Fue a Malvinas con los soldados, cayó prisionero y volvió a Comodoro: la historia de Mortero

La historia de Mortero, el perro de Comodoro que peleó en Malvinas, fue capturado por los ingleses y regresó como prisionero

Vivía en el Regimiento de Infantería 8 de Comodoro Rivadavia, acompañó a los soldados argentinos en la guerra, sobrevivió al frente y hasta fue subido como prisionero al buque británico Norland. Su historia, rescatada por veteranos y homenajes posteriores, sigue conmoviendo 44 años después.

En la Guerra de Malvinas quedaron grabadas historias de dolor, coraje y pérdidas que marcaron para siempre a una generación. Pero entre tantos relatos duros, también sobreviven otras memorias, más pequeñas en apariencia, aunque profundamente humanas. Una de ellas tiene cuatro patas, pelaje marrón amarillento y un nombre que todavía emociona en Comodoro Rivadavia: Mortero.

Un soldado más del Regimiento 8

Mortero vivía en el Regimiento de Infantería Mecanizada 8, con base en Comodoro Rivadavia, y había sido adoptado por el cabo primero Víctor Alberto Funes. Para los soldados no era un animal más dentro del cuartel: era parte de la rutina, de las salidas al terreno y de la vida diaria de la unidad. Cuando llegó la guerra en 1982, terminó metido de lleno en una historia impensada.

No fue llevado de manera formal ni nadie tomó la decisión de embarcarlo. El despliegue hacia las islas fue vertiginoso, pero Mortero no estaba dispuesto a ver partir a sus compañeros sin él. "Ese día nos preparábamos para ir al aeropuerto y él ya estaba acostumbrado a subirse a los camiones. Se subió al camión, llegamos al aeropuerto y en un descuido subió al avión; así llegó Mortero a Malvinas", recordó el veterano Luis Agüero. Cuando los soldados lo descubrieron ya estaban en vuelo. Para entonces no había forma de bajarlo. Sin saberlo, había comenzado su propia travesía, y también había empezado a ganarse el apodo que lo volvería inolvidable.

La historia de Mortero, el perro de Comodoro que peleó en Malvinas, fue capturado por los ingleses y regresó como prisionero

74 días en el frente

Ya en las islas, Mortero no se quedó en la retaguardia. Durante los 74 días que duró el conflicto, permaneció junto a los soldados, viajando en barco, helicóptero y camión. Compartió el frío y la humedad extrema, durmiendo en los pozos para brindar calor y acompañando patrullas bajo condiciones adversas.

Pero su rol fue mucho más que el de simple compañía. "Él era nuestra alerta temprana en los ataques aéreos y terrestres. Acompañaba a la patrulla de exploración y combate hasta el lugar donde estaba el campo minado. Él se quedaba ahí mirando el horizonte hasta que desaparecía la patrulla y después volvía a recorrer cada una de las posiciones nuestras", contó Agüero. Cuando los soldados regresaban al cabo de varios días, Mortero los esperaba en ese mismo punto y los recibía moviéndoles la cola, para luego cruzar con ellos el campo minado de vuelta.

Carlos Alberto González, veterano del Regimiento 8 y autor del libro Mortero, lo resumió sin vueltas: "Cada veterano del 8 tendrá alguna anécdota para contar, pero todos vamos a coincidir en que Mortero fue un soldado más del regimiento."

"Tiren a un soldado, pero no a Mortero"

La historia de Mortero también tiene uno de esos episodios que parecen de película pero que sobrevivieron intactos en la memoria de los excombatientes. Tras la rendición argentina, fue llevado junto a los soldados al buque británico Norland como prisionero de guerra. "Al principio, cuando nos tomaron prisioneros, los ingleses no querían traerlo y hubo como una revuelta de los soldados de los cuadros, porque él era parte de nuestra unidad. Nos permitieron traerlo con la condición de que si mordía a alguien o hacía algo, lo tiraban al mar", relató Agüero.

La respuesta de los soldados frente a la amenaza de los británicos quedó grabada para siempre: "Tiren a un soldado, pero no a Mortero." Una frase que dice todo sobre el lugar que ese perro había ganado en el corazón de la tropa.

El regreso y el último hogar

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Con el regreso al continente, Mortero no quedó en el olvido. Volvió al Regimiento 8 y, con el tiempo, fue adoptado por la familia de un oficial de operaciones. De regreso en el cuartel, los veteranos recuerdan que caminaba por la plaza de armas siempre delante de los demás, con la cabeza en alto y el paso firme, como si supiera bien de dónde venía.

Murió ya viejo en Comodoro Rivadavia, la ciudad con la que su historia quedó definitivamente unida. Tiene su propio espacio en la sala de historia del Regimiento de Infantería 8, dos monumentos -uno en el museo de Malvinas y otro en la Plaza de Armas del regimiento- y una estatua 3D junto a la bandera nacional y la insignia de las Islas Malvinas.

Porque Mortero no empuñó un arma ni figura en los partes militares. Pero para quienes estuvieron ahí, fue uno más. Y tal vez por eso, más de cuatro décadas después, su nombre sigue vivo: no solo como el perro que estuvo en Malvinas, sino como un símbolo de compañía en una guerra que dejó heridas imposibles de borrar.

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