"Viví un infierno": el hijo de Romina Yan rompió el silencio y reveló que sufrió violencia sistemática de su padre tras la muerte de su mamá
El piloto de Turismo Carretera 2000, hijo de Romina Yan y nieto de Cris Morena y Gustavo Yankelevich, relató por primera vez públicamente los episodios de violencia física y psicológica que, según su testimonio, sufrió durante su infancia. También recordó cómo su abuelo lo escuchó y lo ayudó a dejar la casa en la que vivía.
Valentín Yankelevich tiene 23 años y decidió contar una historia que, según explicó, guardó durante mucho tiempo. Hijo de la actriz Romina Yan y nieto de Cris Morena y Gustavo Yankelevich, el joven habló sobre la violencia física y psicológica que asegura haber sufrido durante su infancia por parte de su padre, Darío Giordano, y recordó el papel fundamental que tuvo su abuelo para salir de aquella situación.
En una entrevista con Infobae, Valentín explicó que durante años quiso hacer público su relato, pero que había decidido esperar por un proceso judicial y por la necesidad de proteger a su hermana menor, Azul. Ahora, con esa etapa personal diferente, sintió que era el momento de hablar y de compartir su experiencia para generar conciencia sobre la violencia contra niños y adolescentes.
Su testimonio reconstruye una infancia marcada por el miedo, el dolor y la falta de un entorno en el que pudiera sentirse seguro. También pone el foco en la importancia de que los adultos escuchen a los chicos cuando cuentan que están atravesando situaciones de maltrato.
Valentín describió un escenario de violencia cotidiana que, según contó, comenzó después de la muerte de su madre, Romina Yan, ocurrida en 2010. En aquel momento era un niño y atravesaba el duelo por una pérdida familiar que cambió su vida.
"Eran golpes, gritos, maltrato", recordó al describir la convivencia con su padre. Según su testimonio, los episodios incluían agresiones físicas, castigos y situaciones de encierro que hacían que la vuelta a su casa se convirtiera en una fuente permanente de angustia.
El joven contó que las horas que pasaba en el colegio eran un alivio frente a lo que, según describió, lo esperaba al regresar. También aseguró que había intentado expresar lo que sucedía, pero que no encontró inicialmente la ayuda que necesitaba.
Su relato expone una de las dificultades que enfrentan muchos chicos que atraviesan situaciones de violencia dentro de sus hogares: el temor a hablar, la dependencia de los adultos responsables y la sensación de que no existe una salida posible.
En medio de esa situación, Valentín destacó la intervención de su abuelo, Gustavo Yankelevich. Según contó, fue él quien finalmente escuchó lo que estaba viviendo y tomó medidas para que pudiera salir de ese entorno junto con su hermano Franco.
El joven recordó que un día se fue al colegio con algunas pertenencias en la mochila, consciente de que no quería regresar a su casa. Allí encontró a una persona dispuesta a acompañarlo y ayudarlo a denunciar lo que estaba ocurriendo.
Al hablar de su abuelo, Valentín expresó una profunda gratitud por el apoyo que recibió en aquel momento. "Mi abuelo Gustavo me salvó la vida. Él me devolvió la vida", afirmó.
Para el piloto, la ayuda no consistió únicamente en sacarlo de la casa, sino también en brindarle el afecto y la contención que necesitaba después de perder a su madre. En sus palabras, ese acompañamiento fue decisivo para recuperar la posibilidad de construir una vida diferente.
La historia también refleja la importancia de contar con adultos de confianza capaces de reconocer las señales de maltrato, escuchar sin juzgar y actuar para proteger a los chicos.
La muerte de Romina Yan, en septiembre de 2010, marcó un antes y un después para su familia. La actriz, recordada por sus trabajos en televisión y especialmente por su participación en producciones juveniles, falleció a los 36 años y dejó tres hijos.
Valentín explicó que atravesar aquella pérdida durante la infancia, en un contexto que describe como violento, tuvo consecuencias profundas en su bienestar emocional. En la entrevista también habló de pensamientos relacionados con la muerte que tuvo cuando era chico, una expresión del sufrimiento que asegura haber experimentado.
Su testimonio vuelve a poner en primer plano la necesidad de acompañar a niños y adolescentes durante los duelos, especialmente cuando existen otros factores que comprometen su seguridad y su salud emocional.
Más allá de su historia familiar, Valentín explicó que una de las razones por las que decidió hablar es la posibilidad de que su experiencia ayude a otras personas que atraviesan situaciones similares.
Su mensaje apunta tanto a los niños y adolescentes que sufren violencia como a los adultos que pueden convertirse en una vía de ayuda. El joven sostuvo que, si una persona no escucha o no cree lo que un chico está contando, es importante buscar a otro adulto que sí pueda intervenir.
La prevención del maltrato infantil requiere que las señales de violencia sean tomadas en serio y que existan mecanismos seguros para pedir ayuda. Los chicos no siempre cuentan lo que les sucede de manera directa: en ocasiones, el miedo, la vergüenza o la dependencia de quien los agrede dificultan que puedan hablar.
Por eso, escuchar sin minimizar lo que cuentan, evitar responsabilizarlos por la violencia que sufren y recurrir a los organismos de protección son pasos fundamentales para resguardar sus derechos.