Política

No es un partido más, es además lo único que le falta a Messi

Análisis de Saúl Gherscovici.

Saúl Gherscovici
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El partido entre Argentina e Inglaterra, está claro, no es un partido más. Está muy bien que Leonel Scaloni, en su rol de DT, haya declarado que la selección jugará solo un partido de fútbol. De hecho, similares conceptos vertieron a los medios Carlos Bilardo, cuando ocupaba ese lugar, y el propio Diego Armando Maradona, antes del histórico y glorioso partido.

Son declaraciones de rigor con las que se cumple con las formalidades pero todos saben que el de esta semifinal no es un simple partido de fútbol, sino uno que está atravesada por la histórica rivalidad entre las selecciones, que viene incluso desde antes del choque en el mundial de 1966 que incluyó el episodio de Rattín, y que se agravó con la guerra de Malvinas de 1982, que le dio el conocido color y peso especial al cruce en el estadio Azteca.

También está claro que ni aquel partido ni el de este Mundial nos devolverá, si el resultado es favorable, las Malvinas y mucho menos se recuperarán las vidas perdidas en una guerra que, hay que recordarlo, fue el último acto desesperado de la dictadura para permanecer en el poder pero que, una vez que ocurrió y sin que dejemos de cuestionar esa determinación, se metió en nuestro sentimiento y corazón para siempre. Sobre todo en lo que respecta a los "pibes de Malvinas" que, hasta el partido del Diego, se los escondía. Ese enfrentamiento en el estadio Azteca los hizo público y presentes, más allá de que hoy, 40 años después, siguen sin ser reconocidos, valorados y respetados en su totalidad.

Lo que le faltaba a Messi

El partido, por otro lado, es lo único que le faltaba a Messi, que sigue rompiendo récords, pero que -por cuestiones de fixture y destino- nunca hasta esta ocasión se había cruzado contra Inglaterra. El capitán, que hace rato no le debía nada a nadie, tiene ahora la oportunidad de protagonizar ese partido que a Maradona lo hizo eterno, que lo elevó a otra categoría, incluso antes de coronar su hazaña deportiva en la final.

Hace poco, Jorge Valdano dijo que ese partido transformó para siempre la vida de todos los que lo disputaron pero sobre todo la de Diego a quien, por sus goles y actuación, lo convirtió en héroe nacional. "Todos regresamos al país como ciudadanos, pero Diego fue elevado a la categoría de prócer nacional. Después de ese partido, por sus goles, todos lo veían arriba de un caballo blanco", explicó, en directa alusión al Libertador José de San Martín.

Messi ya fue reconocido, incluso por aquellos que injustamente lo tildaban de pecho frío y fracasado, pero este partido que se le cruzó, le puede otorgar ese otro status, que nunca ni buscó ni sintió, salvo cuando la "maradoneo" un poco en Qatar y -de paso y tal vez con ello- logró el objetivo máximo que era ser campeón mundial con la selección y país que eligió representar.

El capitán no debe nada porque ya dio y nos dio todo pero el partido contra Inglaterra, con una eventual buena o gloriosa actuación (con gol y pase a final incluida) le da a Messi la posibilidad de entrar en esa categoría que el pueblo, que sabe que este partido no es uno más, solo le guarda a quienes los hacen felices y les dan esas pequeñas y simbólicas "venganzas" que le sirve para reparar circunstancial y deportivamente esas heridas que están abiertas y que hasta ahora solo se atenúan un poco a través del fútbol.

Dicen que es un partido más. Sin embargo tanto la FIFA, con la complacencia del gobierno nacional de Javier Milei, impedirá que en el estadio se ingresen con banderas, remeras y cualquier cosa que contenga a las Malvinas. Para justificar la medida, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, dijo que se trataba de una buena determinación ya que esas banderas (con las leyendas o figura de Malvinas) contendrían un mensaje de odio, cuando en realidad se trata claramente de un mensaje de amor y de reclamo permanente: ese que el gobierno no hace dónde y con la energía que corresponde, por nuestras Islas, por nuestros caídos y por quienes regresaron pero siguen esperando.

Así ven esas banderas aquellos que tienen como referentes a Margaret Thatcher, quien desde su lado y por las mismas razones fomentó esa guerra que, cuando estaba a punto de llegar a instancias de negociación, decidió continuar con el criminal hundimiento del crucero General Belgrano fuera del aérea de exclusión.

Dicen que es un partido más, como también dicen que el fútbol es solo fútbol cuando, en realidad, contiene identificación, pasión, sentimiento, amor por los colores y esa cuestión tan popular y central que algunos no solo nunca entenderán sino que siempre combatirán.

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