La siniestra campaña anti-Argentina tiene sus responsables, socios y objetivos claros

(Saúl Gherscovici) El mundial ya terminó pero dejó muchas cosas para hablar, investigar, y para opinar. No estamos hablando solo de la muy rara final entre la selección y España, de la que nunca sabremos si, al lógico y natural desgaste físico y emocional (tras alargues- remontadas y el partido ante Inglaterra), se le agregó algo más para que jugadores que nos acostumbraron a dejar la piel en cada pelota hayan estado ausentes y fuera de partido, desde que salieron del vestuario.

Saúl Gherscovici
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Lo que pasó, es decir si hubo amenazas por la bandera de Malvinas o si el mal desempeño fue por las presiones de casa de juegos y de las Ligas Europeas que pretendían un campeón europeo y con jugadores con futuro marketing favorable, en lugar de un Messi que se estaba despidiendo, es un misterio y seguirá siendo materia de especulaciones. Cuando a Argentina le robaron las dos finales contra Alemania (1990 y 2014) era otro mundo y eran otros mundiales, en los que todo se podía hacer a través un obediente arbitro designado. Ahora los resultados pueden acomodarse y conseguirse de manera más oscura y oculta.

Milei-Netanyahu, una combinación letal

Pero no vamos a hablar de esa final, sino de la campaña argentina que no queda claro si tenía que ver con esta final y desestabilizar a Messi y la selección, o si es un campo más que de pruebas de ratificación de que en estos tiempos se puede hacer odiar a quien queremos desprestigiar, anular, cancelar, o evitar para que ganen elecciones, pese a que antes del inicio de este siniestro trabajo sean amado, reconocidos y acompañados.

La prueba más evidente de la eficacia y la rapidez en la que, por redes y con la utilización de fake news e imágenes elaboradas por IA, se pueden dar vuelta adhesiones, amores, pensamientos y posiciones podemos verlas en el propio Messi, que era la persona más amada del mundo hasta este mundial para transformarse, en el medio de esta "justa deportiva sin igual", en alguien atacado y a quien -incluso- se le discutieron sus méritos y triunfos, entre ellos el último campeonato mundial en Qatar. Aquel que, curiosamente, todo el mundo quería que ganase y usando la misma camiseta que ahora tanto rechazo hicieron generar.

Los especialistas en este tipo de campaña, los que las hacen y los que las analizan, dicen que en este mundo de redes se puede hacer cambiar cualquier opinión. Solo hace falta un poco de tiempo, pero también advierten que se logra más fácil y velozmente si existe un elemento subyacente por el que se pueda hacer odiar a alguien. En este caso, todo se hizo muy rápido porque el elemento que potenció el sentimiento anti-argentino no fue nuestra reprochada arrogancia, que no vale la pena discutir ahora, sino la clara posición que el presidente Javier Milei tomó para con el primer ministro Benjamín Netanyahu , acusado mundialmente de criminal por el genocidio que lleva adelante en Palestina.

Está claro que Milei no es la Argentina y todos los argentinos, como que Netanyahu no es Israel y todos los israelíes, pero convengamos que si no se tiene información es muy difícil disociarlo, sobre todo si a este rechazo se suma la campaña que logra que, en muy poco tiempo, casi nadie dude en calificar a los argentinos y nuestra selección de pro Israel, y a los españoles, como pro Palestina, como muchos de manera interesada o involuntaria terminaron presentando la final, cuando la real representación de cada una de las selecciones no era ni es esa.

También presentaron a España como multicultural, por tener dos jugadores de otro color de piel, y a Argentina en racista por no "tener negros en el equipo", cuando en realidad tiene mayoría de integrantes "marrón" y la totalidad procedentes de familias de bajos recursos. También dijeron que España era un equipo representante de la democracia y la República, pero los campeones no le entregaron la copa del mundo al utilero, como hizo la Argentina en Qatar, sino al rey de España. El chiste, que no es tal, no necesita otro remate.

El problema no son los replicantes

Esta campaña mostró que gente que uno cree que está informada, como el actor Samuel L Jackson, llegue a definir a Argentina como "uno de los países más racistas del mundo, sino el más racista" y a partir de eso hacer campaña en contra de la selección. Es muy curioso que el talentoso actor estadounidense, que seguramente en persona sufrió la segregación que en su país siguió vigente por ley hasta 1964, no sepa que en Argentina se promovió la libertad de vientres en 1813 y el fin de la esclavitud en 1853. Es raro que Jackson se haya olvidado del apartheid en Sudáfrica, la xenofobia que vuelve a ganar terreno en Europa, y como el presidente de su país, Donald Trump, persigue, encarcela y expulsa a migrantes, invade países por petróleo, dio un virtual golpe de Estado en Venezuela y está sometiendo a Cuba a un doble bloqueo criminal y genocida.

No se haga problema Jackson nosotros solo le estamos aportando información. Nunca vamos a pensar como Ud que todos los estadounidenses son tan maleducados, y mal informados como Ud y menos que todos sean criminales como su presidente. Si en Argentina no hay jugadores negros, como Ud y otros sostienen, no es por racismo sino por la integración social que, luego de las fechas citadas, tuvo este país que hoy en día, en función de nuestra idea de ser y la Constitución, sigue recibiendo con los brazos abiertos a los inmigrantes, a quienes les abrimos puertas, hospitales, Universidades y todo lo que necesiten si deciden buscar su futuro aquí, en nuestra tierra.

Acá, mal que les pese a algunos, todos los hombres de buena voluntad pueden protagonizar lo que Hollywood presentó e inmortalizó como "el sueño americano", ese que hoy se convirtió en pesadilla con la mencionada persecución a los inmigrantes.

Para ir cerrando, el problema no son los ignorantes como Samuel L Jackson sino los que están detrás de estas campañas, que está claro no solo puede haberse montado para que Argentina no gane el mundial, nos creemos omnipresentes pero no todo gira en torno nuestro, sino que parece apuntar a la consolidación de los gobiernos de ultraderecha, que por este tipo de vaciamiento ideológico llegaron o llegarán al poder.

El mundial ya terminó pero el plan de quedarse con recursos, tierra, derechos y riquezas no solo está vigente sino que ahora, tras el campeonato que nos entretuvo durante un largo mes y un poco más, viene a consolidarse en el tiempo que resta para finalizar el partido o, si es necesario en tiempo de prórroga.

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