Salud

Salud y comida: Argentina se suma a la ola de genéricos para adelgazar y desploma la venta de alimentos

Con la llegada de versiones nacionales 80% más baratas que el Ozempic, el consumo de ultraprocesados y snacks entra en crisis. El "fin del apetito" ya impacta en la facturación de supermercados y restaurantes

El mercado global de la alimentación está sufriendo un sismo cuya réplica más fuerte acaba de aterrizar en suelo local. Tras la expiración de la patente de Ozempic, Argentina se ha posicionado como un actor clave en la masificación de la semaglutida. Con una versión de producción nacional ya aprobada por la ANMAT y un precio 80% inferior al producto original, el tratamiento para bajar de peso ha dejado de ser un privilegio de élite para convertirse en un fenómeno de consumo masivo.

Esta democratización del fármaco no solo está cambiando siluetas; está reconfigurando la economía. El impacto es tan directo que la industria alimentaria, que históricamente solo temía a la inflación, ahora se enfrenta a un enemigo más silencioso: la falta de hambre.

Menos ticket, más fármaco

El fenómeno, que ya es una realidad en Estados Unidos con la cobertura de Medicare y precios de apenas 50 dólares, muestra un patrón claro que se replica en Argentina: los usuarios de drogas GLP-1 reducen su ingesta calórica en un 20% o más.

En los pocos meses de tratamiento, el gasto en alimentos cae drásticamente. Los rubros más golpeados incluyen:

Aperitivos y snacks: Productos de compra impulsiva que son los primeros en ser descartados.

Panadería y dulces: La pérdida de interés por los ultraprocesados es casi inmediata.

Bebidas alcohólicas y gaseosas: Se registra un abandono veloz tanto en góndolas como en salidas gastronómicas.

Incluso sectores estables como la carne fresca y los embutidos están viendo una demanda más débil. No es que los argentinos hayan dejado de ser carnívoros, es que simplemente consumen porciones mucho más pequeñas.

El "GLP-1 Friendly" y el auge del chicle

Para sobrevivir, las marcas han comenzado a adaptarse. Ya se observan etiquetas informales como "GLP-1 Friendly" en productos con altos niveles de proteína, intentando captar al paciente que busca nutrición eficiente en pocos bocados.

Sin embargo, el ganador inesperado de esta crisis alimentaria es la industria de los chicles y caramelos de menta. El consumo de estas golosinas se ha disparado, no por hambre, sino por la necesidad de los pacientes de mitigar la halitosis (mal aliento) y saciar la necesidad de masticar sin ingerir calorías.

La alerta: Cabello por kilos

Pese al éxito comercial, la comunidad científica advierte sobre la "letra chica" del tratamiento. Un estudio en Science Progress reveló que el riesgo de alopecia (caída del cabello) es hasta tres veces mayor en quienes usan semaglutida, debido al estrés metabólico y los cambios hormonales que genera el descenso de peso abrupto.

Esta preocupación, sumada a los costos que aún persisten para muchos, ha generado que casi la mitad de los usuarios abandone el tratamiento en el primer año. Aun así, el tablero de juego cambió para siempre: la industria de la salud le ha arrebatado el protagonismo a la mesa de los argentinos.

Con información de La Voz

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