Un año por delante para definir el futuro del país
Análisis de Saúl Gherscovici
Este domingo estaremos exactamente a un año de las elecciones presidenciales del 2027. Se estará desarrollando la trascendente e influyente segunda vuelta en Brasil y faltarán escasos días para las intermedias en Estados Unidos, donde el martes Donald Trump pone todo en juego.
Los dos comicios tienen importancia para Argentina. El primero porque su resultado influirá en el ánimo y definirá la suerte de nuestro principal socio comercial. Y el del martes porque las chances electorales de Javier Milei, que pueden reducirse si Lula se alza con la victoria, quedarán muy dañadas si su protector y sostén, Donald Trump, colapsa, como están marcando la casi totalidad de las encuestas y la sensibilidad térmica y del pueblo estadounidense, que salió a protestar en las calles como casi nunca antes, por más que la mayoría de los medios no lo muestre.
Conciente de esta situación, el presidente redobló su sobreactuación de líder de la derecha mundial y volvió a atacar a Lula da Silva y a congraciarse de todas las maneras genuflexas posibles con Trump y su proyecto de imponer un modelo de expoliación de derechos ciudadanos, recursos y soberanías. Para ello emprendió nuevos viajes, en los que nuevamente generó tensiones diplomáticas, no solo no realizó actividad institucional alguna, sino que actuó de monigote en algunos actos organizados por la derecha española que, de manera muy tímida, ya empieza a verlo con un poco de vergüenza.
Crueldad extrema
Como ya lo había hecho en Neuquén y antes en algunas de las "entrevistas" que suele otorgar a los conductores de espacios periodísticos que no preguntan y mucho menos repreguntan, el presidente volvió a pelearse con la realidad y a ignorar el sufrimiento que ocasiona su modelo económico. Así denostó las estadísticas que reflejan lo que se vive en la mayoría de los hogares de la Argentina, donde no se llega ni al día 20 y se endeudan para completar el resto de los días y quedar atrapados, con los intereses de tarjetas, bancos y billeteras virtuales, de manera permanente.
Reiterando su crueldad y escaso criterio de asociación, el presidente sigue sosteniendo (no sabemos si convencido o intentando convencer) que toda esa realidad es falsa. Para ello, con una cara cada vez más dura, hinchada y desconfigurada, pregunta con aires de inteligencia: "¿Quién puede estar 10 días sin comer ni beber?". Además de generar rechazo y violencia con esa negación, sigue sorprendiendo como un economista, que se presume exitoso y gana tantos premios y distinciones, no pueda relacionar dos hechos lineales, que son el poco poder adquisitivo de los sueldos y el consecuente endeudamiento.
Sucede que, en su rara mente y como ya lo ha expresado, Milei cree y sostiene que, ante la explotación, la gente tiene toda la libertad para elegir morirse de hambre, pero no comprende ni acepta que también tenga la libertad de resistir y buscar alternativas para no sucumbir. Por ahora la mayoría, opta por endeudarse para seguir adelante, aun siendo conciente que el eudeudamiento crecerá todos los meses de manera exponencial, en función de los intereses usurarios de tarjetas, bancos y billeteras virtuales.
Para frenar la segunda instancia de libertad, que es la de defender los derechos en la calle y en protesta, el gobierno de Milei implementó desde el arranque de gestión y sigue sosteniendo el plan de represión diseñado y ejecutado por Patricia Bullrich, que ahora continúa su sucesora Alejandra Monteoliva y en el que también colabora la policía de Jorge Macri, especializada en perseguir manifestante pero sobre todo vendedores ambulantes.
Tapar la realidad sin quorum o con manos aliadas
Con esa manera cruel y psicópata, Milei sigue intentando construir y sostener de manera enfermiza un relato por sobre la realidad, que cada vez es más acuciante para los argentinos, que ya en un alto porcentaje se arrepintió de haber "votado al loco", y ya no se come más, a tres años del inicio de este gobierno que venía a llevarse puesta a la casta, el discurso de que todo es culpa de "los kukas, zurdos, empobrecedores".
El problema es que, pese a todo este panorama y despojo y aún en este estado de debilidad, Milei sigue imponiendo sus deseos en el Congreso de la Nación. El jueves 15, con el apoyo de los gobernadores, impidió que la oposición pueda sesionar para derogar el DNU 70 e insistir con el financiamiento universitario y demás. Ayer impidió que se hable de la eliminación del plan remediar, la emergencia pediátrica y otras cuestiones tan necesarias como urgentes. Horas después, la mayoría también bloqueó que se trate el proyecto para atender el endeudamiento familiar e intentaron taparlo con un proyecto de educación financiera, con el que buscaban responsabilizar a los deudores de las consecuencias de su brutal plan de ajuste social y económico que está destruyendo (sino la destruyó ya) a la industria, el comercio, el empleo y a la clase media argentina.
Al margen de lo que suceda en Brasil y Estados Unidos, este año que nos falta para las elecciones del 2027 es un buen tiempo para que todos, con tiempo, comencemos a definir qué vamos a hacer el año que viene, a qué modelo y a quién le pondremos el voto. Este análisis y decisión pensada y sentida será bueno para que, viendo lo que nos pasó, muchos no vuelvan a votar por odio y tentados por un discurso tan engañoso como nocivo en el que, con esto de ir contra la casta que tenía miedo, se escondieron las verdaderas intenciones de entrega, destrucción e imposición de un modelo que solo se sostiene con relato fabulesco, represión y pérdida de derechos, garantías, sacrificios y sueños.
Tenemos un año, en definitiva, para decidir si queremos seguir en Mileilandia o volver a una República, democrática, federal, representativa y progresista.






