La doble vara de YPF: se va de Comodoro para achicar costos, pero Adorni podría cobrar casi $100 millones mensuales
La petrolera se va de la cuenca que la vio nacer dejando un pasivo ambiental y social descomunal, se blinda con una cláusula de liberación de responsabilidad y entrega una compensación que resulta irrisoria frente a un siglo de explotación. Al mismo tiempo, la silla que conserva Adorni en su directorio podría pagarle una fortuna por cuatro horas de reunión al mes. La misma doble vara de siempre: ajuste brutal para el pueblo, privilegios desmedidos para la casta.
Hay imágenes que retratan a un gobierno mejor que cualquier discurso. Esta es una de ellas. YPF se va de Comodoro Rivadavia argumentando que sus áreas maduras ya no son rentables, que la prioridad es Vaca Muerta, que la cuenta no cierra. Y al mismo tiempo, esa misma empresa sostiene un directorio donde cada integrante podría llevarse casi $100 millones por mes por una tarea que demanda unas cuatro horas de reunión. Una de esas sillas la ocupa Manuel Adorni.
Repasemos lo que la petrolera deja en la ciudad donde, hace más de un siglo, se encontró el petróleo en la Argentina. Deja un pasivo ambiental de proporciones dantescas: según el propio municipio, hay unos 6.000 pozos perforados dentro del ejido urbano, de los cuales cerca de 3.700 figuran abandonados, muchos sellados con técnicas viejas que abren serias dudas sobre su seguridad, y otros 1.700 inactivos. Es una ciudad que creció encima de un yacimiento, con petróleo que todavía aflora en patios y terrenos. Deja, también, una herida social y laboral que la cuenca arrastra hace años, con cada retirada de la operadora golpeando sobre el empleo de la región.
¿Y qué paga YPF por desentenderse de todo eso? Una compensación ambiental de US$25 millones. No es una denuncia política: está escrito en el acta acuerdo. La Provincia firmó una cláusula de liberación de responsabilidad que blinda a YPF frente a pasivos, hallazgos, cuestiones y situaciones ambientales anteriores al traspaso. A cambio de esa compensación, Chubut acepta una salida ordenada para la petrolera y se obliga a hacer oponible esa liberación ante sus organismos dependientes y sociedades del Estado provincial. El vicegobernador Gustavo Menna admitió que el acuerdo total supera los US$80 millones, pero la cifra ambiental es esa: una limosna frente a un siglo de explotación.
El acuerdo se cerró entre YPF y la Provincia, mientras se reparten bienes y pasivos que están sobre el ejido de la ciudad. El diputado provincial Juan Horacio Pais lo definió como un "pésimo negocio" y advirtió que la Provincia recibe bienes que ya correspondían al municipio desde los años 90, a cambio de blindar a la empresa. El intendente Othar Macharashvili tuvo que intimarla formalmente. El diputado nacional Juan Pablo Luque denunció que se van dejando un pasivo ambiental y social de dimensiones incalculables. Comodoro pone los pozos, los muertos sociales y el costo ambiental; otros firman, cobran y se blindan.
Ahora pongamos del otro lado de la balanza a Manuel Adorni. Renunció a la Jefatura de Gabinete, sí, pero no a su lugar en el directorio de YPF. La diferencia no es menor: mientras fue funcionario, YPF dejó constancia de que Adorni había renunciado a sus honorarios; tras su salida del Gobierno, si mantiene la silla y revierte esa renuncia, podría quedar habilitado a percibir una remuneración millonaria. Los documentos que el directorio presentó a la asamblea de abril fijan un global que, repartido, arroja un promedio superior a los US$900.000 anuales por director, es decir, entre 80 y más de 100 millones de pesos por mes.
La oposición ya se lo está marcando: la diputada Marcela Pagano le exigió que su renuncia incluyera la salida de YPF y le preguntó si para cobrar esa silla tiene "una vara distinta", mientras el diputado Esteban Paulón calificó de "insostenible" su continuidad y habló de "retiros dorados". Hasta hoy, Adorni no soltó la silla. Y en su entorno se duda de que lo haga.
Esa es la fotografía completa. Para Comodoro, la cuenta no cierra: no hay plata para sostener la actividad, para remediar los pozos, para reparar el daño. Para la casta, en cambio, siempre aparece la plata: casi $100 millones por mes por sentarse cuatro horas. Es la doble vara a la que este gobierno nos tiene acostumbrados. Ajuste brutal para el pueblo, motosierra para los que menos tienen, y retiros dorados para los propios. La épica de la austeridad termina, una vez más, donde empiezan los privilegios de los de siempre.