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Más que un pedido: La historia de Nicolás Morales y el vacío legal que desampara a los repartidores

Mientras el joven lucha por su vida tras ser atropellado por un conductor ebrio, su madre debe costear gasas y cirugías por la falta de cobertura laboral. Un estudio advierte sobre la "falsa ilusión" de libertad en un sistema que no ofrece red de seguridad

El pasado 4 de diciembre a las 23:20, la vida de Nicolás Morales se detuvo en la intersección de la Avenida Rivadavia. Regresaba de su jornada laboral como repartidor cuando un automovilista con alto nivel de alcohol en sangre lo embistió a gran velocidad, arrastrándolo varias cuadras. Hoy, el joven representa la absoluta precariedad de quienes trabajan para plataformas multinacionales de delivery.

Un testimonio que desgarra

"Me están pidiendo insumos básicos como gasas y cintas, y no tengo de dónde sacar", relató con angustia la madre de Nicolás en ABC Radio. Su testimonio es el de una familia que enfrenta sola un proceso de recuperación costoso y doloroso. Mientras el responsable del hecho recuperó la libertad por orden judicial, la familia Morales debe gestionar cirugías de costillas y muñeca sin el respaldo de una ART o un seguro laboral por parte de la empresa de reparto para la que el joven trabajaba.

"Mi hijo es un chico sano, no toma ni fuma. Estaba trabajando y ahora nosotros estamos a la deriva", sentenció la mujer, quien agradeció el apoyo de la organización Estrellas Amarillas, el único sostén institucional que ha recibido hasta el momento.

La investigación: El "algoritmo" como patrón invisible

La situación de Nicolás no es un hecho aislado, sino la consecuencia de un modelo de negocio analizado recientemente por la Dra. Andrea Delfino, investigadora del UNL-CONICET. Su estudio internacional -que abarca desde México hasta Argentina- revela que estas plataformas operan bajo una "falsa ilusión" de flexibilidad.

Según Delfino, los repartidores se encuentran atrapados en un sistema de trabajo a destajo donde:

No existe contrato formal: Esto elimina cualquier tipo de cobertura social, jubilatoria o legal ante accidentes de tránsito.

Gestión por ranking: Aunque se vende como un trabajo "sin jefes", el algoritmo castiga o premia según la velocidad y la valoración del cliente, empujando a los jóvenes a asumir mayores riesgos viales.

Costos tercerizados: La empresa no provee el vehículo ni el seguro; en casos de accidentes graves como el de Nicolás, es la familia -o la solidaridad de la comunidad- la que debe cubrir desde los traslados hasta los insumos médicos.

"Esto le puede pasar a cualquiera: a tu hijo, a tu nieto o a tu sobrino", concluyó la madre de Nicolás, dejando un mensaje que resuena con fuerza en una sociedad donde miles de jóvenes recorren las calles cada noche bajo el mismo manto de desprotección.

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