El riesgo es Milei: el riesgo país subió más de 60% desde julio y la economía enciende nuevas alarmas
La suba de tasas en Estados Unidos golpeó a toda la región, pero no a todos por igual: Brasil bajó, Chile y Perú se movieron poco y Argentina quedó en el pelotón de los castigados, junto a Bolivia y Ecuador. Esa fragilidad no la dejó el kirchnerismo: es el resultado que exhibe el programa económico de Javier Milei y Luis Caputo después de casi tres años. En el mismo mes, la actividad, el consumo y la inversión retrocedieron, la pobreza volvió a subir y parte del empresariado empezó a mirar a Patricia Bullrich.
El riesgo país argentino llegó a 650 puntos durante la jornada del viernes 2 de octubre y cerró en 636, el nivel más alto desde diciembre de 2025. Frente a los 402 puntos del 10 de julio, el aumento es del 61,7% en 84 días. El indicador mide el rendimiento adicional que los inversores exigen a los bonos argentinos respecto de los estadounidenses: cuanto más alto, más caro resulta conseguir financiamiento.
Conviene decir de entrada lo que el dato tiene de incómodo para cualquier lectura, incluida esta. Los 402 puntos de julio fueron el mínimo de la gestión Milei y el nivel más bajo desde 2018. Y hace exactamente un año, el 2 de octubre de 2025, el indicador rondaba los 1.264 puntos: el doble del registro actual. Nada de esto es un récord negativo de esta administración. Pero ahí está, justamente, el punto. Lo que se perdió en 84 días es el logro que el Gobierno más exhibía. El mínimo en ocho años no se lo quitó una oposición que no gobierna: se evaporó mientras gobierna él.
Un shock para todos, un castigo para algunos
La explicación de que todo responde al escenario internacional es cierta a medias, y la mitad que falta es la que importa. La suba de tasas en Estados Unidos golpeó a los bonos de los países de mayor rendimiento, pero el golpe no fue parejo. Durante septiembre, según el relevamiento del EMBI latinoamericano, Brasil bajó 1,7%, Perú subió 6,6%, México 8,7% y Chile 10,3%. Argentina subió 17,9%, en el mismo rango que Ecuador (19%), Colombia (19,6%), Uruguay (20%) y Bolivia (22%).
Es decir: el contexto internacional explica cuándo pasó, no por qué le pegó a la Argentina con esa intensidad. Ningún movimiento de la Reserva Federal explica por sí solo por qué un país queda del lado de Bolivia y no del lado de Brasil.
La distancia se ve mejor comparando niveles de una misma fecha. Al cierre de septiembre, Argentina registraba 606 puntos, frente a 226 de Colombia, 213 de México, 171 de Brasil y 78 de Uruguay. Son aproximadamente 2,7 veces el riesgo colombiano, 2,8 veces el mexicano, 3,5 veces el brasileño y 7,8 veces el uruguayo. Después de casi tres años de superávit fiscal, superávit comercial y desinflación, la Argentina sigue pagando una prima que ninguno de esos países paga. Atribuirlo al eventual regreso del kirchnerismo no alcanza: Brasil tiene su propia política y no paga ese precio. La vulnerabilidad tiene nombres concretos, y son los pendientes del programa: la lentitud en la acumulación de reservas, las dudas sobre cómo se financian los próximos vencimientos y una economía que dejó de crecer. Nada de eso lo decide un adversario.
Las alarmas que encendió el propio INDEC
El Estimador Mensual de Actividad Económica cayó 2,9% en julio respecto de junio, en la medición desestacionalizada: la mayor baja mensual en seis años. Frente a julio de 2025 retrocedió 1,4%. El acumulado de enero a julio todavía muestra un crecimiento de 1,7%, pero la caída interrumpió la recuperación. Informes privados ya estiman en 82% la probabilidad de entrar en fase recesiva; el Gobierno sostiene que se trata de factores transitorios.
El Producto Interno Bruto del segundo trimestre cayó 0,6% respecto del trimestre anterior, aunque quedó 2% por encima del mismo período de 2025. Adentro de ese resultado, el consumo privado bajó 2,4% y el consumo público 2,3%. La inversión cayó 0,8% en el trimestre y acumula un desplome de 11,1% interanual. Son los dos motores de cualquier recuperación sostenida: lo que gastan los hogares y lo que las empresas suman a su capacidad productiva. Un solo trimestre negativo no alcanza para hablar de recesión técnica, pero la inversión no se derrumba 11% en un año por incertidumbre electoral.
El consumo cotidiano tampoco repunta. Las ventas de supermercados, medidas a precios constantes, cayeron 2,1% interanual en julio y acumulan una baja de 2,7% en los primeros siete meses. Es un indicador sectorial, no una medición de todo el consumo, pero habla directo del presupuesto familiar.
En el mercado de trabajo, la desocupación fue del 7,9% en el segundo trimestre, una de las más altas desde la pandemia, y la informalidad alcanzó al 45% de las personas ocupadas. La diferencia del desempleo respecto de un año atrás no fue estadísticamente significativa; el nivel de precariedad, en cambio, no se movió.
La pobreza alcanzó al 32,3% de las personas relevadas en los 31 aglomerados urbanos de la Encuesta Permanente de Hogares durante el primer semestre de 2026, frente al 28,2% del segundo semestre de 2025: 4,1 puntos porcentuales más. Dentro del universo efectivamente medido son unos 9,7 millones de personas (otros medios publican 15,5 millones porque proyectan el resultado al total del país, algo que el INDEC no hace). Frente al primer semestre de 2025, cuando había sido 31,6%, la variación no resultó estadísticamente significativa. El deterioro es respecto del semestre inmediato anterior, y es real.
Hay resultados favorables que forman parte del mismo cuadro. La inflación de agosto fue 1,7% mensual, con 21,3% acumulado en el año y 33,5% interanual. La balanza comercial cerró con un superávit de 2.187 millones de dólares y encadenó 33 meses en positivo, con un aporte decisivo del sector energético. Pero una inflación más baja significa que los precios suben más despacio, no que bajen. Y un superávit comercial empujado por energía no se traduce automáticamente en ingresos, empleo ni consumo.
Cuando defender el modelo deja de ser defender a Milei
En ese escenario apareció una discusión incómoda para la Casa Rosada. Patricia Bullrich la alimentó el 1 de octubre, en el Coloquio de IDEA, al que Milei no asistió. Consultada sobre 2027, respondió que lo importante es que el proyecto avance y que no sabe en qué lugar la va a encontrar. También reclamó acelerar los resultados para que las reformas lleguen a la economía familiar. No anunció una candidatura, pero no cerró ninguna puerta.
La cobertura del encuentro coincidió en la lectura. Letra P tituló que el círculo rojo se entusiasma con un plan B que no rompa el modelo. Perfil escribió que Bullrich se perfila como la candidata del círculo rojo. La Política Online señaló que aprovechó la ausencia del Presidente para mostrarse como alternativa electoral. Lo documentado es el interés de un sector del empresariado, no una decisión colectiva de abandonar a Milei, que sigue siendo la primera opción para la mayoría de esos ejecutivos. Pero la conversación existe, y revela algo: defender el programa y defender al Presidente empezaron a ser dos cosas distintas.
El debate ya había llegado a la Casa Rosada el 22 de septiembre, cuando el vocero presidencial Adrián Ravier fue consultado por un eventual mileísmo sin Milei e insistió en que la administración trabaja para la reelección.
Esa es la medida real del riesgo. No el que podría volver, sino el que ya se está pagando: una economía que dejó de crecer, una inversión que se derrumba, una prima de riesgo que triplica la de Brasil y un sector del poder económico que empezó a preguntarse si el programa necesita a quien lo conduce. El Gobierno se adjudicó cada punto que bajó el riesgo país cuando bajaba. Ahora que subió 62% en tres meses, la explicación no puede ser que la culpa es de los que no gobiernan.








