Crisis

Otro golpe al petróleo de Comodoro: dos empresas se van y más de 150 trabajadores podrían quedarse sin empleo

Burgwardt y Expro comunicaron en menos de dos semanas que dejarán de operar en la Cuenca del Golfo San Jorge. El sindicato busca garantizar indemnizaciones y reubicaciones, pero advierte que cada compañía que se retira deja menos alternativas para sostener el empleo.

La crisis petrolera volvió a golpear a Comodoro Rivadavia con dos anuncios que encendieron las alarmas en el sector. En menos de dos semanas, Burgwardt y Expro comunicaron que dejarán de operar en la Cuenca del Golfo San Jorge y pusieron en riesgo la continuidad laboral de más de 150 trabajadores.

La situación más numerosa corresponde a Burgwardt, cuya salida alcanza a unos 125 empleados. A ellos se suman otros 28 trabajadores de Expro, que también notificó formalmente que abandonará la actividad en la región.

Aunque las desvinculaciones todavía no están completamente definidas, el escenario es delicado: entre ambas compañías hay alrededor de 153 puestos cuya continuidad dependerá de las negociaciones, de los retiros acordados y de la capacidad de otras contratistas para absorber al personal.

El secretario general del Sindicato del Petróleo y Gas Privado del Chubut, Jorge Ávila, confirmó que el gremio ya interviene en los dos conflictos. La prioridad, aseguró, será garantizar que quienes finalmente deban dejar las empresas cobren la totalidad de sus indemnizaciones y que la mayor cantidad posible de trabajadores pueda continuar dentro de la industria.

"Vamos a garantizar, por lo menos, los retiros como se tienen que hacer, con todas las condiciones que se tienen que dar, y también la continuidad de la gente. No sé si será en Burgwardt o será en otra empresa, pero vamos a tratar de que la gente tenga continuidad laboral", afirmó Ávila en declaraciones a La Voz del Sindicato.

Dos empresas menos en una Cuenca que se achica

La salida casi simultánea de Burgwardt y Expro no representa únicamente un conflicto laboral para 153 familias. También expone un problema más profundo: la Cuenca del Golfo San Jorge está perdiendo empresas capaces de competir por los contratos y de incorporar trabajadores cuando otra compañía decide retirarse.

Durante años, la existencia de numerosas contratistas permitía que parte del personal pasara de una empresa a otra cuando cambiaba la adjudicación de un servicio. Ese mecanismo se vuelve cada vez más difícil a medida que disminuye la cantidad de compañías presentes en la región.

Expro fue la primera en comunicar su salida. La decisión dejó a 28 trabajadores pendientes de una reubicación. Antes de que el gremio pudiera resolver completamente ese frente, llegó la notificación de Burgwardt y el número de empleos comprometidos aumentó de manera considerable.

"Expro ya notificó que se va. Ahí hay 28 personas para sacar. Si nosotros no tenemos cómo ubicar a esos 28 compañeros, ya empezamos a perder trabajadores", advirtió Ávila.

El dirigente recordó que otras compañías de servicios especiales, como Halliburton, Weatherford y Calfrac, también abandonaron la Cuenca durante los últimos años. De acuerdo con su diagnóstico, quedarían menos de diez empresas de ese segmento operando en la región.

La advertencia del gremio apunta al efecto acumulativo: cuando una empresa se va, no solo desaparecen sus puestos y su estructura. También se reduce la cantidad de posibles empleadores que podrían incorporar al personal afectado por futuras salidas.

"Si seguimos perdiendo empresas, lo único que hacemos es rifar quién se va y quién se queda", resumió Ávila.

Los trabajadores de base, los más difíciles de reubicar

El impacto no será igual para todos los empleados. Los trabajadores vinculados directamente con una operación o con una tarea especializada podrían tener mayores posibilidades de continuar si otra empresa obtiene el contrato y necesita conservar esos servicios.

La mayor preocupación está puesta en el personal de base: empleados administrativos, trabajadores de limpieza, seguridad y mantenimiento de instalaciones. Muchos de esos puestos no están asociados directamente con una operación determinada y, por lo tanto, no necesariamente son incorporados por la empresa que eventualmente reemplace a la contratista saliente.

Burgwardt todavía no tiene una sucesora confirmada y tampoco existe una garantía de que otra compañía absorba la totalidad de su dotación. Por eso, el sindicato evita hablar de un traspaso automático y negocia cada caso por separado.

Ávila sostuvo que el gremio no puede impedir que una empresa abandone un contrato si considera que las condiciones económicas dejaron de ser sostenibles. Sin embargo, remarcó que la salida no debería producirse descargando todo el costo sobre los trabajadores.

"Nosotros no le impedimos a una empresa como Burgwardt que se vaya. Tampoco le impedimos a ninguna de las que se quiso ir. Siempre pusimos el hombro para que salga lo mejor del área y para que la gente pueda seguir trabajando", expresó.

Indemnizar no siempre significa resolver el problema

Uno de los puntos centrales de la negociación será determinar qué trabajadores podrían aceptar un retiro y cuáles necesitan ser reubicados para conservar una fuente de ingresos.

El gremio analiza que los empleados con mayor antigüedad y cercanos a la jubilación puedan dejar la compañía mediante acuerdos que contemplen el pago completo de las indemnizaciones. Para los trabajadores más jóvenes, en cambio, esa alternativa aparece como insuficiente.

Ávila explicó que una persona con pocos años dentro de la actividad recibiría una suma que difícilmente le permita afrontar un período prolongado sin empleo. En esos casos, el objetivo será encontrar continuidad laboral dentro de Burgwardt, de la compañía que tome sus servicios o de otra contratista de la Cuenca.

"Un trabajador con tres o cuatro años de antigüedad cobra una indemnización que no le resuelve la vida. Lo que nosotros queremos es garantizar que siga trabajando. Ese es el principal beneficio que hoy podemos buscar", señaló.

La diferencia no es menor. Un retiro acordado puede resultar una opción para quien está cerca de finalizar su carrera laboral, pero representa una salida mucho más incierta para un empleado joven que construyó su experiencia dentro de una actividad altamente especializada.

Contratos más baratos y estructuras difíciles de sostener

Detrás de la decisión de Burgwardt también aparece la discusión sobre las condiciones económicas de los nuevos contratos petroleros.

Según explicó Ávila, la empresa venía atravesando una reducción gradual de actividad y personal. A ese escenario se sumaron licitaciones con valores más bajos y sin algunos adicionales que históricamente ayudaban a sostener los costos de las contratistas.

La combinación entre menor actividad, tarifas ajustadas y estructuras operativas costosas habría terminado deteriorando la ecuación económica de la compañía.

"La empresa llega a una licitación sin esos adicionales y entiende que ya no puede seguir sosteniendo esos costos todos los meses. Ahí empieza un problema mucho más grave y termina tomando la decisión de retirarse", explicó el dirigente.

El problema es que la reducción de costos puede generar un efecto en cadena. Las operadoras buscan abaratar sus contratos, las empresas de servicios ajustan estructuras o deciden retirarse y el riesgo finalmente recae sobre los trabajadores.

Una señal que excede a Burgwardt y Expro

El desafío inmediato será evitar que los 153 puestos comprometidos se conviertan en empleos definitivamente perdidos. Sin embargo, el conflicto plantea una discusión más amplia sobre el futuro petrolero de Comodoro.

La salida de dos empresas en menos de dos semanas muestra que el deterioro no se limita a una contratista con problemas particulares. La Cuenca está perdiendo prestadoras, capacidad operativa y margen para resolver los conflictos laborales mediante reubicaciones.

Por eso, el verdadero impacto no se mide solamente por los trabajadores afectados hoy. Cada empresa que cierra su base o abandona la región deja una estructura petrolera más pequeña, menos competidores por los contratos y menos lugares disponibles para quienes queden fuera de la próxima compañía que decida marcharse.

Burgwardt y Expro representan ahora el conflicto más urgente. Pero la pregunta que queda abierta es cuántas empresas pueden seguir dejando la Cuenca antes de que las reubicaciones dejen de ser una solución posible.

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