Los "Petro-Ubers", una alternativa que crece en medio de la crisis
Los trabajadores petroleros sufren los vaivenes de la industria. La crisis golpea fuerte y las deudas se acumulan. La manera de sobrevivir es agarrar el auto y salir en los tiempos libres. El descanso cotiza más que el Brent.
El ir y venir de camionetas y colectivos de las empresas petroleras dejó de ser parte del paisaje habitual de Comodoro Rivadavia. Durante años fue una postal cotidiana en una ciudad que respiraba petróleo. Hoy esa imagen se volvió cada vez más escasa. La reestructuración de la industria golpeó con fuerza a la comunidad y transformó la vida en el barrio Industrial, donde los despidos, el cierre de pymes y la salida de grandes operadoras dejaron una marca que todavía cuesta borrar.
Quienes conservaron sus puestos tampoco salieron ilesos. Muchos lograron esquivar los telegramas de despido o rechazaron los retiros voluntarios, pero vieron cómo sus ingresos perdían poder de compra o quedaron atrapados en deudas que arrastran desde la pandemia. La cuarentena redujo salarios, obligó a miles de familias a reorganizar sus gastos y empujó a muchos trabajadores a buscar una segunda fuente de ingresos para llegar a fin de mes.
Fue en ese contexto, hacia fines de 2021, cuando empezó a escucharse un término que con el tiempo se volvió habitual entre los petroleros de Comodoro: los "Petro-Ubers". Así bautizaron, casi con ironía, a los operarios que, después de cumplir su jornada en los yacimientos o en las bases operativas, encendían una aplicación de transporte de pasajeros para sumar algunos pesos más.
"Yo empecé cuando Uber no lo usaba casi nadie. El sueldo había bajado mucho y necesitaba encontrar la forma de pagar la luz. La plata no alcanzaba y las deudas seguían llegando", cuenta Roberto, nombre ficticio elegido para preservar su identidad por temor a tener problemas en la empresa donde trabaja. Su historia fue reconstruida en diálogo con ABCDiario.
Lo que comenzó como una salida individual terminó convirtiéndose en una realidad compartida por decenas de trabajadores de la Cuenca del Golfo San Jorge. La aplicación pasó de ser un ingreso complementario a transformarse, para muchos, en una pieza indispensable de la economía familiar.
"A fines de 2021 éramos pocos los que manejábamos. No estaba de moda usar la aplicación y se podía ganar bien. Con un par de horas ya cubría lo que me faltaba del sueldo. Ahora cambió todo. La gente que perdió el trabajo también salió a manejar y hay demasiados autos para la cantidad de viajes que aparecen", resume.
Descansar dejó de ser una opción
Para Roberto, manejar después del trabajo nunca fue una elección cómoda. Lo hace porque siente que no tiene otra alternativa. Su rutina se estira mucho más allá de la jornada laboral y el descanso quedó relegado a un segundo plano.
Cuando termina su turno, llega a su casa, se lava la cara, toma un té y vuelve a salir. Maneja dos o tres horas durante la semana y reserva las noches del viernes y del sábado para el horario más intenso: el de los boliches. Es el momento en que más viajes aparecen, pero también cuando aumentan el cansancio y los riesgos de pasar tantas horas al volante.
"Cuando llego a casa me lavo la cara, me tomo un té y salgo de nuevo. Manejo hasta las diez de la noche, vuelvo, duermo un rato y a las seis ya estoy levantado para ir a la empresa. El viernes y el sábado son los días fuertes porque es cuando más se mueve la gente. El domingo prácticamente no existo. Me la paso durmiendo para arrancar otra vez el lunes. No queda otra", dice.
Su relato refleja una situación que ya excede al sector petrolero. Cada vez son más los trabajadores registrados que buscan ingresos adicionales para compensar la pérdida del poder adquisitivo. El empleo formal ya no garantiza llegar con tranquilidad a fin de mes y muchos encuentran en las aplicaciones una salida inmediata, aunque eso implique resignar horas de descanso, tiempo con la familia o simplemente la posibilidad de desconectarse del trabajo.
Un auto que consuma poco para que las cuentas cierren
Cuando decidió empezar a manejar, Roberto entendió rápido que no alcanzaba con prender la aplicación. Si quería que el esfuerzo realmente le dejara un ingreso extra, necesitaba un vehículo económico y confiable. Cada litro de combustible, cada reparación y cada kilómetro recorrido podían hacer la diferencia entre ganar dinero o trabajar casi sin margen.
"La gente sale a manejar con lo que tiene porque no sobra un peso. Yo vendí el auto que tenía y terminé comprando dos: uno para trabajar y otro para uso personal. Parece una locura, pero si usaba el mismo para todo, las cuentas no cerraban. Era la única manera de que rindiera", explica.
Con los años también cambió el perfil de quienes manejan. Ya no se trata solamente de personas que viven exclusivamente de las aplicaciones. En las calles de Comodoro es cada vez más común cruzarse con trabajadores que terminan su jornada laboral y encienden Uber para completar el ingreso del mes.
"Hoy ves camionetas Hilux cero kilómetro, todavía con los nylons de la concesionaria, haciendo Uber porque falta plata. El tema es que si salís con un vehículo que consume mucho combustible, perdés plata. Antes el negocio era distinto; hoy tenés que sacar cuentas todo el tiempo", sostiene.
La mayor cantidad de conductores modificó por completo la dinámica del trabajo. Donde antes había pocos autos disponibles y los viajes aparecían con frecuencia, hoy la competencia es mucho más intensa y las tarifas quedaron muy por debajo de lo que muchos recuerdan.
Roberto pone un ejemplo concreto. Hace apenas tres años, un viaje entre el barrio Pueyrredón y la Universidad Nacional de la Patagonia podía costar cerca de 20.000 pesos. Hoy ese mismo recorrido ronda los 7.000. La diferencia obliga a permanecer muchas más horas detrás del volante para obtener un ingreso similar.
"Antes manejaba tres horas un sábado y me iba contento a casa. Ahora tengo que estar prácticamente toda la noche para hacer la misma plata. Hay gente que prende la aplicación y pasa doce horas manejando para llevar algo digno a la casa. Ya no somos solamente los petroleros. Ves gente de Comercio, de la UOCRA, de Camioneros. Hasta choferes de Patagonia están manejando porque el sueldo no alcanza", relata.
La escena se repite cada noche en distintos puntos de la ciudad. Los autos esperan un viaje frente a los locales gastronómicos, recorren el Centro o se quedan cerca de los boliches durante la madrugada. Detrás de cada volante hay historias diferentes, pero casi todas parten del mismo lugar: un salario que perdió capacidad para sostener el nivel de vida que durante años caracterizó a Comodoro Rivadavia.
Roberto no sabe cuánto tiempo más podrá sostener ese ritmo. Tampoco tiene una alternativa mejor. Mientras las cuentas sigan llegando y el sueldo no alcance, seguirá haciendo lo mismo que hace desde hace casi cinco años: terminar una jornada en la industria petrolera y empezar otra arriba del auto. Descansar, por ahora, cotiza más que el barril de crudo.

