Santiago del Estero: femicida contó con total frialdad cómo mato a su sobrina por venganza

El joven manifestó que cuando aún era un niño, la madre de la víctima lo había acusado de haber cometido un robo y por ello sus padres lo expulsaron de su casa.

Rubén Oscar Ávila, el femicida de Priscila Alejandra Martínez de 15 años, finalmente declaró en Santiago del Estero pese a que su abogada defensora, Cecilia Pinto, le pidió que guardara silencio. Durante 45 minutos habló.

Contó que sacó a la adolescente de su casa el día lunes 24 de marzo, minutos antes de las 17. La subió en su motocicleta y la llevó a su casa en Catamarca y Larraburre, a tres cuadras de la casa de la madre de Priscila. Allí la hizo ingresar a su habitación y le pidió que le cosiera un pantalón.

Siempre en función del relato del femicida, mientras ella estaba en su dormitorio él salió a buscar hilo. Cuando regresó, recordó momentos traumáticos de su niñez cuando la madre de Priscila lo acusó de haber cometido un robo y sus padres lo expulsaron de la casa por ello.

Ávila, según dijo, vivió un momento de ira y se volvió en contra de la menor. Al verla sentada en la cama la empujó. Ella se levantó, él nuevamente la agredió y le hizo golpear la cabeza contra la pared.

La adolescente comenzó a gritar y amenazó con denunciarlo. Entonces él la tomó de los brazos y la empujó sobre la cama. Dijo que allí la comenzó a ahorcar, que desde la cama la tiró al suelo y continuó presionando con sus manos el cuello de la víctima. La menor trató de defenderse, pero la fuerza del hombre pudo más. Ávila precisó que Priscila estaba de costado, en el suelo, inconsciente, y que él continuó asfixiándola con sus manos. Reveló que una vez que la mató, tapó el cuerpo con una bolsa y con total frialdad se trasladó hasta la casa de la familia de Priscila. Allí tomó mate con la madre y las tías de la víctima.

Horas más tarde regresó a su casa. Movió el cuerpo y lo puso debajo de la cama. Su vida siguió como si nada pasara. Contó que fue a trabajar y que el día miércoles 26 por la mañana cavó el pozo, la desnudó y la enterró. Dijo que las excavaciones las hizo en dos partes ya que sus tíos merodeaban su habitación y él no quería ser descubierto. Una vez que tapó el cadáver se fue a trabajar. Ese día cobró su salario.

El día viernes 28 sacó la ropa de la menor, que aún no había sido ubicada. Colocó las prendas en una bolsa y las llevó hasta una acequia de calle Tucumán, en el barrio Los Lagos. Allí se deshizo de ellas.

Al día siguiente, 29, se levantó y fue a su trabajo. Compró dos bolsas de cemento. El día domingo 1 de marzo realizó el contrapiso con la ayuda de un albañil de apellido Gutiérrez al cual despegó del caso.

Fuente: El Tribuno

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