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"Quiero volver a leer, me siento vacía por dentro": aseguran que cada vez más personas regresan a las bibliotecas

Nora Fowler, referente de la Biblioteca Popular Sofía Molenich de Kilómetro 8, contó en ABC Radio que percibe un renovado interés por la lectura. Frente a los problemas económicos y el difícil clima social, muchas personas buscan en los libros un espacio de tranquilidad.

En medio de las dificultades económicas, los problemas laborales y el impacto que el clima social produce sobre la salud mental, cada vez más personas buscan reencontrarse con la lectura. Así lo contó Nora Fowler, referente de la Biblioteca Popular Sofía Molenich de Kilómetro 8, durante una entrevista con ABC Radio.

"Estoy viendo mucha gente interesada en volver a leer y hasta diría preocupada, porque siente que al no hacerlo está perdiendo algo", señaló.

Fowler recordó particularmente el testimonio de una mujer que había asistido a la institución durante su infancia y decidió regresar años después. "Me dijo: ‘Quiero volver a leer, me siento vacía por dentro'", relató.

Para la referente, el acercamiento a los libros también responde a la necesidad de encontrar un refugio frente a una realidad atravesada por la falta de empleo, los bajos salarios y distintas preocupaciones cotidianas.

"Todo lo que está pasando afecta la salud mental. La gente necesita conectarse nuevamente con la lectura para encontrar espacios de paz interior", expresó.

También compartió lo que experimenta personalmente al abrir un libro: "Cuando leo, es como si entrara en otro mundo y por un momento me olvidara de todo lo que tengo alrededor".

Solo quedan siete bibliotecas populares en Comodoro

Durante la entrevista, Fowler advirtió que Comodoro Rivadavia llegó a tener 14 bibliotecas populares, pero actualmente solo permanecen abiertas siete. Cuando una institución desaparece, explicó, también se corre el riesgo de perder libros, documentos y materiales vinculados con la historia de los barrios y de la ciudad.

"Cuando las bibliotecas, por una u otra razón, se diluyen, parte de la historia se va", lamentó.

La referente explicó que estos espacios dependen del compromiso de los vecinos, ya que son los socios quienes deben conformar las comisiones directivas y asumir voluntariamente gran parte de las tareas administrativas y de gestión.

En el caso de la Biblioteca Sofía Molenich, el Fondo de Asistencia Educativa Municipal (FAEM) resulta fundamental para cubrir sus gastos. La institución afronta facturas de electricidad cercanas a los 400 mil pesos mensuales, mientras que uno de los principales subsidios nacionales para gastos corrientes ronda los dos millones de pesos anuales.

La biblioteca cuenta con alrededor de 500 socios y estableció una cuota mensual de 10 mil pesos. Sin embargo, Fowler aclaró que las personas que no pueden pagarla igualmente tienen la posibilidad de asociarse y utilizar sus servicios.

"Prefiero que la biblioteca siga en movimiento", sostuvo. Para ella, conservar estos espacios y sus libros físicos también permite proteger el conocimiento y la memoria colectiva frente al avance de la información exclusivamente digital.

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