profundamente molesto", expresó Gil Navarro desde el escenario. Visiblemente fastidiado, pidió empatía y exigió respeto no solo por el trabajo de los artistas, sino también por los demás espectadores que sí estaban concentrados en el thriller psicológico.

El protagonista fue un paso más allá y apuntó directamente contra aquellos que utilizaban el flash de sus cámaras en medio de la oscuridad de la sala, dejándoles un mensaje lapidario: "Pagar no da derecho a hacer lo que uno quiere en una sala de teatro".

Como era de esperarse, el tenso momento quedó registrado en video por los presentes y no tardó en inundar las redes sociales. Las imágenes abrieron un intenso debate virtual: mientras muchos usuarios aplaudieron la actitud del actor para defender su espacio de trabajo, otros cuestionaron las formas en las que decidió plantear su enojo.

El recordado "antecedente de las papas fritas"

Para quienes siguen de cerca la carrera del actor, esta postura no resulta una sorpresa. Existe un antecedente que se remonta al año 2012, cuando Gil Navarro protagonizaba Las brujas de Salem junto a Lali Espósito.

En aquella oportunidad, la presencia de la ex Teen Angels atraía a un público muy diferente al habitual. Durante una función de domingo, el clima se volvió insostenible: sonaron tres celulares casi en simultáneo y, como si fuera poco, un grupo de fanáticas sentadas en la primera fila no paraba de hacer ruido comiendo de un paquete de papas fritas.

Totalmente desconcentrado, Gil Navarro interrumpió la función, caminó hasta el borde del escenario y, literalmente, les pidió el paquete a las adolescentes. Una vez que tuvo el snack en su poder, retomó el texto y continuó con la obra de Arthur Miller. Al finalizar, se tomó unos minutos para explicarle a la sala que tanto él como el elenco necesitaban absoluto silencio para poder entregar un espectáculo de calidad.

Más de una década después, los elementos cambiaron, pero el reclamo de fondo sigue intacto. Para Juan Gil Navarro, la magia del teatro exige un respeto que, definitivamente, no se negocia en la boletería.

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