Nahir Galarza ya está de vuelta en la cárcel: lo que pasó en esos 60 minutos afuera y lo que ningún medio te contó
Salió el miércoles. Volvió el miércoles. El operativo fue tan cerrado que los propios vecinos de Gualeguaychú no se enteraron hasta que ya era historia. Pero hay detalles del permiso, del regreso y de lo que se viene judicialmente que cambian por completo la lectura de este episodio.
El personal penitenciario revisó cada rincón de la casa antes de dejarla entrar. Se aseguró de que no hubiera nadie más. Una hora. Eso fue todo. Después, de vuelta al penal.
Ya está de vuelta: el regreso que los medios no narraron
Cuando la mayoría de los portales todavía publicaba la noticia de su salida, Nahir Galarza ya había regresado a la Unidad Penal N°6 de Paraná. El ciclo completo duró pocas horas: traslado desde la cárcel hasta un domicilio en Gualeguaychú, una visita de aproximadamente sesenta minutos, y el regreso bajo custodia. Ningún incidente. Ninguna fuga. Ninguna sorpresa. Exactamente como estaba planeado.
El inspector general Alejandro Mondragón, del Servicio Penitenciario de Entre Ríos, lo confirmó en diálogo con el portal Elonce: "Al ser un caso mediático, tratamos de manejarlo con la mayor discreción posible para evitar cualquier tipo de disturbio." Y así fue. La operación fue casi invisible.
Lo que sí trascendió: el equipo de custodia incluyó agentes penitenciarios, un chofer y una oficial responsable. Antes de que Nahir pusiera un pie en la casa, el personal revisó el domicilio de arriba a abajo. Se aseguraron de que no hubiera otras personas presentes. La orden judicial era clara: el encuentro debía realizarse solo con el familiar enfermo.
La razón real: una abuela con cáncer terminal y una ley que pocos conocen
El motivo del traslado fue un permiso humanitario solicitado por el defensor de Galarza, Eduardo Gerard, ante el Juzgado de Ejecución de Penas N°2 de Gualeguaychú. La jueza Elena Margarita Vicari autorizó la salida después de que un médico forense certificara el estado de salud de la abuela materna de Nahir: una enfermedad oncológica en etapa terminal, con internación domiciliaria.
La base legal es el artículo 166 de la Ley 24.660, que regula la ejecución de la pena privativa de la libertad en Argentina. Esa norma contempla salidas transitorias por situaciones humanitarias excepcionales: enfermedades graves de familiares directos, fallecimientos inminentes. No es un beneficio ordinario. Es una excepción prevista en la ley, que requiere autorización judicial, verificación médica y un protocolo de seguridad estricto.
La visita fue autorizada "por única vez", según consta en la orden judicial. No hay una segunda oportunidad prevista bajo este mismo concepto. Cuando Nahir cruzó la puerta de regreso al penal, esa ventana se cerró.
LO QUE NO INFORMARON CASI TODOS LOS MEDIOS
El permiso no fue una concesión arbitraria: requirió que un médico forense verificara in situ la enfermedad terminal de la abuela. Solo después de esa certificación la jueza firmó la autorización. El sistema funcionó exactamente como prevé la ley.
El expediente de conducta: por qué la dejaron salir
Hay un dato que prácticamente ningún medio desarrolló y que es clave para entender por qué este permiso fue otorgado: el comportamiento de Nahir dentro del penal fue uno de los factores que pesaron en la decisión judicial.
El propio inspector Mondragón lo señaló con claridad: "Ha mejorado el comportamiento y ha bajado un poco el perfil." No es un dato menor. En el sistema penitenciario argentino, la conducta certificada de una interna es parte del expediente que cualquier juez de ejecución evalúa al considerar salidas transitorias, incluso las de carácter humanitario.
El contraste con años anteriores es marcado. En 2019, Nahir fue sancionada con diez días de aislamiento en un calabozo -reducidos a cinco tras disculparse- por publicar fotos desde su celda usando un teléfono no autorizado. El posteo, que decía "Cumpliendo la maldita condena", alcanzó más de 125.000 me gusta y generó una crisis interna en el penal.
Hoy el panorama es otro. Según fuentes cercanas a Galarza confirmaron a Infobae, la joven completó más de 15 cursos de formación desde que está detenida. Obtuvo el título de operadora preventiva en Salud Mental -un escalón intermedio de la carrera terciaria en Psicología Social que cursa- y se recibió de personal trainer. Da clases de gimnasia a otras internas. Asiste a talleres de yoga y meditación. Trabaja en los talleres del penal.
"Le encanta la carrera, le enseñó a tener empatía, a sentir lo que siente el otro. La ayudó mucho", dijeron allegados a Infobae. Las temáticas que quiere abordar: adicciones, violencia de género y maltrato infantil. "Le rompe el alma", agregaron.
Es ese perfil -y no solo el drama familiar- el que construyó el expediente que le permitió obtener el permiso. Las salidas humanitarias en la Argentina son infrecuentes. Para que se den, el juez necesita más que un motivo: necesita un historial.
Lo que viene: la CIDH y la posibilidad real de un nuevo juicio
Este episodio ocurre mientras el caso Nahir tiene un frente abierto en el plano internacional que la mayoría de la cobertura cotidiana ignora. Desde julio de 2025, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) tiene en sus manos un recurso presentado por los abogados José Ostolaza y Pablo Sotelo, luego de que la Corte Suprema de la Nación rechazara el recurso federal sin dar explicaciones, usando el artículo 280 del Código Procesal.
Los argumentos ante la CIDH no son menores: pericias apócrifas en el juicio original (una bromatóloga fue obligada a actuar como experta informática, y la Justicia entrerriana luego le reconoció $14 millones al Estado por ese error), ausencia de peritajes psicológicos, un proceso que se cerró en seis meses, y la prueba de pólvora que dio negativa en las manos de Nahir -un dato que la defensa sostiene que nunca fue valorado correctamente.
Según trascendió en febrero de 2026, la CIDH ya habría concluido el análisis del recurso. Pero el fallo está trabado por un conflicto administrativo: una abogada que falleció en mayo de 2025 también había presentado un recurso ante el organismo en nombre de Nahir, pese a haber sido desvinculada formalmente en febrero de 2023. Dos presentaciones, distintas representaciones, un organismo internacional en medio. El enredo aún no se resolvió.
Si la CIDH falla a favor, Argentina podría verse obligada a revisar la condena. Sería el mayor giro judicial de este caso desde 2018. Y Nahir sabe que ese es el único camino que le queda.
La condena, en números: lo que el permiso no cambia
Para que quede claro: ningún aspecto de la situación procesal de Nahir Galarza cambió con este traslado. La Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó su condena a prisión perpetua en julio de 2024. Cumple pena desde 2018 por el homicidio agravado por el vínculo de Fernando Pastorizzo, asesinado de dos disparos en Gualeguaychú el 29 de diciembre de 2017.
En Argentina, la cadena perpetua equivale en la práctica a 35 años de prisión efectiva. Nahir Galarza podría recuperar la libertad recién en 2052, cuando tenga 53 años. Según su actual abogado, Augusto Lafferriere, a partir de 2031 -cuando se cumpla la mitad de la condena- podrá solicitar salidas transitorias con fines familiares o sociolaborales. Todavía faltan cinco años para ese umbral.
Mientras tanto, el permiso del miércoles fue lo que la ley permite en casos extremos: despedirse de alguien que se muere. Una hora. Custodia permanente. Revisión del domicilio. Y la puerta de la cárcel cerrándose otra vez al regreso.
Nahir Galarza salió. Volvió. Y mientras eso ocurría, la CIDH seguía con el expediente en la mano. Eso es lo que los titulares sobre "el operativo" no estaban contando.