Política

Huevos al plato

Análisis de Saúl Gherscovici.

Saúl Gherscovici

El presidente de la Nación, Javier Milei, acaba de protagonizar otro hecho inédito al acompañar, con todo el gabinete y las figuras más poderosas del gobierno, al "deslomado" Jefe de Gabinete Manuel Adorni a dar a su obligada comparecencia en la Cámara de Diputados.

A partir de este error de concepción del ejercicio del poder, ya que no es el presidente quien debe respaldar a un funcionario sumamente cuestionado, el oficialismo montó un show con el que buscó convertir en heroico algo que, decididamente, no debió ocurrir porque, como habitualmente se dice: "en un país normal" y con las claras evidencias de enriquecimiento ilícito, Adorni hubiese sido desplazado en lugar de haber arrastrado a todo el gobierno a la peor situación, en lo que respecta a imagen y credibilidad, desde que en diciembre del 2023 asumió el poder.

En su exposición, el jefe de Gabinete volvió a cargar las tintas sobre el kircherismo, al que luego de casi tres años le siguen echando la culpa de todo, falseó datos e intentó retomar esa pose bien "coucheada" (hay que darle un mérito a su señora), con la que pretende, desde una posición de impoluto que ya no puede sostener, cambiar el eje de discusión e imponer sobre la dura realidad un relato que ya está desgastado.

En el momento de las preguntas, Adorni en la práctica y como hacía en las diarias conferencias de prensa, en las que era amo y señor, no contestó ninguna y dejó, otra vez, más dudas que certezas, desaprovechado otra oportunidad para mostrar su declaración jurada, cómo pagó sus viajes y de qué manera, con tan pocos ingresos oficiales, pudo comprar sus nuevas propiedades.

El Milei de siempre

El presidente, además de disfrutar del show armado y la confrontación directa con los diputados de Unión por la Patria y la izquierda, se fue de la Cámara de Diputados insultando, una vez más, a los periodistas a los que, en lugar de contestar sus preguntas, los acusó de chorros y corruptos. Mientras tanto, dicho sea de paso, la sala de prensa de la Casa Rosada sigue cerrada.

Ya que al presidente le gusta la Biblia, podemos decir, con dolor, que nuevamente no hubo nada nuevo bajo el sol.

Antes del show en Diputados, al que el ingenioso diputado por el socialismo santafesino Esteban Paulón llevó y repartió pochoclo, Milei también había derrapado en sus exposiciones en la Fundación Libertad y posteriormente en la charla sobre Keynes.

El lunes, el presidente dejó en estado de "¿Qué dice?" a todo el mundo cuando, después de presentarse como el más perjudicado por el ajuste sobre el sector público, arrojó su rara pregunta sobre si a los huevos, que dice que ahora se consumen todo el día, se le ponen o no mermelada.

El martes, en el CCK renombrado Palacio Libertad, luego de despotricar sobre Keynes, el presidente se enojó cuando desde el público, que cada vez es menos, se le preguntó qué estaba pasando con la inflación que, lejos de desaparecer como prometió ya es igual a la que existía durante la gestión de Cristina Kirchner, aunque en aquel momento la producción y el empleo estaban a tope.

"No es el momento ni el lugar", repitió como en un mantra Milei, que cada vez que repetía la frase más se desencajaba, hasta solicitó la intervención "del profe" Juan Carlos De Pablo, que volvió a poner la exposición en los carriles establecidos.

Sin trabajo, sin paz, sin libertad

Mientras Milei sigue con su duda sobre la mermelada en los huevos, si está claro que su imagen se va cayendo estrepitosamente al coincidir los efectos de su plan económico con los hechos de corrupción, que fueron agotando la paciencia a muchos que lo eligieron en el 2023 y lo volvió a respaldar en las intermedias del año pasado, y reactivó la reacción de los que nunca le creyeron ni apoyaron, pero le dieron el necesario (tal vez un poco más) tiempo de gracia.

Más allá de la irreal estadística oficial, y si bien es cierto que nunca el 1 de mayo es un día de festejo, está claro que decididamente en esta ocasión no hay absolutamente nada que festejar. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) precisó que, desde que Milei, asumió la presidencia "se perdieron entre 276.000 y más de 300.000 puestos de trabajo, con un fuerte impacto en la construcción y la industria. La caída afectó principalmente al empleo privado, registrándose una pérdida de casi 30 empresas por día", se indicó.

A esa sangría de empleo, producción y consumo (un 5.1% interanual según Scentia), hay que agregarle el otro doloroso dato de la realidad que es que aquellos que aún tienen un trabajo oficial y en blanco debieron sumar otro más o algunas changas para, en reglas generales, llegar luego de tanto sacrificio al 20 de cada mes y habiendo dejado gustos y en muchos casos hasta comidas de lado.

La dura crisis que generó el plan económico y social de Milei ya se nota claramente en Chubut en general y en Comodoro Rivadavia en particular, que ya no tiene, tras el retiro de YPF y el imán de Vaca Muerta, esa vitalidad petrolera que le permitía ser casi una isla a salvo en medio de los tsunamis que producen los modelos, como el actual, que no tiene ni a la gente ni a la producción nacional como el centro de su gestión y búsquedas.

Las protestas, que pasaron por arriba de algunos dirigentes sindicales que continúan apostando a que la cosa pase, se van produciendo con frecuencia casi diaria. La reacción de la gente en las calles, junto con las ollas populares que volvieron también a ser parte del duro paisaje, reflejan que la mayoría de los argentinos no pueden seguir aguantando un modelo económico que, como las otras veces que se aplicó, no deja de fracasar, al menos en términos sociales, nacionales y populares. Que, sean cuales sean las concepciones ideológicas, deberían ser los objetivos de los gobernantes de turno.

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