El Gobierno argentino ordena al jefe de la misión iraní abandonar el país
En una medida de máxima gravedad, la gestión de Javier Milei declaró "persona non grata" al encargado de negocios iraní y le otorgó 48 horas para salir del país. El conflicto escaló luego de que la Casa Rosada calificara a la Guardia Revolucionaria como organización terrorista
La relación bilateral entre la República Argentina y la República Islámica de Irán ha quebrado su último punto de retorno. En una decisión de alto impacto geopolítico, el Gobierno nacional, encabezado por el presidente Javier Milei, oficializó este jueves la expulsión del Sr. Mohsen Soltani Tehrani, quien se desempeñaba como Consejero y Encargado de Negocios ad interim de la embajada iraní en Buenos Aires.
La medida, comunicada formalmente por el canciller Pablo Quirno, invoca el artículo 9 de la Convención de Viena de 1961, el cual faculta a los Estados a retirar el estatus diplomático a un representante extranjero sin necesidad de justificaciones adicionales. Según el texto oficial, Tehrani dispone de un plazo perentorio de 48 horas para abandonar el territorio nacional.
El detonante: acusaciones y advertencias de Teherán
La drástica respuesta argentina es una reacción directa a la virulenta retórica empleada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán 24 horas antes. El régimen teocrático había calificado como una "ofensa imperdonable" la decisión de la Argentina de incluir a la Guardia Revolucionaria en el listado de organizaciones terroristas, vinculándola con los atentados contra la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994).
En aquel comunicado, Irán no solo tildó la medida de "error estratégico", sino que advirtió que la misma generaría "responsabilidad internacional" para el Estado argentino, acusando a Milei y a sus ministros de ser "cómplices de crímenes" y de actuar bajo la influencia de los Estados Unidos y el "régimen sionista".
La respuesta de Cancillería
Frente a lo que el Palacio San Martín calificó como una "inaceptable injerencia en los asuntos internos", la administración de La Libertad Avanza decidió cortar los lazos operativos. La Cancillería argentina sostuvo que el discurso de Teherán contenía "acusaciones falsas, ofensivas e improcedentes", además de una "tergiversación deliberada" de las leyes nacionales.
Asimismo, el Gobierno recordó la histórica deuda de Irán con la justicia local: "La situación se suma a la persistente negativa de la República Islámica de Irán a cooperar con la Justicia argentina en la investigación del atentado contra la AMIA", reza el comunicado, haciendo hincapié en que el país persa continúa designando en altos cargos a personas con pedidos de captura internacional por terrorismo.
Alineamiento geopolítico
Este choque diplomático ocurre en un contexto de extrema sensibilidad global. Mientras Israel y Estados Unidos mantienen una ofensiva militar contra activos iraníes en Medio Oriente, el Gobierno argentino ha decidido abandonar cualquier rastro de neutralidad, alineándose de forma explícita con Washington y Jerusalén.
La expulsión del principal diplomático iraní en Buenos Aires no es solo un trámite administrativo; es la confirmación de que la Argentina ha decidido elevar la confrontación con Teherán a un plano operativo, cerrando las puertas a cualquier diálogo mientras el régimen no responda ante la justicia por los ataques perpetrados en la década de los 90.








