Buenos Aires

Infierno químico y esclavitud en Buenos Aires: la trágica muerte de un joven misionero destapó una red de trata con 14 rescatados

Vivían, comían y dormían hacinados sobre residuos altamente tóxicos en un galpón clandestino de Tortuguitas. Trabajaban jornadas extenuantes de 12 horas desarmando baterías sin ningún tipo de protección, expuestos a niveles letales de plomo.

Una muerte aberrante y evitable sacó a la luz uno de los casos más escalofriantes de precarización extrema y trata laboral de los últimos tiempos en la provincia de Buenos Aires. Todo comenzó a investigarse tras el trágico fallecimiento de un muchacho de apenas 20 años, oriundo de Misiones, cuyo cuerpo colapsó debido a un fulminante envenenamiento por plomo en sangre. Las pericias médicas revelaron un dato aterrador: el joven tenía en su organismo 122,8 microgramos de plomo por decilitro, una cifra espeluznante que cuadruplica el límite máximo legal permitido para operarios industriales expuestos.

A partir de este deceso y de los informes preliminares de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo sumados al testimonio clave de un familiar, la maquinaria estatal se puso en marcha. El 13 de octubre, la Subsecretaría de Inspección del Trabajo formalizó la denuncia ante la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX), dando pie a un operativo cerrojo que terminó con el hallazgo de un verdadero campo de concentración clandestino en la localidad de Tortuguitas, partido de Malvinas Argentinas.

Un galpón de la muerte: jornadas de 12 horas y exposición tóxica total

El despliegue, concretado este viernes por agentes del Ministerio de Trabajo bonaerense, la Policía Federal Argentina (a través de Delitos Ambientales), la Coordinación Nacional de Rescate y Acompañamiento a Víctimas, el SIES y el CEPROTOX, dejó al descubierto dos establecimientos dedicados al desguace y fundición clandestina de baterías.

Lo que los inspectores encontraron en el interior del predio no declarado superó cualquier pesadilla: 14 personas fueron identificadas como víctimas directas de trata con fines de explotación laboral. Los trabajadores cumplían turnos infrahumanos de 12 horas diarias manipulando plomo y ácido sin guantes, barbijos ni indumentaria adecuada. Pero lo más indignante era su condición habitacional: comían, dormían y hacían su vida cotidiana en el mismo piso del galpón, respirando y pisando residuos tóxicos de óxido de plomo de manera permanente.

Tras constatar los aberrantes indicios de reducción a la servidumbre, las autoridades labraron las actas de rigor y las 14 víctimas fueron inmediatamente derivadas a los programas nacionales de asistencia y contención psicológica y sanitaria.


Fuente: TN

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