Energía

Los parques eólicos de Chubut ya "tiran" energía: el sistema no puede transportar toda la que generan

Nueve de los diez parques que más recortaron producción en el país durante marzo (el mes récord) están en Chubut. Mientras la provincia proyecta sumar nuevos desarrollos como El Escorial, las líneas de alta tensión ya no alcanzan para sacar la energía que producen los que están en funcionamiento.

Los parques eólicos de Chubut están dejando de producir energía que perfectamente podrían generar. No por falta de viento ni por fallas en los molinos, sino porque las líneas de alta tensión que deben llevar esa electricidad hacia el resto del país ya no dan abasto. Cuando el sistema no aguanta, la orden es una sola: bajar la generación. El molino frena, las palas se ponen en bandera y el viento pasa de largo sin convertirse en electricidad.

En la jerga del sector lo llaman curtailment (reducción de despacho), y los números muestran que a Chubut le pega más que a ninguna otra provincia productora de viento. De los diez parques eólicos que más recortaron su entrega en el país durante marzo (el mes con mayor reducción de todo el período medido por Cammesa), nueve están en territorio chubutense.

El que más recortó en términos relativos fue Diadema II, en Comodoro Rivadavia, que dejó de inyectar un 39% de lo que podía generar (3.843 MWh). Lo siguen Chubut Norte II, cerca de Puerto Madryn (un 20%), Kosten (11%), Diadema (10%), Malaspina I (9%), Manantiales Behr, también en Comodoro y operado por YPF Luz (8%), Chubut Norte III (7%), Garayalde (6%) y Rawson III (4%). En volumen, el que más perdió fue Manantiales Behr, con 4.020 MWh que se quedaron sin despachar. El único de los diez que no es de Chubut es Bicentenario II, en Jaramillo, Santa Cruz.

 Marzo fue además el peor mes desde 2020, el último año con datos disponibles. En todo el país los parques renovables tuvieron que dejar de entregar 91.580 MWh que tenían disponibles, casi el triple de lo recortado en marzo del año anterior. Una parte importante de ese recorte se concentró en la Patagonia, la región que durante siete de los trece meses analizados fue la más castigada del país.

Hay una razón estructural detrás. Chubut concentra alrededor del 40% de la potencia eólica instalada del país, así que cuando el sistema obliga a recortar generación variable (que es la única que se reduce: ni la hidroeléctrica de Futaleufú ni la generación térmica entran en ese cálculo), los parques de viento chubutenses son los que más lo sienten. A eso se suma la estacionalidad que describe Cammesa: el recorte de los parques eólicos tiende a concentrarse en otoño e invierno, mientras que en primavera y verano el que más se recorta es el solar. Y hay un problema de fondo de geografía eléctrica: la provincia genera lejos de los grandes centros de consumo, que están en Buenos Aires y el centro del país. Buena parte de esa energía tiene que viajar hacia el norte por las mismas líneas de alta tensión que ya están saturadas. La que no entra en la red, simplemente no se produce.

Y lo que no se despacha, en la mayoría de los casos, no se cobra. Es inversión instalada y financiada rindiendo por debajo de su capacidad real, solo porque no tiene por dónde salir. Capacidad ociosa, en estado puro.

El dato abre una tensión con los planes de la provincia. El gobierno viene empujando el parque El Escorial (200 MW en el departamento Gastre, una inversión cercana a los US$400 millones con capitales chinos y enmarcado en el RIGI) como buque insignia de la autosuficiencia energética. Y ahí hay una pista que vale leer entre líneas: el proyecto no está pensado para volcar energía al sistema nacional, sino para abastecer hasta el 80% de la demanda provincial y electrificar localidades de la meseta hoy desconectadas. Que la apuesta más grande de Chubut apunte al consumo propio, y no a exportar al SADI, dice mucho sobre el estado de las líneas que deberían sacar esa energía hacia el resto del país: las mismas que hoy ya obligan a los parques en funcionamiento a recortar.

Existe energía que hoy se pierde y que en teoría podría aprovecharse, ya sea con almacenamiento en baterías (que el país casi no tiene desplegado) o produciendo hidrógeno a partir del viento, un camino que Chubut llegó a explorar hace años en Diadema. Pero sin líneas para evacuar la producción ni almacenamiento a escala, el viento sigue soplando y la energía sigue sin llegar a ningún lado.

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