Una despedida bochornosa pero con un prometedor final
Análisis de Saúl Gherscovici
La despedida de Lionel Messi de la selección nacional distó mucho de lo que se merecía el ex capitán y uno de los mejores jugadores de fútbol de todos los tiempos. Tal vez, para evitar el desborde emocional del 10, la organización decidió quitar de a poco y casi en su totalidad esos momentos que, en lo previo, uno podía imaginarse que Messi podría romper en lógico y compartido llanto. El problema es que, ni siquiera en esta ocasión, la AFA dejó de lado ese afán de hacer negocios en todos lados. Así, en momentos en los que Chiqui Tapia resiste el embate del gobierno nacional y sus aliados para quedarse con el fútbol, paradójicamente privatizó el cielo para exhibir de manera obscena la publicidad de una compañía de seguros, en un show de drones que tuvo errores garrafales, como Messi pateando con la derecha, y un tono que nadie compartió.
La imagen de Messi, en ese momento, fue la de todos. El 10 miraba el cielo y seguramente pensaba, como cada uno de nosotros frente al televisor, qué palabra estarán escribiendo en mi honor que empiece con S. ¿Será SuperMessi? ¿sobrenatural? ¿Sos lo Más?. No, los drones escribieron el nombre de la empresa de seguros que, seguramente, habrá puesto mucho dinero para subvertir una fiesta que era para el campeón y subcampeón del mundo y no para hacer negocios. La cara de desagrado, cuando vio que no había palabra alguna para describirlo, sino una publicidad más que se subía a su imagen y grandeza, también lo dijo todo.
Un partido en serio
En lo estrictamente futbolístico, que tratándose de Messi es lo más importante, la despedida sí estuvo a la altura, porque no fue un partido arreglado y de gentilezas, sino uno oficial en el que la selección invitada, Benín, no quiso hacer el papel complaciente sino que jugó en serio y aguantó hasta donde pudo que, salvo las tapadas del arquero (al que todos puteamos), tampoco fue tanto.
Messi siempre tan generoso hizo que otro histórico de la selección que también se despedía, Nicolás Otamendi, tenga su gol y ovación final tras asistencia de córner suyo. Le dio un pase-asistencia a Nico Paz, a quien todos vemos como su reemplazante natural en la cancha, al menos en función, nunca en el esplendor. Para completarla, Paz, que también vino a la selección de España, definió a lo Messi y en la clásica jugada del 10, esa en la que le hemos visto hacer cientos de goles con todas las camisetas que lució a lo largo de su carrera.
Para completar su entrega por la selección, Messi corrió una pelota larga, que digo larga, larguísima que se iba afuera. Fue al minuto 80, cuando el partido ya estaba decidido y el 10, como si fuera un partido mundialista, en el que se estuviera perdiendo, hizo un pique largo a sus 39 años y miles de partidos y patadas encima para evitar que se vaya del campo, dejar la pelota suspendida en la cancha, y dársela después a un compañero, luego de esquivar a un rival que, con 20 años menos y menos recorrido, llegó mucho despues de que Messi, con la punta del botín haya evitado que la pelota pierda sentido de jugada.
El discurso
Lo más importante de la fiesta despedida fue la entrega y calidad de Messi hasta el final, incluido el gol de penal que fue penal (y no uno simulado como sucede en los partidos en homenaje), pero sobre todo el discurso de casi 10 minutos que, para sorpresa de todos, incluida su familia, dio a la multitud en el monumental y a millones de personas que lo estábamos viendo por televisión en cualquier lado de la Argentina y el mundo.
Con el micrófono en la mano, Messi que el día anterior exhibió orgulloso el pin de la UBA, no solo agradeció, también se comprometió a seguir aportando desde el lugar que ahora le corresponde. De manera clara y concluyente plantó bandera en defensa de esa selección que -recordó- "hay gente que quiere ver mal y no hay que darles el gusto", enfatizó, luego de recordar que todos los logros conseguidos no fueron por su destreza, coraje y genialidad sino por el trabajo en equipo, en grupo.
Eso, junto con lo dicho sobre la UBA el día anterior, la ratificación de la defensa por la soberanía en Malvinas, con el símil trapo-sábana del partido ante Inglaterra, fueron todas señales de un Messi que se retira de la selección pero que -en su despedida- ratificó que, a su manera y tono está involucrado en la defensa de algunas cuestiones centrales del ser argentino, que hoy está amenazado por un gobierno a cuyo presidente, seguramente, no le gustó nada en que se está convirtiendo o que está mostrando Messi en el tramo final de su carrera.
Luego del retiro de otro 10 inolvidable y fundamental, los congéneres de Maradona ya sufrimos ese adiós, se abren incertidumbres varias pero, en su discurso, Messi, nos dejó la certeza de que puede y debe decirle adiós a la selección primero y al fútbol en poco tiempo, pero que en su corazón, mente y palabras serenas pero punzantes, tiene a la Argentina en el medio de su pecho y que ahora, en la etapa final de su vida de futbolista, está decidido a hablar y decir más en su defensa.
Gracias Messi por el fútbol y por esta nueva etapa en la que tanto se te necesita, incluso más que en el campo de juego.