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Después de 5 años, en Chaco condenaron a un hombre por abusar brutalmente de un niño

El hombre fue condenado a 38 años de prisión por abusar de un joven de 7 años y destruirle el intestino.

Omar Alberto Verón fue condenado a 38 años de prisión. En el año 2014, obligó a su hijo, que entonces tenía 15 años, a violar a otro joven de 7. Luego lo hizo él. Santi quedó internado en el Hospital Garrahan de Buenos Aires. “En vez de estar preso el tipo que me hizo esto, estamos presos nosotros", le decía el niño a su madre.

Verón fue hallado culpable del delito de abuso sexual gravemente ultrajante, en concurso ideal con corrupción de menores agravada por el vínculo ascendiente, en concurso real con abuso sexual con acceso carnal agravado por el grave daño a la salud física y psíquica del sujeto pasivo y con la participación de un menor de edad.

Mirta, que volvió a Resistencia para presenciar el juicio, concedió: "Con la condena estamos un poco aliviados. Queremos que nuestro hijo esté bien. Poner nuestras fuerzas en que salga adelante". Su hija mayor, de 26 años, se quedó en Buenos Aires con Santi. Mirta y su marido tienen nueve hijos: seis mujeres y tres varones.

"Hace un año recién empecé a volver a mi casa, no me animaba a dejar a mi hijo. Ahora hace un mes y medio que estoy acá por el juicio. Las hermanas o yo siempre estamos con él. Mi marido trabaja acá y cuida a los demás", relata la mamá.

"La idea de los médicos hace unos meses era que viniera para acá a esperar el trasplante porque estaba bien, pero le agarró un virus, estuvo en terapia, después mejoró, y luego le agarró neumonía. Estuvo tres días en el Hospital Italiano, donde le estuvieron haciendo estudios, tienen que hacerle un tratamiento para que pueda crecer, sus huesos están muy débiles, tiene que reponerse para entrar a la lista de espera de trasplante de intestino. Tiene 12 años y pesa 23 kilos. Ahora está en una habitación en el Garrahan donde se maneja como en su casa. Todos lo conocen. Es muy querido", contó.

"Nos cambió la vida por completo. Era nuestro vecino de toda la vida. Nos saludábamos y nada más, nuestros hijos jugaban con los de él, que tiene ocho, en la vereda. Ese día uno de los hijos del tipo lo alzó y lo llevó adentro", dice Mirta, quien prefiere no dar detalles, porque le genera mucho dolor.

Santi no es su verdadero nombre. "A mí no me avergüenza lo que me hizo, no es mi culpa", le reclama a su mamá cuando ve que lo llaman así, pero la familia hace caso al consejo de los médicos y los abogados de mantener su identidad en reserva.

El miedo de su mamá es que con el cambio de gobierno en la provincia no los ayuden, porque necesita acondicionar la casa para que su hijo pueda regresar luego del trasplante.

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