Chubut

Chubut transforma sus tulipanes en un espumante único: lo elaboran en El Hoyo con flores de Trevelin

El enólogo Darío González Maldonado desarrolló una bebida fermentada con pétalos de tulipán rojo cultivados en la cordillera chubutense. La producción se realiza mediante una segunda fermentación en botella y será presentada durante la próxima temporada de floración.

Los tulipanes que cada primavera convierten a Trevelin en uno de los paisajes más fotografiados de la Patagonia ahora también serán la materia prima de una bebida inédita. El ingeniero agrónomo y enólogo Darío González Maldonado trabaja en la elaboración de un espumante producido con pétalos de tulipán rojo, cuya presentación oficial está prevista para la próxima temporada de floración.

El proyecto une dos localidades de la cordillera chubutense. Las flores provienen del tradicional Campo de Tulipanes de Trevelin, mientras que la elaboración se realiza en la bodega Ayestarán Allard, ubicada en El Hoyo. De esta manera, la iniciativa transforma uno de los principales atractivos turísticos de Chubut en un producto con identidad regional y potencial valor gastronómico.

González Maldonado sostiene que se trata del primer espumante elaborado a partir de pétalos de tulipán. Sin embargo, esa condición de "primero del mundo" surge de la información aportada por su propio creador y no cuenta, hasta el momento, con una certificación internacional independiente que permita comprobar que nunca existió una experiencia similar.

Del campo de flores a la botella

El proceso comienza con la recolección de las cabezas de los tulipanes. Los pétalos atraviesan una deshidratación parcial y luego son revisados uno por uno para eliminar tallos, partes verdes y cualquier material no deseado.

Posteriormente se realiza una maceración para extraer aromas, color y compuestos de la flor. Sobre ese líquido se corrigen los niveles de azúcar y acidez antes de iniciar una primera fermentación, con la que se obtiene la bebida base.

El paso siguiente reproduce el método tradicional utilizado para algunos vinos espumosos: el líquido vuelve a fermentar dentro de la botella, donde se genera naturalmente el gas carbónico que formará las burbujas.

Una vez finalizada esa segunda fermentación, las botellas son colocadas en pupitres inclinados para que los restos de levaduras se desplacen lentamente hacia el cuello. El proceso concluye con el degüelle: se congela el pico, se retira el depósito acumulado y luego se coloca el corcho y el bozal.

Según explicó el enólogo, no se agrega licor de expedición al final del proceso, por lo que la intención es obtener una bebida seca, cercana a los estilos brut nature o nature.

Un proyecto con identidad chubutense

Más allá de la curiosidad del producto, la experiencia introduce una nueva posibilidad para la economía regional: aprovechar una producción asociada principalmente al turismo y convertirla en una bebida con mayor valor agregado.

El Campo de Tulipanes de Trevelin llegó a reunir alrededor de 2,8 millones de flores distribuidas en unas tres hectáreas. Originalmente, la actividad estaba orientada a la producción de bulbos, pero con el paso de los años el establecimiento se transformó en uno de los grandes atractivos turísticos de la cordillera.

La temporada dura apenas unas semanas y concentra visitantes durante octubre y comienzos de noviembre. Ese carácter estacional obliga a pensar nuevas formas de extender el valor económico de las flores más allá del período en que permanecen abiertas al público.

El espumante aparece así como una forma de convertir una imagen emblemática de Trevelin en un producto que pueda conservarse, comercializarse y representar a la región durante todo el año.

El proyecto también fortalece un corredor productivo entre Trevelin y El Hoyo: una localidad aporta una flor reconocida nacionalmente y la otra, la experiencia vitivinícola y las instalaciones necesarias para su transformación.


El Hoyo y una tradición vitivinícola en crecimiento

La elaboración se realiza en la bodega de la familia Ayestarán Allard, un establecimiento que ya cuenta con antecedentes en la producción de vinos de clima frío. Dos de sus etiquetas fueron distinguidas en 2020 en el concurso internacional USA Wine Ratings, realizado en California y con participación de productos de distintos países.

El desarrollo del espumante de tulipanes no constituye la primera experiencia de González Maldonado con materias primas diferentes de la uva. Durante su trayectoria también trabajó en bebidas elaboradas con manzana y frambuesa, además de asesorar proyectos vitivinícolas en Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

El profesional llegó a El Hoyo en el año 2000 y desde entonces se especializó en las condiciones de la vitivinicultura patagónica: bajas temperaturas, temporadas cortas, riesgo de heladas y grandes diferencias térmicas entre el día y la noche.

Esas condiciones dificultan la producción, pero también permiten obtener perfiles aromáticos y niveles de acidez que distinguen a los vinos elaborados en regiones frías.


De atractivo turístico a producto regional

La apuesta llega en un momento de creciente reconocimiento para Trevelin. La localidad fue incorporada al programa de mejora de Best Tourism Villages de ONU Turismo en 2022 y posteriormente recibió el reconocimiento internacional en la edición 2024. La distinción valora a comunidades rurales que preservan su patrimonio natural y cultural y utilizan el turismo como herramienta de desarrollo local.

En ese contexto, el espumante puede convertirse en algo más que una novedad comercial. También podría incorporarse a experiencias gastronómicas, degustaciones y circuitos turísticos vinculados con el campo de tulipanes, las bodegas cordilleranas, las frutas finas y los productos artesanales.

La presentación oficial está prevista para el Día de la Madre en el Campo de Tulipanes de Trevelin. Hasta entonces continuarán las etapas de fermentación, reposo y evolución en botella.

El desafío posterior será avanzar con su habilitación comercial, definir su escala de producción y determinar si la experiencia puede sostenerse más allá de una primera partida limitada.

Por ahora, la propuesta ya consiguió algo poco habitual: unir en una misma botella dos símbolos productivos de la cordillera chubutense, las flores de Trevelin y la elaboración artesanal de El Hoyo.

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