Música de luto

La última función del bohemio de los raros peinados nuevos: adiós a Daniel Melingo

El multiinstrumentista que le puso humor a la postdictadura con Los Twist y brilló junto a Charly García y Los Abuelos de la Nada fue hallado sin vida en su casa a los 68 años. Dejaba listo un ambicioso disco de tango que planeaba presentar en septiembre.

La música argentina se quedó sin uno de sus alquimistas más singulares. Daniel Melingo, el hombre que supo habitar los márgenes del under porteño para luego transformarse en una pieza fundamental de la banda sonora nacional, falleció a los 68 años. Las causas de su deceso aún no han sido esclarecidas, pero se confirmó que uno de sus hijos lo encontró sin vida en el interior de su vivienda. Su partida se da en un momento de absoluta paradoja: el músico se encontraba en plena ebullición creativa, otorgando entrevistas y ensayando para lo que prometía ser una noche consagratoria en el Teatro Coliseo.

Melingo no era un artista de un solo libreto. Su nombre está inyectado directamente en el ADN del rock de los ochenta. Fue el encargado de fundar, junto a Pipo Cipolatti, esa maravillosa locura bailable llamada Los Twist. Aquel debut de 1983, La dicha en movimiento, no fue un álbum más; funcionó como un cachetazo de ironía, frescura y ritmos contagiosos para un país que intentaba sacudirse los años oscuros de la dictadura militar.

Aquel trabajo histórico se grabó en un suspiro, como si el destino supiera que urgía bailar: "Todo se hizo en 29 horas y media. A Charly (García) le sobraron unas horas en el estudio y nos llevó derecho a grabar", recordaba Cipolatti sobre aquellas sesiones urgentes. Los Twist, con Melingo en guitarra y voz junto a Fabiana Cantilo y un seleccionado de modernos, dominaron las noches de templos subterráneos como el Café Einstein, el Stud Free Pub o el Marabú, compartiendo carteleras con unos jóvenes Soda Stereo, Virus o Sumo.

Un trotamundos del compás

Antes de revolucionar la pista con la new wave, Melingo ya portaba un rodaje envidiable. Había sido músico de sesión para el brasileño Milton Nascimento y formó parte de la mítica refundación de Los Abuelos de la Nada comandada por Miguel Abuelo, registrando su firma en los tres primeros álbumes del grupo.

Sin embargo, uno de sus doctorados musicales más selectos ocurrió en 1984. Charly García lo reclutó para su banda y el multiinstrumentista terminó aportando su talento en la grabación de Piano Bar, una de las catedrales discográficas del rock en español.

El tango huérfano de su rework

Con los años, el inconformismo crónico de Melingo lo llevó a mudar su hogar artístico. Encontró en el tango el refugio perfecto para volcar su impronta de arrabal, misterio y rock. Dejó de ser el joven de los raros peinados nuevos para transformarse en un compadrito de culto, respetado tanto en las milongas porteñas como en los festivales de Europa.

Su presente estaba enfocado de lleno en Tangos bajos (Rework), una reinterpretación de su propia obra que condensaba colaboraciones de alto voltaje: Andrés Calamaro, Fito Páez, Pity Álvarez, Juli Laso y Maxi Prietto, entre otros. El lanzamiento estaba calculado para septiembre de este año, sirviendo como preludio a su gran concierto del 21 de septiembre en el Teatro Coliseo, donde planeaba lucirse al frente de una orquesta típica.

"Desde 2019 vengo desarrollando una idea. La fui compilando en un álbum que va a salir en septiembre, justo antes del concierto. Y también, desde lo técnico y lo musical, vengo desarrollando la idea de una orquesta típica", le había comentado Melingo a la revista Indie Hoy hace apenas unos días.

Esa orquesta ya no tendrá a su director en el centro del escenario. Daniel Melingo se despidió en silencio, dejando las hornallas de su sudestada artística encendidas a máxima potencia y un hueco imposible de llenar en la cultura popular argentina.

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