La dueña de la pyme que hacía los mamelucos de Milei se fundió por la apertura de importaciones: "Voté por bronca y confié"
Sofía, dueña de una pyme en Pompeya que llegó a emplear a once personas, relató cómo la apertura de importaciones y la caída del consumo la obligaron a cerrar. "Voté por bronca y confié en un demente", aseguró tras perder su capital
Sofía, una exempresaria textil que lideraba una fábrica de ropa de trabajo técnica en el barrio porteño de Pompeya, reveló que tras el cierre de su emprendimiento se ve obligada a trabajar como chofer de la aplicación Uber para subsistir y mantener a sus dos hijos.
El caso cobra una relevancia simbólica particular: su taller era el encargado de confeccionar los mamelucos de YPF que el propio presidente Javier Milei ha utilizado en diversas recorridas oficiales. A pesar de esa vinculación indirecta con la imagen presidencial, las políticas de la actual gestión terminaron por asfixiar su negocio.
El impacto de la apertura comercial
En diálogo con el periodista Matías Colombatti en el canal de streaming Gelatina, Sofía detalló que su fábrica no era un emprendimiento precario, sino una estructura formal con entre 8 y 11 empleados en blanco. "Teníamos una rotación constante, hacíamos ropa ignífuga y técnica para petroleras. No era moda, cada costura tenía una ficha técnica y un porqué", explicó.
Sin embargo, el cambio de rumbo económico fue letal. Según la emprendedora, la apertura inmediata de las importaciones textiles fue el principio del fin. "Pensé que no me iba a afectar porque hacía cosas técnicas, pero enseguida se notó la diferencia: los pedidos simplemente dejaron de llegar", lamentó.
Del "voto bronca" al arrepentimiento
Sofía no ocultó su pasado político ni las razones que la llevaron a apoyar a La Libertad Avanza en el cuarto oscuro, definiendo su elección como un "voto bronca".
"Yo siempre voté a Cristina (Kirchner), siempre la seguí. Pero por bronca terminé creyendo las cosas que decía este demente, este cínico e irrespetuoso que tenemos como presidente. Confié y me defraudó", sentenció con dureza.
La exempresaria comparó su situación actual con los años previos, admitiendo que, aunque en aquel momento se percibía una crisis, su realidad era diametralmente opuesta: "Hoy viendo cómo me encuentro, estábamos muchísimo mejor".
Un golpe a la salud mental
El tránsito de ser dueña de una pyme de dos pisos a conducir un vehículo de alquiler ha tenido un costo emocional elevado. Sofía describió el impacto de perder la cotidianeidad de su oficina y su rol de empleadora: "Pasar a ser chofer no ayuda a la situación mental. De ser jefa pasé a ser una simple conductora de aplicación".
A pesar del dolor por la pérdida de su patrimonio, la mujer aseguró que no siente vergüenza de su trabajo actual y que lo toma como una enseñanza para sus hijos sobre la resiliencia. "Lo hago porque no me queda otra y porque apuesto a que ellos aprendan que en la vida a veces te va mal y la tenés que seguir luchando", concluyó.