Pol韙ica

Que el carancheo no impida ni tape la justicia

An醠isis de Saul Gherscovici.

Sa鷏 Gherscovici
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El asesinato de Angel es uno de los hechos m醩 duros y conmocionantes de los 鷏timos tiempos de Comodoro Rivadavia que, desgraciadamente, ya carga este solo a駉 con varios homicidios desgarradores y posiblemente evitables, entre ellos el de Valeria Schwab, que se suman a los ocurridos y a las desapariciones a鷑 no cerradas del a駉 pasado.

En la audiencia de detenci髇 de los imputados, los Fiscales y la propia autoincriminaci髇 de Maicol Gonz醠ez, dejaron en claro y reconocieron casi con certeza, solo ser tal cuando la justicia lo dictamine, lo que ocurri con el ni駉 de 4 a駉s, que en estos 5 meses estuvo viviendo en un lugar hostil porque a las carencias materiales se le sumaron lo que no le debe faltar a un ni駉: el cari駉 y la protecci髇: esos que ten韆 en su hogar anterior, en el que fue criado desde que ten韆 3 meses, cuando fue abandonado por su madre biol骻ica.

Las graves fallas de la justicia

Si bien en el juicio que comenz a desarrollarse con la audiencia de detenci髇, en la que el juez Alejandro So駃s acept con toda l骻ica y fuerza la prisi髇 preventiva solicitada sobre los imputados por los fiscales Facundo Oribones y Cristian Olazabal, en otra instancia deber analizarse todo lo que fall en el sistema judicial para que Angel, pase de un hogar a vivir en precariedad y en peligro en una vivienda, en donde nunca fue tenido en cuenta y solo sufri las agresiones y olvidos, que derivaron en este cruel final.

Decimos en otra instancia, m醩 all de que los errores o negligencias cometidos bien puedan abordarse en este juicio, porque las mismas deber醤 juzgarse en otro u otros, en los que jury mediante, se analice el rol que cumpli el Juez de Familia, la psic髄oga y los asistentes sociales intervinientes de un sistema que, como sucede con varios o la totalidad de los estamentos judiciales y provinciales, estaban desbordados, con poco personal y una demanda creciente ante la situaci髇 social que vive el pa韘 en general y la ciudad en particular.

Ese desborde, basado en falta de personal y presupuesto, no es excusa ni atenuante para los profesionales que fallaron, pero si es necesario recordarlo porque ya varias veces y desde el propio sistema judicial se encendieron las alarmas y se hicieron los reclamos sobre una situaci髇 que era incontenible y que ni el Servicio de Protecci髇 de Derechos, ni el Superior Tribunal de Justicia escucharon y atendieron.

Ahora, luego del homicidio de Angel, el Superior dispuso la intervenci髇 del Equipo T閏nico Interdisciplinario -ETI- de Comodoro Rivadavia, el organismo judicial que asiste a los juzgados de Familia y violencia de g閚ero, integrado por psic髄ogos y trabajadores sociales. Su funci髇 principal es evaluar situaciones de riesgo, violencia familiar y ni馿z, elaborando pericias e informes t閏nicos. Es decir todo lo que fall en la restituci髇 del ni駉, que a los llantos dec韆 que se quer韆 quedar con su mami, que no era Mariela (la biol骻ica) sino claramente Lorena, la madre del coraz髇.

Los caranchos

Estamos ya acostumbrados a que ante algunos hechos, generalmente son desgracias como inundaciones, temporales y algunas muertes, aparezcan esos caranchos que est醤 siempre revoloteando para sacar r閐ito sobre estas situaciones dolorosas. Ingenuamente algunos, entre los que me incluyo, pens醔amos que con Angel y el dolor de su familia no se iban a meter. Nos equivocamos porque nos olvidamos que los caranchos, algunos vistiendo ropa elegante y bien acompa馻dos, o desde redes y medios de comunicaci髇 ignoran el dolor y no dudan en mezclar todo en pos de su objetivo, que puede ser m醩 fama, r閐ito comercial o pol韙ico.

Nos olvidamos de la explicaci髇 que el escorpi髇 le dio a la rana luego de picarla mortalmente, pese a que lo estaba salvando. La naturalaza de los caranchos es sobrevolar y comer cad醰eres, sin importar edades ni lugares ni circunstancias.

Una vez m醩 utilizamos mal los ejemplos que nos da la naturaleza, porque el carancho (las verdaderas aves de rapi馻) tienen ese modus operandi para sobrevivir y alimentarse. Los seres humanos, a los que se los bautiza de esa manera, no buscan alimento sino sangre que les sirva por una cuesti髇 econ髆ica, de crecimiento de imagen, o de c醠culo pol韙ico.

Y esto, lamentablemente, se vivi sobre el doliente cad醰er de Angel, sobre el que se subi, inexplicablemente, el ataque al feminismo, a los Derechos Humanos, y los intereses y apetencias pol韙icas del 2027. Sobre el cuerpito doliente de un ni駉 de cuatro a駉s se apalanc el discurso de odio, que a esta altura y m醩 all de ser peligroso se puede llegar a naturalizar (no justificar) desde las redes y por autores an髇imos, pero no de quienes toman (a conciencia) datos falsos y los extrapolan para vincular el homicidio del ni駉 con una campa馻, que la definici髇 de sucia le queda chica, de caras a las elecciones adelantadas del a駉 pasado como le pas al actual diputado nacional y ex intendente Juan Pablo Luque.

Que el carancheo no impida ni tape la justicia

A 閟te se lo sindic mediante una campa馻 con aparatos medi醫icos muy fuertes, proliferados en todas las redes sociales, de tener responsabilidad en el hecho por haber designado a Jenifer Leiva, una de las psic髄ogas apuntadas por haber intervenido en el caso 羘gel. Dicha designaci髇 en 2022, hace cuatro a駉s atr醩, fue el resultado de un concurso municipal abierto, para incorporarse al Servicio de Protecci髇 de Derechos, organismo mixto municipal y provincial. El concurso fue ganado por la dicha psic髄oga luego de haber sido evaluada por profesionales t閏nicos adecuados, sin intervenci髇 de las autoridades pol韙icas, entre ellos Luque que era el intendente, que solo firmaron la resoluci髇 final con el orden de m閞ito emitido por las 醨eas correspondientes. No tiene l骻ica establecer responsabilidad alguna del intendente de haber designado a una profesional que no ten韆 antecedentes negativos, por su intervenci髇 en un hecho cuatro a駉s despu閟, cuando Luque ya no est en funciones. En todo caso, ser la justicia quien dictamine si tanto Leiva, como los profesionales del ETI y los sindicados por parte del Juzgado de Familia, entre ellos el juez Pablo P閞ez, tuvieron una incidencia dolosa o negligente con responsabilidad final en la muerte de 羘gel.

Demasiado odio que, como siempre sucede en estos casos, deja a las claras que se utiliza la indignaci髇 y el genunino reclamo de justicia para otros intereses subalternos, nunca colectivos, y que no sirven para, una vez consumado este triste caso, podamos hacer algo como sociedad para evitar que la justicia, los profesionales, y los organismos de protecci髇 no vuelvan a fallar para que nunca m醩 tengamos otro 醤gel.

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