EE.UU

Mató a sus tres hijos y descubren que su psiquiatra la atendía por videollamadas de 25 minutos: el caso que expone la crisis de salud mental en EE. UU.

El juicio contra Lindsay Clancy revela desgarradores mensajes de auxilio y un cóctel de fármacos que no evitaron la tragedia. La defensa califica de "indiferente" al sistema médico, mientras la fiscalía insiste en un triple homicidio premeditado.

El escalofriante crimen de tres hermanos a manos de su propia madre en Duxbury, Massachusetts, ha dejado de ser solo un proceso penal para convertirse en un crudo espejo de las deficiencias de la atención psiquiátrica en Estados Unidos. A medida que avanza el juicio contra Lindsay Clancy, la revelación de las fichas médicas, chats de emergencia y testimonios de sus tratantes exponen cómo el deterioro de la mujer ocurrió a la vista de múltiples profesionales que no supieron o no pudieron evitar el colapso.

Clancy, de 35 años y exenfermera de partos, enfrenta cargos de asesinato por estrangular a sus hijos Callan (8 meses), Dawson (3 años) y Cora (5 años) el 24 de enero de 2023. Instantes después del ataque, intentó quitarse la vida arrojándose desde un segundo piso, lo que le provocó una lesión medular irreversible. Mientras la fiscalía busca una pena de cadena perpetua sosteniendo que hubo premeditación, la defensa intenta probar que la acusada es inimputable debido a un cuadro de psicosis posparto y trastorno bipolar no diagnosticado que la llevó a escuchar voces.

"Un robot que solo cumplía trámites"

El centro del debate judicial se ha desplazado hacia la calidad de la atención médica que recibió la acusada. Durante los interrogatorios, el abogado defensor Kevin Reddington arremetió contra la Dra. Jennifer Tufts, la psiquiatra de cabecera que atendió a Clancy desde septiembre de 2022 hasta apenas 24 horas antes del crimen.

La defensa reveló que la atención se limitó a sesiones virtuales de solo 25 minutos, donde se priorizó el llenado de formularios digitales y la prescripción rotativa de un pesado "cóctel" de fármacos por sobre la terapia profunda o la evaluación presencial. Reddington llegó a tildar a la profesional de actuar como un "robot" ante una paciente que expresaba una desesperanza profunda.

A pesar de los constantes reclamos de Clancy por efectos secundarios y un estado emocional en picada, Tufts defendió su accionar en el estrado: "Hablar con ella por videollamada no me pareció un problema. No sentí que me estuviera perdiendo nada", aseguró, argumentando que la paciente jamás le manifestó abiertamente intenciones de hacerle daño a los niños.

Mató a sus tres hijos y descubren que su psiquiatra la atendía por videollamadas de 25 minutos: el caso que expone la crisis de salud mental en EE. UU.

Alertas sistemáticas y un sistema que no respondió

El testimonio de Rebecca Jollotta, enfermera especializada en psiquiatría, terminó de ilustrar la desconexión del sistema médico. En el tribunal se leyeron mensajes enviados por Clancy en diciembre de 2022 a través de una aplicación médica: "Me siento terriblemente insensible ahora mismo... Siento que voy a morir y no me importa. ¿Qué hago al respecto?".

Pese a la gravedad de la declaración, la profesional admitió haber catalogado el mensaje como un síntoma común de depresión y anhedonia (incapacidad de sentir placer), limitándose a enviar enlaces con números de asistencia para crisis en lugar de ordenar una evaluación de urgencia.

Las pruebas presentadas confirman que Clancy no ignoró su estado: pidió ayuda de forma reiterada, acudió a urgencias, se internó voluntariamente durante días en un centro psiquiátrico, probó múltiples esquemas de medicación y buscó ingresar sin éxito a programas de hospitalización de día completo para madres con problemas posparto. Nada de esto detuvo la escalada mental que terminó en tragedia.

Premeditación vs. Inimputabilidad

Por su parte, la fiscalía -liderada por la fiscal adjunta Jennifer Sprague- insiste en que el caso no debe convertirse en "un debate público sobre la salud mental de las mujeres y el sistema médico". La parte acusadora sostiene que Clancy esperó deliberadamente a que su esposo saliera a hacer compras para ejecutar el crimen de los tres menores.

El jurado deberá definir en los próximos días si declara a Lindsay Clancy culpable de asesinato en primer grado -con una condena automática a cadena perpetua sin libertad condicional- o si la declara no responsable penalmente por incapacidad psiquiátrica, lo que derivaría en su internación indefinida en un hospital estatal.

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