Adiós a Julio Le Parc: el maestro de la luz y el movimiento que democratizó el arte mundial
A los 97 años, falleció en París el célebre artista argentino. Pionero absoluto del arte cinético, transformó al espectador en protagonista y mantuvo su vigencia intacta hasta sus últimos días, mientras preparaba una gran retrospectiva para el Museo Tate Modern de Londres.
El universo del arte despide a uno de sus faros más brillantes e innovadores del último siglo. Julio Le Parc, el artista mendocino que conquistó París y revolucionó la escena estética internacional, falleció este sábado en la capital francesa a los 97 años. Tras más de siete décadas de una carrera prolífica y exploratoria, Le Parc deja un legado imborrable cimentado en la experimentación con la luz, el color, el espacio y, por sobre todo, el movimiento.
Su partida se produce en un momento de plena vigencia creativa: el maestro se encontraba afinando los detalles de una muestra retrospectiva que el Museo Tate Modern de Londres inaugurará en los próximos días. Desde la prestigiosa institución británica lo elogiaban con precisión:
"Le Parc quiere que los espectadores se sientan activos, de modo que sus actos de mirar y experimentar den vida a cada obra de arte. Quiere crear un arte más democrático que todos puedan disfrutar fácilmente".
De la tierra del sol al laboratorio parisino
Nacido el 23 de septiembre de 1928 en Palmira, Mendoza, Le Parc descubrió su vocación en las clases nocturnas de la Escuela de Bellas Artes de su provincia. Más tarde, en Buenos Aires, absorbió las enseñanzas de Lucio Fontana -padre del espacialismo- y se nutrió de las vanguardias del siglo XX, desde la Bauhaus hasta las composiciones geométricas de Piet Mondrian.
En 1958, gracias a una beca, armó sus valijas y se instaló en París, la ciudad que se convertiría en su hogar y su base de operaciones. Sus primeros pasos franceses transcurrieron en una humilde habitación-taller, donde la falta de espacio lo obligaba a plasmar sus ideas en hojas de cuadernos cuadriculados. Aquellos "Proyectos de color" en miniatura serían el germen de las monumentales instalaciones que luego recorrerían el mundo.
A comienzos de los años sesenta, Le Parc pateó el tablero de la tradición artística al fundar el Grupo de Investigación de Arte Visual (GRAV) junto a otros creadores. El objetivo era claro y rebelde: desafiar el mercado del arte tradicional y romper con la pintura estática. El grupo convirtió la obra en un laboratorio dinámico de efectos ópticos, luces y sombras que solo cobraba sentido cuando el público interactuaba con ella. Esta audacia lo llevó a la consagración definitiva en 1966, al obtener el Gran Premio Internacional de Pintura en la Bienal de Venecia.
Un puente entre la ciencia, la política y los pañuelos de seda
Le Parc no solo fue un científico de la percepción; también fue un hombre de su tiempo. Durante la década de 1970, alzó su voz de manera activa en contra de las dictaduras sudamericanas, demostrando que el arte abstracto y el compromiso social podían convivir en un mismo espíritu utópico.
Su capacidad para intervenir los espacios públicos de manera lúdica se volvió legendaria. En París, llegó a transformar el icónico puente de Bir-Hakeim sobre el Sena en un circuito interactivo durante "La Noche Blanca". Años más tarde, una gigantesca retrospectiva en el Palais de Tokyo atrajo a multitudes y sedujo a la refinada firma Hermès, que plasmó los dinámicos patrones de su obra La larga marcha en una exclusiva colección de pañuelos de seda.
El idilio eterno con la Argentina
Pese a residir en Europa, los lazos de Le Parc con su país natal se mantuvieron inquebrantables y se intensificaron en los últimos años a través de hitos memorables en Buenos Aires:
2014 (Muestra Le Parc Lumière en el MALBA): Una aclamada exhibición de instalaciones lumínicas de la colección Daros Latinoamérica que sumergió a los visitantes en sus característicos juegos ópticos.
La Esfera Azul (CCK): Una imponente estructura móvil de placas de acrílico que hoy domina el hall central del centro cultural y ya forma parte del patrimonio nacional.
Escultura Hacia la luz (Recoleta): Un haz vertical de aluminio blanco de 6 metros de altura ubicado en la Plazoleta Rubén Darío. Su localización estratégica, entre la opulencia de la Avenida del Libertador y la Villa 31, fue elegida por el propio artista como un símbolo de unidad social.
Al ser consultado sobre el secreto de su vitalidad y lucidez en el tramo final de su vida, Le Parc solía responder con la simpleza de los sabios: "En la medida en que el trabajo sea interesante, si a uno lo atrae y le intriga lo que está haciendo, hay curiosidad, perspectiva, resultados". Esa insaciable curiosidad es, desde hoy, su herencia eterna para la cultura global.