Economía

Combustibles: el precio subió 24% en dólares desde que comenzó el conflicto de Medio Oriente

Mientras crecen las exportaciones de crudo y el ingreso de dólares, los argentinos pagan una de las naftas más caras de la región. Se supera el valor de los surtidores de Brasil y Estados Unidos.

Argentina se convirtió en el país exportador de petróleo de América Latina que más incrementó el precio de los combustibles desde el inicio de las tensiones entre Irán y Estados Unidos. El dato surge de un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) al que tuvo acceso ABCDiario.

Mientras el país atraviesa uno de los mejores momentos de su historia reciente en materia de producción y exportación de hidrocarburos, el valor de la nafta continúa escalando muy por encima de los niveles observados en otras economías petroleras de la región. La paradoja genera crecientes cuestionamientos sobre la política de precios aplicada al sector.

Desde finales de febrero, el precio de la nafta en Argentina aumentó un 24,3% medido en dólares. La cifra coloca al país en el primer lugar de lo que el informe define como la "Copa América del aumento de la Nafta", una clasificación que refleja el fuerte deterioro del poder adquisitivo frente al costo de los combustibles.


Un aumento muy superior al resto de la región

La magnitud de la suba resulta todavía más llamativa cuando se la compara con otros países exportadores de petróleo. Según el relevamiento, Argentina supera por casi diez puntos porcentuales a Ecuador, duplica el incremento registrado en México y multiplica varias veces los aumentos observados en Brasil y Colombia.

Los datos muestran que el precio de los combustibles en Argentina avanzó 24,3%, frente al 14,7% de Ecuador, el 10,7% de México, el 4,9% de Brasil y apenas el 1,9% de Colombia. Se trata de diferencias difíciles de justificar considerando que todos estos países participan activamente del mercado petrolero internacional.

En la práctica, los consumidores argentinos enfrentaron aumentos que sólo fueron superados por algunas naciones importadoras netas de petróleo. El resultado es un encarecimiento acelerado de la movilidad, el transporte y la logística, con efectos que terminan trasladándose a toda la economía.

De acuerdo con el IAG, gran parte de los países implementó mecanismos para amortiguar el impacto de la crisis energética derivada de la guerra en Medio Oriente. Argentina, en cambio, quedó entre las naciones donde el traslado de los costos al surtidor fue más pronunciado.

El informe sostiene además que los argentinos pagan actualmente una nafta más cara que la de Estados Unidos y Brasil, a pesar de que los ingresos de divisas provenientes de las exportaciones petroleras se multiplicaron durante los últimos meses.


Más dólares del petróleo, pero combustibles más caros

Uno de los aspectos más cuestionados por el estudio es la desconexión entre la mejora del negocio petrolero y el precio que enfrentan los consumidores. En abril, el sector registró un saldo positivo de divisas por US$1.983 millones, muy por encima del promedio de US$832 millones observado durante el último año.

Pese a esa fuerte expansión de los ingresos externos, los precios internos siguieron avanzando. Según el reporte, el litro de nafta en Argentina cuesta actualmente un 23% más que en Estados Unidos y un 6% más que en Brasil, dos mercados con estructuras energéticas y escalas de producción significativamente mayores.

Antes del conflicto en Medio Oriente, el litro de nafta súper en Argentina rondaba los US$1,12. Actualmente alcanza los US$1,40. En Brasil pasó de US$1,23 a US$1,31, mientras que en Estados Unidos avanzó de US$1,05 a US$1,14.

La diferencia no sólo impacta sobre el conductor particular. También repercute sobre el costo del transporte de cargas, la distribución de mercaderías y las actividades productivas que dependen del combustible como insumo clave.

El IAG calculó que, desde el inicio del conflicto, el litro de nafta súper acumuló una suba promedio de $388 y la premium de $372. Para un hogar con automóvil, esto representa un gasto adicional cercano a los $38.874 mensuales.

Si se considera que las tensiones internacionales comenzaron hace aproximadamente tres meses, el costo extra acumulado para muchas familias argentinas supera los $116.000. En un contexto de salarios que todavía muestran dificultades para recuperar poder de compra, la cifra adquiere una relevancia significativa.


La carga impositiva vuelve al centro de la discusión

Otro de los factores señalados por el informe es el crecimiento de los impuestos a los combustibles, que ganaron participación dentro del precio final pagado por los consumidores en las estaciones de servicio.

Según el estudio, durante la gestión de Javier Milei los tributos aplicados sobre el litro de nafta aumentaron un 230% en términos reales. Como consecuencia, el peso de estos gravámenes pasó de representar el 8,89% del precio final en noviembre de 2023 al 18,54% en mayo de este año.

La evolución de la carga tributaria reabrió el debate sobre la utilización de esos recursos. Desde el instituto cuestionaron que parte de la recaudación asociada a infraestructura vial e hídrica no estaría siendo ejecutada en los destinos previstos por la legislación vigente.

El informe remarca que la Dirección Nacional de Vialidad debería haber ejecutado alrededor de $1,8 billones financiados con estos recursos, pero habría gastado apenas $0,7 billones. Según esa interpretación, existe una diferencia significativa que termina fortaleciendo las cuentas fiscales mientras se deteriora la infraestructura.

Los datos también muestran que el precio de la nafta aumentó un 59,5% en términos reales desde el cambio de gestión. Incluso descontando la incidencia de los impuestos, la suba habría alcanzado el 41%, una cifra que igualmente refleja un fuerte encarecimiento del combustible.

La consecuencia más visible aparece en el comportamiento de la demanda. El consumo de nafta continúa retrocediendo: durante el primer cuatrimestre del año las ventas de súper cayeron 1,8% respecto de 2025 y 4,3% frente a 2023. Una señal que refleja cómo los aumentos persistentes comienzan a modificar los hábitos de consumo de millones de argentinos.

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