Santa Fe

Apareció un aguará guazú en Santa Fe y reavivó la importancia de proteger la especie

Mientras un avistamiento silvestre fascinó a los vecinos en Santa Fe, el hallazgo de otro ejemplar en Entre Ríos sirve de ejemplo para entender el proceso de rehabilitación y devolución a la naturaleza.

El cánido más grande de Sudamérica vuelve a ser noticia en el Litoral argentino por partida doble. La presencia del aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), una especie amenazada y declarada Monumento Natural en diversas provincias, sorprendió recientemente a pobladores rurales tanto en Santa Fe como en Entre Ríos, visibilizando la importancia de conservar sus ecosistemas.

En la localidad santafesina de La Criolla, un vecino logró filmar a un majestuoso ejemplar caminando en estado silvestre en las inmediaciones del camino a la Laguna del Platero. El registro audiovisual captó en todo su esplendor las largas extremidades y el andar pausado que caracterizan a este mamífero emblemático.

De "perro grande" a un rescate histórico

Paralelamente, en Entre Ríos tuvo lugar un operativo de conservación clave. La alerta comenzó en la Segunda Sección Chacras de Gualeguay, cuando residentes avisaron sobre la presencia de lo que creían que era un "perro grande" desorientado en un terreno baldío.

Al llegar al sitio, efectivos de la Brigada de Prevención de Delitos Rurales de la Policía constataron que se trataba de un aguará guazú macho. Tras la rápida intervención de un médico veterinario policial que logró sedar y capturar al animal de forma segura, el ejemplar fue trasladado a la Reserva El Potrero, en Gualeguaychú.

Tecnología y monitoreo para el retorno a la libertad

En el centro de preservación, el ejemplar fue recibido por la veterinaria Myriam Vinocur y el equipo técnico. Tras superar los efectos de la anestesia y el estrés de la captura, fue trasladado a un recinto de presuelta de unas tres hectáreas de ambiente natural delimitado.

"Se encuentra muy bien, camina y se alimenta con suplementación de carnes y presas naturales presentes en el predio", detalló Ladislao Foldesi, integrante del equipo de monitoreo de El Potrero.

Para asegurar una reintegración exitosa a la vida salvaje y reducir al mínimo el contacto humano, el seguimiento se realiza mediante drones convencionales, cámaras térmicas e infrarrojas y cámaras trampa.

El objetivo final del equipo de conservación es liberar al animal en su hábitat con un collar de seguimiento satelital. Esta herramienta científica permitirá obtener datos fundamentales sobre el uso del espacio, patrones de desplazamiento -recordando que esta especie puede recorrer entre 50 y 70 kilómetros diarios- y hábitos alimenticios, aportando información clave para proteger a la especie en la región.

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