Femicidio

Octubre trágico: se registra un femicidio cada 30 horas y advierten una "emergencia" por violencia de género

Organizaciones advierten sobre una profundización de la emergencia social y económica. En lo que va del año, ya son 239 las víctimas fatales y 179 niños, niñas y adolescentes quedaron sin madre.

La gravedad de la violencia de género en el país vuelve a encender todas las alarmas. Según los datos difundidos por el Observatorio Nacional "Mujeres, Disidencias, Derechos" de Mumalá, el mes de octubre cerró con un saldo alarmante de 36 crímenes de odio, posicionándose como el "peor octubre" en la materia desde el año 2022.

Con un total de 239 femicidios contabilizados entre el 1 de enero y el 30 de octubre, las estadísticas oficiales y de organizaciones sociales revelan una trágica constante: una mujer muere cada 30 horas en contexto de violencia machista en la Argentina. Del universo total de casos registrados este año, 177 corresponden a femicidios directos.

Un impacto social devastador y multiplicidad de contextos

La dimensión de la crisis no solo se mide en víctimas fatales, sino también en las devastadoras secuelas que deja en el tejido social. En lo que va del año, los intentos de asesinato por razones de género ascienden a 728, mientras que 179 niños, niñas y adolescentes quedaron huérfanos tras perder a sus madres. En la última década, los informes acumulados ya suman 3.231 casos en todo el territorio nacional.

El relevamiento detalla además la intersección de la violencia de género con problemáticas socioeconómicas actuales. Desde el observatorio señalaron que la vulnerabilidad económica se profundiza de manera crítica sobre mujeres y disidencias sexogenéricas, traduciéndose en una alarmante pérdida del poder adquisitivo, endeudamiento, pluriempleo y una sobrecarga física y mental que genera profundos niveles de estrés, preocupación y agotamiento.

Dentro del desglose de los crímenes del corriente año, las modalidades de agresión más frecuentes fueron el uso de armas blancas y de fuego (ambas con un 28%), seguidas por los golpes (11%), la asfixia (10%) y otras formas (16%), mientras que un 7% de los casos no pudo determinarse. En cuanto al espacio físico, el 59% de los crímenes ocurrieron dentro de la vivienda de la víctima, lo que ratifica que el hogar continúa siendo el lugar más peligroso para las mujeres en situación de violencia.

El informe también detalla las diversas aristas de estas muertes:

  • 62 casos fueron caratulados como femicidios indirectos.

  • 23 víctimas eran niñas y adolescentes menores de 18 años.

  • Al menos 3 mujeres se encontraban embarazadas.

  • El 41% de las víctimas eran madres.

  • Se registraron 8 trans/travesticidios, 10 suicidios feminicidas y 20 crímenes en contexto de narcotráfico y crimen organizado.

  • Hubo 1 crimen de odio y 9 muertes violentas asociadas al género.

Fallas en la protección y perfil de los agresores

Uno de los datos más sensibles recae en la ineficacia de las medidas de protección vigentes antes del desenlace fatal. De acuerdo con el relevamiento, apenas el 12% de las asesinadas había denunciado a sus agresores y el mismo porcentaje contaba con un botón antipánico activo. Si bien el 75% disponía de una orden de restricción de acercamiento, las medidas demostraron ser insuficientes para salvarles la vida.

En lo que respecta a los victimarios, la radiografía social indica que el 29% convivía con su víctima. Tras cometer el hecho, el 31% intentó escapar, el 16% continúa prófugo, el 14% se suicidó y el 13% lo intentó. Asimismo, se detectó que el 12% de los agresores poseía antecedentes penales, el 6% pertenecía a las fuerzas de seguridad y el 11% terminó asesinando a una tercera persona. La edad promedio de los homicidas se ubica en los 36 años.

Casos emblemáticos que exponen la vulnerabilidad

Para visibilizar la complejidad de la problemática, desde Mumalá recordaron historias recientes que conmovieron al país:

  • Nanci Godoy: Maestra rural en Corrientes que estuvo desaparecida durante 20 días en un paraje de difícil acceso, tras haber denunciado las precarias condiciones en las que aprendían las infancias.

  • Débora, Bárbara, Tatiana y Daniela: Mujeres que ejercían el trabajo sexual y fueron víctimas de femicidio. Ante el intento de ciertos sectores de instalar la idea de un "femicicida serial", desde las organizaciones reclamaron menor estigma, mayor protección y el cumplimiento efectivo de derechos.

  • Natalia Giménez: Asesinada en Rosario en un crimen vinculado a redes de prestamistas que la hostigaban por deudas con intereses usurarios.

Ante este panorama desolador, las organizaciones ratifican el estado de emergencia por violencia de género en el país, exigiendo al Estado políticas públicas urgentes, presupuesto adecuado y una respuesta judicial y social eficaz que detenga la escalada de crímenes.

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