Alerta mundial por el hantavirus: buscan a 23 pasajeros desaparecidos del crucero
La OMS rastrea a contrarreloj a los viajeros que desembarcaron en una escala intermedia y regresaron a sus países sin controles, mientras el brote ya suma tres muertos y un caso sospechoso en Suiza
La comunidad sanitaria internacional se encuentra en un estado de máxima alerta, no solo por las muertes confirmadas a bordo del crucero MV Hondius, sino por un vacío epidemiológico que amenaza con extender el brote a escala global. Mientras el buque antártico navega hacia las costas de Tenerife, los ojos de la Organización Mundial de la Salud están puestos en 23 personas que ya no están en el barco. Estos pasajeros descendieron en una escala en la remota isla de Santa Elena y, según testimonios internos, se encuentran "dando vueltas por el mundo" sin haber pasado ningún tipo de control o cuarentena, convirtiéndose en potenciales vectores de una cepa de hantavirus letal y desconocida.
La gravedad del asunto radica en la naturaleza del patógeno detectado. A diferencia de las variantes comunes transmitidas por roedores, los análisis realizados en Sudáfrica confirman que se trata de la variante Andes, una cepa extremadamente peligrosa con capacidad probada de transmitirse de persona a persona a través de fluidos. La confirmación de que uno de estos pasajeros desaparecidos ya ha sido ingresado en un hospital de Zúrich, Suiza, con síntomas claros de la infección, ha validado los peores miedos de las autoridades: el virus ya ha traspasado las fronteras del océano Atlántico de manera silenciosa.
El crucero, que inició su travesía el 1 de abril en Ushuaia con 149 personas a bordo, se ha transformado en una cápsula de aislamiento móvil que espera atracar este domingo en el puerto de Granadilla de Abona. Allí, un operativo dirigido por la Comisión Europea y el Ministerio de Defensa español coordinará la repatriación de extranjeros y el traslado de los pasajeros españoles a la unidad de aislamiento de alto nivel del Hospital Militar Gómez Ulla en Madrid. Sin embargo, este despliegue de seguridad contrasta con la incertidumbre que rodea a los 23 individuos que regresaron a sus hogares de forma independiente, cuyo paradero exacto y estado de salud siguen siendo, en su mayoría, un misterio para los rastreadores internacionales.
Mientras el Gobierno de España y el ejecutivo canario mantienen un tenso cruce de declaraciones sobre la idoneidad de usar las islas como base de operaciones, la comunidad médica advierte que el periodo de incubación puede llegar a los 45 días. Con una letalidad que puede escalar hasta el 50% en los casos más graves, la carrera actual no es solo por salvar a quienes permanecen en el MV Hondius, sino por cerrar el cerco sobre aquellos que, sin saberlo, podrían estar transportando el virus en vuelos comerciales y ciudades de todo el planeta. La emergencia ya no está confinada a la cubierta de un barco; ahora es un rastro invisible que el mundo intenta seguir a contrarreloj.








