Tragedia en el Jockey Club: un rayo fulminó a cuatro yeguas de polo en plena cancha
El cielo se cerró de golpe en plena mañana y una descarga eléctrica fulminante mató en el acto a los animales que esperaban para entrenar. No hubo que lamentar víctimas fatales humanas de milagro, aunque un petisero debió ser hospitalizado. El dramático video que se viralizó.
Venía amagando con desacomodarse el tiempo, pero nadie imaginaba este desenlace. Una mañana que había arrancado con sol se transformó en cuestión de minutos en una postal de tormenta cerrada, de esas que meten miedo. Y lo que pintaba como una práctica más de polo en el prestigioso Jockey Club de San Isidro terminó convirtiéndose en una tragedia insólita y trágica.
Cuatro yeguas de alto valor -propiedad del polista Alejandro Checchi- murieron este miércoles por la mañana tras ser alcanzadas de lleno por un rayo. Los animales estaban atados a un poste en la cancha 6, ubicada bien en el centro de la emblemática pista del hipódromo, a la espera de calentar motores para el entrenamiento. El impacto fue tan brutal que las mató en el acto.
Del sol a la oscuridad y el impacto letal
Lo que más indignación y desconcierto generó en el ambiente es lo repentino del fenómeno. Según confiaron fuentes allegadas al caso, el sector de golf de la entidad cuenta con un sofisticado sistema de radares de última generación para detectar tormentas eléctricas -un peligro constante para esa disciplina por los palos metálicos-. Sin embargo, el radar jamás emitió alerta alguna.
El cielo se puso negro de un segundo para el otro y se desató la descarga aislada. El rayo pegó de lleno sobre un cable de acero cercano, canalizando una energía letal hacia los animales. El saldo fue devastador: las cuatro yeguas cayeron sin vida casi sin dar tiempo a nada.
El momento posterior quedó registrado en crudas imágenes que tardaron pocos minutos en volverse virales en las redes sociales. En el video se puede ver a uno de los peones recorriendo la escena con desesperación: se acerca a los cuerpos, les toca los menudillos para chequear si quedaba un hálito de vida y hace un paneo donde se aprecian restos de maderas y telas destrozadas por la onda expansiva y los fuertes vientos previos.
Milagro para los trabajadores y un antecedente chaqueño
De milagro, la tragedia no incluyó vidas humanas, aunque el susto fue monumental. Uno de los petiseros -los encargados del cuidado diario, la higiene y el entrenamiento de los ejemplares- sufrió una fuerte descompensación nerviosa y física a raíz del impacto y tuvo que ser derivado de urgencia a un centro de salud de la zona para su atención.
Los accidentes fatales por rayos en predios urbanos o deportivos de esta magnitud no son moneda corriente, precisamente por el despliegue de pararrayos y estructuras de protección. Sin embargo, el hecho inevitablemente retrotrae a episodios dramáticos de la naturaleza, como el ocurrido meses atrás en el interior profundo de la provincia de Chaco, en la zona rural de Charata, donde una descarga sobre un alambrado fulminó en simultáneo a 31 vacas.
Hoy, el lujo y la tradición del polo sanisidrense mastican bronca y lloran a cuatro animales en una mañana que, tranquilamente, pudo haber terminado en una catástrofe todavía mayor.








