La Universidad es esa argentinidad al palo
Análisis de Saúl Gherscovici.
La Universidad, ese sueño y realidad colectiva que Milei no puede destruir
El gobierno de Javier Milei sigue firme en su intención y acción de destruir derechos y cada una de las conquistas que, a través de la justicia social que supimos conseguir mediante años y luchas en democracia y no tanto, hicieron grande a la Argentina y nos protegieron a los aquí nacidos pero también a "todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino".
La cita del preámbulo de la Constitución nacional no es casual porque lo que esta gestión de gobierno está haciendo desde el día uno es trabajar en el debilitamiento democrático, republicano, federal y social que nos garantiza la ley madre del Estado.
Con dolor hay que decir que, pese a la resistencia de trabajadores, el gobierno de Javier Milei logró imponer su ajuste y discurso, ayudado por medios y redes. Por eso los avances sobre los jubilados, trabajadores, infancias, género, Derechos Humanos y otros hitos de nuestra orgullosa argentinidad, son tan evidentes y constantes como efectivos.
La argentinidad al palo
Pero ese desaforado, irracional y poco democrático avance (cada gobierno tiene la impronta de su presidente) sobre esos derechos no pudo aún penetrar sobre lo que los argentinos sentimos respecto a las Universidades Nacionales. Las denominadas casas de Altos estudios parecen ser el único bastión que resiste de pie en esta batalla cultural, que vaya a saber cuál será el resultado final, pero que en lo que va de partido parece estar llevándonos puestos.
Prueba de ello es lo que ayer, por cuarta vez, sucedió en todo el país. Más de un millón y medio de personas fueron a las plazas de cada una de sus ciudades a defender a ese sueño y realidad colectiva que sigue sosteniendo no solo el presente sino que proyecta el futuro de nuestra gente y país.
Y la multitud salió pese al cansancio físico y mental que cada uno carga al enfrentar una realidad en la que, pese a tener trabajo o varios, la mayoría de la población no llega al día 10, luego de pagar servicios, y esas tarjetas que a todos nos sirven para pedalear, comprar comida y seguir adelante pero que, cuando llegue el resumen, sabemos que no sabremos de dónde sacaremos para pagar el mínimo. Y así, todos los meses, mientras la deuda seguirá creciendo como una bola no de nieve sino de plomo que se nos viene encima y con una velocidad acelerada, porque viene con el envión de una bajada tan abrupta como la San Martín o la Rivadavia (la que les guste más).
Los carteles de cartón y la bandera de tela que explica todo
Pese a todo ese cansancio y fastidio, que claramente está repercutiendo en la salud mental de los argentinos, de nuevo una multitud salió a decir: con las Universidades NO, porque son las que "a mi familia le permitió tener la primera generación de graduados" y las que seguramente harán posible que esto siga sucediendo, como prueba evidente y manifiesta de que el ascenso social es posible, cuando el Estado nos brinda las herramientas para, sacrificio mediante, mejorarnos como personas, como vecinos y formar esos futuros profesionales que seguirán aportando, a partir de ese saber, a tener una sociedad mejor.
Por eso aquellas definiciones en carteles, que ayer con buen criterio el intendente Othar Macharashvili puso uno de ellos en su boca, cuando dijo: "Si la educación es cara, más cara es tu ignorancia", que se vio en la protesta junto con otros tan claros como: "recortes en educación=involución", "¿Por qué tanto miedo de educar al pueblo?", "Si no hay educación para el pueblo, no hay paz para el gobierno" , "creo que educar es combatir y el silencio no es mi idioma", "el albergue universitario es más que un techo, es un hogar para el sueño de los estudiantes", o "la Universidad pública no se recorta: se defiende".
Todos esos cartones artesanales respaldaron esa bandera que, con claridad y sencillez, explica por qué tanto odio y necesidad de destruir a la Universidad pública, gratuita, laica y de calidad. "La conquista más grande fue que la Universidad se llenó de hijos de obreros", sostuvieron orgullosos desde el 4 hasta la plaza San Martín dos jóvenes, que posiblemente serán una futura primera generación de egresados de su familia.
Vuelvo al preámbulo, ese que maravillosa y oportunamente nos recitó Raúl Alfonsín, para recordar que nuestro país, nuestra República nació sobre pactos preexistentes pero también "con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino"
No está mal leerlo cada tanto para también recordar que, luego del himno, la primera en hablarnos de la Libertad es nuestra Constitución, esa que este gobierno que supimos conseguir viene pisoteando e ignorando desde el primer día y claramente desde hace dos años al no cumplir primero con su obligación y luego con una ley sancionada e insistida (tras su veto) por el Congreso de la Nación.