Economía

Mientras las marcas nacionales quiebran, México y Perú se reparten el negocio lácteo argentino

Mientras la industria láctea nacional se desmorona entre quiebras y achiques, capitales mexicanos y peruanos aprovechan el remate para acaparar el mercado. La compra de Lácteos Karina y Lácteos Aurora enciende el debate sobre la alarmante pérdida de soberanía alimentaria

El mapa de la industria láctea argentina ya no se dibuja en las cuencas locales, sino en los despachos de las corporaciones internacionales. Lo que para los manuales financieros se presenta como un "ingreso de inversiones para traer oxígeno", para el entramado productivo nacional es el síntoma de una crisis terminal que obliga a liquidar empresas a precio de saldo.

El modelo económico actual ha golpeado al sector con una combinación letal: caída en picada del consumo interno, aumento desmedido de los costos operativos y una apertura comercial indiscriminada que permite el ingreso de productos más baratos -y de menor calidad- desde los países vecinos. La postal del deterioro es contundente: el histórico gigante SanCor se encuentra en bancarrota con ofertas sobrevolando los restos de su quiebra, Lácteos Verónica atraviesa una situación límite, y la firma Yatasto acaba de entrar en crisis afectando de golpe a casi la mitad de sus trabajadores. En el medio, pequeñas victorias como el alquiler de la planta de La Suipachense para reincorporar a apenas 30 empleados saben a muy poco frente al colapso generalizado.

El zarpazo mexicano ante la sequía propia

En esta geografía debilitada, el grupo mexicano MIYM (Mexicana de Industrias y Marcas) concretó, bajo la más absoluta reserva, la compra de las firmas nacionales Lácteos Karina (Santa Fe) y Lácteos Aurora (Buenos Aires).

La llegada de estos capitales no responde a un espíritu de beneficencia, sino a una pura necesidad estratégica de su propio mercado. México arrastra una sequía devastadora de tres años que desplomó su producción y lo obligó a importar la cifra récord de 450 millones de dólares en lácteos solo en el primer trimestre de 2026. Ante la urgencia de abastecer a sus marcas masivas -como Delité o Tivoli-, la firma norteamericana salió a buscar una de las cuencas lecheras más prometedoras y baratas del mundo: la argentina.

El plan de MIYM expone con claridad que el interés no está puesto en el desarrollo del consumo local, sino en la exportación y la triangulación regional. Según reveló el portal especializado eDairyNews, los inversores apuntan a la producción de leche en polvo y quesos para abastecer a México, aprovechando que las estaciones y los ciclos productivos están invertidos entre ambos países, además de usar la plataforma para expandirse hacia el Mercosur, Chile y Colombia.

Un oligopolio en manos extranjeras

La compra de las firmas Karina y Aurora por parte de los mexicanos es solo el último eslabón de un agresivo proceso de concentración y extranjerización que está dejando las góndolas argentinas en manos de unos pocos jugadores foráneos.

Hace poco tiempo, el Grupo Gloria de Perú dio un golpe de timón al quedarse con el 80% de Saputo Argentina por 630 millones de dólares, absorbiendo marcas emblemáticas de los hogares argentinos como La Paulina, Ricrem y Molfino. Con ese movimiento, el holding peruano se convirtió en el principal procesador de leche de la Argentina. El segundo lugar del podio lo ocupa Mastellone, pero ya no como la empresa nacional de antaño, sino controlada en su totalidad por la alianza transnacional Arcor-Danone.

Detrás de ellos, el pelotón se achica en unas pocas etiquetas como Williner-Ilolay, Punta del Agua, Noal, Adecoagro y la suiza Nestlé. La lechería argentina, atrapada en sus propios vaivenes políticos y asfixiada financieramente, parece haber encontrado su destino: producir materia prima de altísima calidad para que las ganancias y el valor agregado se terminen facturando en el exterior.

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