Comodoro Rivadavia

Día del Canillita: la historia de Sergio, más de 25 años de trabajo y sacrificio

En el Día del Canillita, Sergio cuenta su historia de esfuerzo y constancia. Trabaja desde la una de la madrugada, con frío, lluvia o viento, y mantiene viva una profesión que resiste al paso del tiempo en Comodoro.

Sergio trabaja como canillita en la esquina de Polonia y Kennedy desde hace más de 25 años. Su figura es reconocida por los vecinos del sector, que lo ven cada día en el mismo lugar, sin importar las condiciones del clima. "Más de 25 años, en la mala y en la buena, siempre trabajando. Con tierra, con lluvia, siempre estoy acá", resumió sobre su trayectoria.

Su jornada laboral comienza a la una de la madrugada y se extiende hasta el mediodía. Los domingos, arranca cerca de las nueve de la mañana y a veces continúa hasta las tres de la tarde. No tiene horario fijo, y muchas veces se queda hasta vender el último ejemplar.

Sergio reconoce que es un trabajo "muy sacrificado". Debe recorrer las calles de madrugada, con frío, viento o lluvia, para realizar los repartos antes de instalarse en su punto habitual. "Hay que andar en la calle, en la noche, a la una de la mañana", explicó sobre su rutina.

A pesar de los años de esfuerzo, las ventas ya no son las de antes. "Por el asunto de la tecnología, del celular, se cortó mucho la venta. Antes se vendía más, ahora se venden 15, 20 o 25 diarios como mucho", comentó. Sin embargo, continúa en el oficio con la misma voluntad de siempre.

El canillita agradece a los clientes habituales que lo acompañan desde hace años. Muchos lo conocen por nombre y suelen dejarle una moneda extra al comprar el diario. "Estoy muy agradecido igual por la gente, porque es mi única entrada económica", afirmó.

Además del puesto fijo, tiene clientes a quienes reparte los diarios en sus casas antes de llegar a la esquina. "Salgo a la una de la mañana, hago todo mi reparto y después, a las ocho o nueve, estoy llegando a la parada", contó sobre su rutina diaria.

Comenzó en este trabajo por necesidad, cuando no encontraba empleo estable. "No encontraba laburo, fui luchando, anduve haciendo de todo un poco, pero esta es mi jornada", recordó.

Hoy, después de más de dos décadas en las calles, Sergio representa la constancia y el esfuerzo de un oficio que resiste al paso del tiempo, en una ciudad donde el papel se vende cada vez menos, pero la vocación sigue intacta.

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