Apagones récord, éxodo aéreo y colapso del transporte: los daños del nuevo "paquetazo" en Cuba
El impacto ya se siente con la suspensión de vuelos internacionales, un 64% del país a oscuras y una parálisis casi total de la actividad económica y educativa.
Cuba atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Lo que para muchos era un recuerdo amargo de los años 90 regresó con una fuerza devastadora bajo la administración de Miguel Díaz-Canel. El nuevo plan de contingencia, diseñado para sostener el sistema en medio de un asedio petrolero y una infraestructura obsoleta, comenzó a generar daños profundos y visibles en el tejido social y económico de la isla.
El cielo se cierra: aerolíneas en retirada
Uno de los impactos más inmediatos y graves ha sido el aislamiento aéreo. Ante la imposibilidad del Estado cubano de suministrar queroseno en sus nueve aeropuertos internacionales, la conectividad con el exterior se está desmoronando:
Cancelaciones masivas: Las aerolíneas rusas Rossiya y Nordwind suspendieron sus rutas temporalmente.
Retirada canadiense: Cuatro compañías de Canadá cancelaron operaciones. Air Canada, específicamente, inició un operativo para repatriar a 3.000 turistas varados, enviando aviones cargados con combustible propio para poder despegar de regreso sin reabastecerse en suelo cubano.
Un país a oscuras y sin combustible
El sistema energético ha tocado fondo. Esta semana se registró el apagón más extenso de la historia oficial, dejando a más del 64% del territorio nacional simultáneamente sin electricidad. En el interior del país, los cortes de luz llegan a durar 48 horas ininterrumpidas, mientras que en La Habana promedian las 12 horas.
La escasez de combustible ha forzado medidas drásticas que han vaciado las calles:
Dólar o nada: La nafta ahora solo puede adquirirse en dólares a través de una plataforma limitada, dejando fuera a quienes solo perciben el devaluado peso cubano.
Suspensión del diésel: La venta de este combustible ha sido suspendida, lo que ha provocado la desaparición casi total del transporte público y la parálisis de la agricultura no básica.
Educación y trabajo en jaque
Los daños colaterales alcanzan a la formación de las nuevas generaciones y a la productividad. Las universidades han tenido que migrar a modalidades remotas o híbridas, el calendario escolar se ha recortado y el sector público ha reducido su jornada laboral a solo cuatro días por semana para intentar mitigar el consumo energético.
En las calles de La Habana, el término "colapso" -palabra tabú para el régimen- es el único que parece describir la realidad de una sociedad que vuelve a los tiempos del café con chícharos y la supervivencia extrema. Mientras tanto, el Gobierno responde con su receta habitual de control social y represión, en un intento por contener el descontento de una población que siente que el infierno de los 90 ha vuelto para quedarse.







